Cyd Charisse y Fred Astaire: Bailando en la ocuridad
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sábado, 23 de marzo de 2013
viernes, 22 de marzo de 2013
POR FIN, la edición de bolsillo.
Henry: Variaciones para una puerta y un suspiro
Finalmente, y por fin, llegaron tinta y papel del ministerio de Internet, solicitados aquí. Los internáuticos lectores no podían esperar más el viaje a las páginas del vellocino de oro, lacustre manuscrito salvado del diluvio de las letras con que -¡Ay!- nos castiga tanto señor feudal aupado entre sus predios.
Por lo tanto, no debo retrasar la edición de bolsillo de los 100 poemas en un blog; y menos ahora que acaban de cumplirse 13 meses del inicio de este blogoviaje. Hay que wert lo que hay que wert en este mundo en el que hay tanto que wert a pesar de Wert.
Por lo tanto, no debo retrasar la edición de bolsillo de los 100 poemas en un blog; y menos ahora que acaban de cumplirse 13 meses del inicio de este blogoviaje. Hay que wert lo que hay que wert en este mundo en el que hay tanto que wert a pesar de Wert.
Cierto que sin ilustraciones y con erratas de linotipistas sahumeriados no es lo mismo. Ni sin tejuelos de oro y madreselvas inspiradas, como los anteriores, ya disputados millonariamente en las subastas incunabilenses (y que el extasiado lector puede inmacular pulsando AQUÍ). También es anacolutense que la tipografía, diseño y otras sublimidades sean de tan escasa calidad que algunas páginas, versos y otras golondrinas parezca que trinan o revuelan.
Tal vez, al menos, el desocupado admirador de estos tesoros agradecerá que la adquisición de su ejemplar sea gratuita, pues no nació la poesía para ser comerciada -ni beberciada-, sino para esplandiar las entrañas.
Y sépase de una vez -dicen algunos publicistas hiperbólogos- que es este uno de los poetísimos libros -y desejemplarizante antologatio- que el maximísimo y abdicante Papa ha escogido como uno de los títulos con los que deleitarse en su papal retiro.
Tal vez, al menos, el desocupado admirador de estos tesoros agradecerá que la adquisición de su ejemplar sea gratuita, pues no nació la poesía para ser comerciada -ni beberciada-, sino para esplandiar las entrañas.
Y sépase de una vez -dicen algunos publicistas hiperbólogos- que es este uno de los poetísimos libros -y desejemplarizante antologatio- que el maximísimo y abdicante Papa ha escogido como uno de los títulos con los que deleitarse en su papal retiro.
Pero dejemos las celestes jerigonzas y pasemos a la sabiduría versátil: (próximamente, casi ya, que aún no han llegado los sellos).
jueves, 21 de marzo de 2013
Tercera Serie: 33 Laconismos
Hay dos clases de autores: los que se venden y los que no tienen precio.
Hay dos clases de lectores: los que leen para enriquecer su existencia y los que leen para olvidarse de sí mismos.
Hay dos clases de críticos: los que no saben leer y los que tampoco saben escribir.
Hay dos clases de críticos: los que no saben leer y los que tampoco saben escribir.
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Somos hijos del pasado; pero el presente es nuestro; por eso somos responsables del futuro.
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Lo más doloroso de la muerte es que nos impide conocer las innumerables cosas que desconocemos de la vida.
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El fracaso escolar no depende tanto de quien estudia como de quien enseña.
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Hemos establecido que todos somos iguales; no obstante, poco o nada ha cambiado para bien en la intimidad, aunque hayamos cambiado de nombre muchos nombres.
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Cuando nos quedamos solos, ¿cuántas veces podemos decir “mi yo está conmigo”? Nuestro espíritu no es más feliz, sino que está más enajenado, más concienciado de que el enajenamiento es un bienestar.
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El que cree crea lo que cree.
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La fe es la ceguera de la razón
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¡Qué doloroso es sentir el escepticismo como única fe!
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El amor es la fe que nos permite creer que algunas personas son héroes o dioses.
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El mejor poema es aquel que consigue la idoneidad entre lo expresable y lo expresado.
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Trata de cantar aunque desees llorar y tendrás la alegría más cerca.
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Tenemos derecho a equivocarnos; y el deber de acertar. No basta decir "lo siento".
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A un hombre puede robársele todo: menos su íntima voluntad.
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La muerte es una cátedra que predica hipérboles sobre la vida.
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El sentido de la vida es buscarle un sentido en vez de dejarse aplastar por el peso de los sinsentidos que acosan la existencia.
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La civilización es, cada vez más, alérgica a la cultura. Y la cultura, un viaje sin retorno a la frivolidad.
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Pierde la dignidad quien se la niega a los demás.
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Hay dos clases de personas: las que tratan de imponer a los demás la imagen que tienen de sí mismas y aquellas que viven con naturalidad y rectitud, despreocupadas de si los otros aciertan o se equivocan al trazar esa imagen. Es decir: las que son y las que fingen ser.
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La civilización es, cada vez más, alérgica a la cultura. Y la cultura, un viaje sin retorno a la frivolidad.
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Pierde la dignidad quien se la niega a los demás.
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Hay dos clases de personas: las que tratan de imponer a los demás la imagen que tienen de sí mismas y aquellas que viven con naturalidad y rectitud, despreocupadas de si los otros aciertan o se equivocan al trazar esa imagen. Es decir: las que son y las que fingen ser.
