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viernes, 16 de junio de 2017

El abrazo a los euros

Orff: Fortuna Imperatrix Mundi

(Este cuenticidio pudiera intitularse "Cuánto vale el amor". Y cualquier parecido con la realidad es puro intento de que lo sea).

Tras muchos años de convivencia, Vania le dice a Vanio (en otras ocasiones es Vanio quien se lo dice a Vania) que no va a quedarse a ver cómo muere, y que se marcha a buscar mejor vida. 
     Vanio le dice a Vania (insisto en que en otras ocasiones es Vania quien le dice a Vanio) que claro está que puede irse, pero que pague lo que le corresponde de la vivienda de la que son copropietarios.
     "Ah, no", dice Vania (o Vanio). "Eres tú quien tiene que compensarme económicamente porque te quedas con toda la vivienda para ti solitamente". 
     Vanio (o Vania) contesta que "Ningún juez te negará -si halla causa suficiente- tu derecho a ser egoísta e irte en tiempo de vacas flacas, siempre que ofrezcas una solución y no causes daños de ningún tipo a nadie. ¿No sabes qué es la responsabilidad?".
     Vania (¿O es Vanio?), contumaz y con falta de neuronas, insiste: "¡Me tienes que compensar con tropecientos mil euros!"  
     Vanio (¿Será Vania?), finalmente, y sabiendo que la insensatez es una enfermedad incurable, dice a Vania (o Vanio):
- Esta es la realidad que no quieres aceptar:
     1.- Como eres tú quien incumple y crea el problema, también eres quien debe resolverlo y afrontar las consecuencias; es decir: que mientras no demuestres lo contrario, tú eres copropietaria, cohipotecaria y codeudora (léase también en masculino). 
     2.- En tanto que lo seas, debes pagar cuanto te corresponde (hipoteca, IBI, nuevos catastros, comunidad…)
     3.- Para dejar de hacerlo tendrás que demostrar que no eres copropietaria ni cohipotecaria (masculínese, igualmente).
     4.- Por lo tanto, hasta ahora debes cuanto no has pagado: unos dostropecientos mil euros de cuotas y los daños y perjuicios que has ocasionado y ocasionas a la otra persona a la que dejas sola frente a la deuda.
     5.- Por último: tras ponerte al día, busca una solución satisfactoria para todos, no una imposición tan fuera de lugar como que eres tú la perjudicada y no la perjudicadora (vuelva a masculinizarse): y agradece que yo no te haga pagar compensatoriamente por  aceptar esa solución.