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lunes, 10 de diciembre de 2012

Sidney Lumet: 12 hombres sin piedad



Si esta es una película de juicios, sin duda es la mejor: porque se juzga a la sociedad; y a cada hombre.


Pulsar sobre otros títulos:

Kubrick: Senderos de gloria





Un poema de Rafael Fombellida (Antología, CIX. Segunda serie)

John Field: Nocturno nº 10

DE PURA SOMBRA LLENO

Gáname por el gusto, dama de lejanía.
Úngeme con tu óleo, lávame con tu soplo.
Hazte toda de barro para unirte a mi escápula.
Baña en bálsamo el pliegue donde nadie me toca
y baja a devorarlo con tu hedionda fisura.
La carne no se basta, quiere luz, la más tinta,
el más enamorado de los encubrimientos.
Deja tu aplomo en mí, tu material abrazo
para que yo, en mi anillo, me ahogue sin protesta.
Es mi cuerpo planicie, contorno que desea
esa facilidad con que desciende tu hora
cuando es madura y alta y está a punto de ser;
es mi cuerpo lugar, por ello no me envisca
tu eclipse mejorado en negrura y quietud.
¿Hasta dónde, en qué plazo arribarías
franca y ardiente a mí, y me darías paso?
¿Cuánto estremecimiento, cuánto pánico
habría de preceder a tu opaco claror,
a tu mudo avenirte con mi conformidad?
Mientras me quede pulso no seré más que ascenso
a ti, sufrida aspiración sin eco.
No seré más que escombro, pormenor,
ascua, medida, brega, trazo en bruto, escasez.
Gáname por el gusto, tráeme tu victoria.
Dime Nadie, y alberga mi cabeza en tu seno.
Mis ojos están vueltos a lo que se separa.
Ocúpame la sombra, pues ya te di mi luz.

                                                   Rafael Fombellida



domingo, 9 de diciembre de 2012

El abrazo placebo

Schubert: La muerte y la doncella

Nuria temía tanto fracasar de nuevo en sus relaciones amorosas que, involuntariamente, había convertido su existencia en una huida de los hombres. No los odiaba: seguía amándolos y soñando con ellos; pero su fracaso le hacía sentirse indigna de ser amada y creía que, en el mejor de los casos, volverían a abandonarla. De modo que, para no sentir dolor, evitaba su causa: el amor. Como tantas otras personas desdichadas, convirtió la excepción en regla y su miedo a fracasar en causa de sus fracasos.

Fue así como fue evitando las relaciones personales y aislándose. Y así fue como encontró en el anonimato de Internet una vida virtual que suplantaba la real. En ese universo los cuerpos no existían y el dolor no podría existir porque no es  igual que te rechacen una mente y un cuerpo sensibles y amorosos, sutiles e inteligentes a los que has amado, que separarse de un millar de palabras, aunque sentidas, frías o tal vez calculadas.

Un día como otro empezó a cartearse con un desconocido, y sus cartas le resultaron tan singulares que, correo tras correo, las palabras iban cobrando vida y parecían hablarle con voz y con presencia. Al leer, la ternura y la pasión agazapadas en Nuria la empujaban a saltar como una tigresa en celo, para ser abrazada y mordida por el puma insurgente del discurso internético. Y muy pronto las fauces amorosas del correo la fueron devorando: se sentía amada, desgarrada en su carne más íntima, erotizada y presa por el fauno creado entre su fantasía y la virtualidad, ya plena realidad, de las palabras. 

Cuando Desconocido, transformada su palabra en razón de su existencia, la citó para encontrarse y conocerse, escucharse y amarse, Nuria se abrazó al ordenador: no permitiría que nadie la abandonara nuevamente. Y continuó abrazando la pantalla. 


viernes, 7 de diciembre de 2012

Beso sin boca


Chopin: Sonata cello y piano
                     

                                              ... Los índigos tremantes ...
                                                                      (J. Cantero)

Está lloviendo púrpura en diciembre,
el añil se diluye por tus ojos,
suena en tu corazón Chopin, y escribo:
de nieve y sombras y de otoños hecha,
te acercas fantasmal y enfebrecida,
llena de truenos y de magias llena,
rosa tu carne y tu presencia azul
como una ausencia errante:
                                                   vienes
con flautas y siringas, eres solo
el hálito, el prodigio, el beso cósmico:
el terciopelo y el coral se bruñen
como epidermis roja de la sangre
en tu boca labial, como dos párpados
latiendo, besamando:
la belleza bisela tu sonrisa,
ámbar y amor diluyes en mi boca
devorada por ti:
                               devoradora
de cuanto llueves sobre mi existencia:
polen de labios, besos de tu boca.


jueves, 6 de diciembre de 2012

La religión escolar

Liszt: Estudio trascendental, 8.

Entonces dijo Naturaleza a Sociedad:


“La única religión académica es la del estudio, y su catecismo empieza así: 

< Yo soy el que aprende; tú eres el que enseña. Aprender porque enseñas es mi primer gran deber; aprender a enseñar para que yo aprenda  a bienvivir es el tuyo. 
Debes enseñarme, y yo debo aprender, que mi voluntad es libre; y que solamente debo frenarla cuando atente contra la voluntad ajena: que soy libre mientras sea responsable de ese derecho. Que nada más puedo utilizar la fuerza de la razón: la que concede el saber. 
Esas son las leyes del aprendizaje: que el conocimiento es la única arma inerme. Y cualquier bandera llamada crucifijo, media luna -o similares iconos eclesiásticos- con los que se pretenda condecorar mi educación ayudará tan solo a que el fanatismo se convierta en una asignatura  que destruya todas las demás. 
En cuanto a la lengua en la que se me transmita esa enseñanza: debe ser la más adecuada para comunicarme con todos los ciudadanos del mundo, no solo de una parte del mundo. Porque vivimos en el mundo, no en una aldea, por muy dignas que sean estas. Hoy todos los humanos somos vecinos. Y vivimos para convivir: para hacer compatibles el yo y el nosotros.>". 

Pero Sociedad continuó  una wert y otra wert contraviniendo el criterio de Naturaleza. Y sobrevino, infierno tras infierno, la hecatombe social.