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La "nueva" poesía es la que envejece con mayor decrepitud: cree que hay que inventar; y sí, hay que renovar: remozar, acrisolar: actualizar la tradición.
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Nos
pasamos media vida queriendo acertar, y la otra media lamentando nuestros
errores.
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Afortunadamente los clásicos siguen leyéndose; y tienen la fortuna de no poder leer las obras actuales.
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Nunca un hombre está más solo frente a sí mismo que cuando intenta hallar su rostro en una página en blanco, con la pluma en la mano.
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Toda antología de coetáneos debe ser más una premisa para extraer conclusiones que un juicio de valor.
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Vive: porque tu muerte no estará contenta cuando llegue si no sabes hablarle de la vida.
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El progreso es el camino que uno se pone a mirar para hacerlo más cómodo que el que ya ha caminado y deben caminar los otros. Celebremos, pues, a quienes asfaltan el futuro.
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Un poema no es grande porque contenga muchos versos entre el primero y el último, sino porque su contenido, por leve que sea, es imprescindible: porque se constituye en huella dactilar del hombre.
Muchos asnos hay en el mundo de las letras; aunque claro está que todos creen ser el caballo ganador.
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Solo en la escritura -en la creación- somos nuestro único demiurgo.
No hay palabra más grande, ni poema más noble, que la vida.
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La ignorancia es creer que lo sabemos todo.
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Toda antología de coetáneos debe ser más una premisa para extraer conclusiones que un juicio de valor.
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Vive: porque tu muerte no estará contenta cuando llegue si no sabes hablarle de la vida.
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El progreso es el camino que uno se pone a mirar para hacerlo más cómodo que el que ya ha caminado y deben caminar los otros. Celebremos, pues, a quienes asfaltan el futuro.
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Un poema no es grande porque contenga muchos versos entre el primero y el último, sino porque su contenido, por leve que sea, es imprescindible: porque se constituye en huella dactilar del hombre.
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Solo en la escritura -en la creación- somos nuestro único demiurgo.
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miércoles, 20 de marzo de 2013
martes, 19 de marzo de 2013
El abrazo insurrecto
Monteverdi: Lamento de la ninfa
Nadia miraba a su padre sentado ante sus libros, cerrando unos, hojeando otros, hasta encontrar la página que había quedado en su mente tal vez hacía décadas. Tenía una memoria prodigiosa y, como en el cuento de Borges que acababa de leer, necesitaría mil vidas para contar la suya.
Nadia contemplaba a su padre mientras escribía. Lo miraba a través de la rendija de la puerta, cuando esta no quedaba cerrada totalmente.
Nadia añoraba un abrazo de su padre, embebecido siempre con su pluma, persiguiendo las palabras exactas que dibujasen el rostro de su mente, la identidad oculta en lo más íntimo.
Nadia anhelaba convertirse en esa pluma creadora para ser moldeada por los dedos que tanto amaba, para sentir el tacto que oprimiese su cuerpo con su amor salaz, si era preciso.
Recordaba la muerte de su madre y cómo, ante tanto dolor, los brazos paternales y su pecho amoroso habían ido llevándose sus lágrimas y convertido aquel regazo masculino en una especie de placenta amante, lujuriosa de un estoicismo y una felicidad cada vez más creciente.
Ahora, convertida en preludio de mujer, su padre no la amaba con su cuerpo, ni anidaba sus besos en su piel, ni la hacía sentir el paraíso del calor de su abrazo.
Allí estaba su padre, con la pluma ante el folio, enamorando libros, olvidando a su pequeña amada soñadora de estrellas.
Nadia empujó la puerta y entró, desnuda y lacrimosa, su cuerpo alabeando y tiritante, en un trémulo intento, y estruendoso, de recobrar al caballero de sus sueños.
lunes, 18 de marzo de 2013
Un poema de José Luis García Herrera (CXXVIII. Antología, II)
Paganini: Sobre un tema de Rossini
ATARDECER EN DUNBAR
Toda mirada hacia atrás es un error de coordenadas.
Toda mirada hacia atrás es un error de coordenadas.
Donde estuvimos no
estamos. Acaso, quizá,
ya no exista nada de lo
que fue camino.
Más allá de la memoria
se alzan
los rasguños del óxido y
el daño de la herrumbre.
Más allá no queda nada
de nosotros. Sopesamos
el valor de las palabras
escritas, la quintaesencia
que ilumina el rostro
anclado en las fotografías,
la sombra que teje
alaridos de nieve en nuestra boca.
En todos los espejos
alguien nos recuerda
que somos parte de un
pasado, de una crónica
a la que pertenecemos
como héroes
de un tiempo que
continúa la rueda, la inercia
de ir sumando días en
los muros de la nada.
Porque nada somos más
allá del camino,
de unas cifras que
cierran un círculo y un nombre
que se pierde en la
orilla de un océano gélido
como un estallido de luz
que cruza dos vacíos.
Hoy, atravesando el
fuego lento
del atardecer sobre las
calles de Dunbar,
soy un fantasma que
avanza hacia la noche
hasta retroceder al
silencio del día que agoniza
sabiendo que es un error
mirar hacia atrás
para hallarnos perdidos
en tierras lejanas.
domingo, 17 de marzo de 2013
Dreyer: Dies Irae
Dreyer, el mítico realizador que reproduce en la pantalla los milagros del Jesucristo mítico, dejó no solo el milagro de Ordet o la visión inquisitorial de la Inquisición en Juana de Arco. También esta disquisición.
Ver otros títulos:
Cinematógrafo
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