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viernes, 19 de noviembre de 2021

Poetas en el puente de los espejos


67 autores representados cada cual por un único poema. 

La selección y edición se deben a Esther Abellán Rodes.

La presentación del libro será el próximo día 24 de noviembre, a las 19:30h., en el Centro de las Artes de Alicante (Plaza de Quijano,2 C).


¡Maldito aquel que miente cuando escribe!


Ahora que hace muchos años ya

que dejé de escribir, y que abomino

de mi propia escritura, me pregunto

qué temas serán dignos de un poema 

sabio e imprescindible para el hombre. 

En verdad que escribir es cosa fácil

cuando nada se tiene que decir.

Y en verdad que quien calla es porque sabe 

que ya se ha escrito todo lo que importa.

Pero la pluma, ese demiurgo vivo

mientras la vida fluye hacia la muerte,

sigue dictando esencias que la efigien 

como rostro del hombre universal 

y propio. 

                    Así descubre 

                                                que 

pocas cosas nos atan a la vida:

los padres y los hijos, a quienes nos debemos;

el afán de entender por qué morimos;

las artes y el amor, que nos consuelan;

el placer de pasear por un bosque de libros

buscando aquella frase cuya página

nos niega la memoria...

y la necesidad de dejar este mundo

mejor que lo encontramos.

¿Acaso lo demás no es literatura?




martes, 16 de noviembre de 2021

Presente memorístico (El amor es un pájaro enjaulado, 14).




LUNES, 10 DE FEBRERO DE 2014
Tchaikoski: Romeo y Julieta

    3.- Presente memorístico
 Cada presente memorístico pretende recordar su pasado adaptándolo a sus necesidades; pero por mucho que el pretérito sea maleable a nuestros intereses siempre permanece vivo y reclama su existencia en cada instante, así como el futuro solo es un cadáver de sueños al que intentamos dar vida y nunca conseguimos revivir más que a retazos. Es mejor reconocer que el pasado existe como nuestro padre, inalterable y no deforme, y que el futuro es un hijo que no sabemos si tendremos. Amamos lo que perdemos por la única razón de que ya no podemos alcanzarlo. Incluso, cuando ya no podemos conseguirlo, añoramos y deseamos lo que despreciábamos. He regresado: pero ha desaparecido el lugar, escribía Carmel Cashels. Y no a otra cosa se refería sino a la irrecuperabilidad como consecuencia de la mutación, del cambio constante de las cosas. El universo, el cuerpo, la sensibilidad son rostros que se alteran en su gesto con solo cambiar uno solo de sus rasgos, porque ese determina el cambio de los otros, su orden o su caos, su equilibrio, su intensidad, su magia y contingencia. Así, el tiempo altera cuanto se sujeta a su efecto, que es todo cuanto hay debajo de la piel y sobre la epidermis. El infinito azar crea mundos expansivos tan distintos de sí como idénticos en su diferenciación e irrecuperabilidad. Por eso el carpe diem es la afirmación demostrativa de quien conoce la naturaleza del hombre y de las cosas: Todo fluye, pues nada permanece. Sólo queda el recuerdo: y ya digo que es nada más que la alteración de lo que se supone recordado. Hay que vivir el beso, el tacto, el gozo en el instante en que son pura naturaleza y no materia del recuerdo. Dejar para mañana lo que puede amarse hoy es nada más que adelantar la muerte de mañana hasta la ausencia de vida en que el hoy se convierte. De ahí la palpitación perenne del poemilla de GraciánEl tiempo es un caballo / que triza los recuerdos, la esperanza. / Amémonos, Amada.

            En el film de Nicholas Ray, “Jhonny Guitar”, se incluye este diálogo -sobre el pasado, el presente y el futuro; sobre el tiempo individual y el convivencial- entre Joan Crawford y Sterling Hayden : 
         - C: Hace cinco años una muchacha conoció a un hombre. No era  un
                  dechado de virtudes,  pero lo amaba. Quería casarse con él, trabajar
                  con él, construir un futuro.
            - H : Hubieran vivido contentos y felices.
            - C : No fue así. Se separaron. Él no quería sentirse atado para siempre.
            - H : Entonces la muchacha hizo bien en no casarse.
            - C : Aprovechó bien la lección. Aprendió a no enamorarse de nadie...

       Y ante la pregunta de Hayden (¿Qué pasaría si aquel hombre volviera?), Joan Crawford contesta, imperturbable: Cuando un fuego se extingue solo quedan cenizas. Y es que, habiendo tanta Roma, es una falacia eso de que Siempre nos quedará París. Por mucho que el manriqueño Bogart lo predicase.
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El amor es un pájaro enjaulado (1)

lunes, 15 de noviembre de 2021

La podredumbre. (El amor es un pájaro enjaulado, 13)

DOMINGO, 9 DE FEBRERO DE 201


Tchaikoski: La Patética

 2.-  La podredumbre
La recurrencia literaria que conocemos como ubi sunt? insiste en la pregunta sobre nuestro pasado, para aproximarlo, reconocerlo, tal vez reconstruirlo. Lo que aprendemos de ese lugar común de nuestra mente (y, por eso, de la escritura) es que lo que ayer pasó no resucita, por más que lo nostalgiemos, y que lo que quisimos que ocurriera y no ocurrió podemos hoy convertirlo en realidad: que todo lo que poseemos es el presente, y debemos defenderlo viviéndolo, no sacrificándolo a recuerdos o ensueños, aprendiendo del pasado que el presente es el único tiempo en que existimos, pues ningún futuro podrá sustituir lo que quisimos ser. Es en ese momento cuando surge el carpe diem, igualmente literario por vital, induciéndonos a disfrutar del instante como si fuese el único o el último, porque siempre es el último y el único cuya existencia no es una contingencia. Pues somos una ruina, ya lo he dicho. Las más claras bellezas y el más vivo latido se afean y detiene su ritmo ante la muerte o el sucederse de los días. Por eso el sol que brilla debiera ser gozado en el instante: porque igualmente brillará mañana, mas quizá sin nosotros. Y la conciencia de la fugacidad del tiempo de nuestra existencia clama por apresar en el instante un trozo suculento del gozo de la vida que se huye.

           No se repite el beso. Hay otros. Mas nunca se repiten. Nadie crea que puede vivir -amar- mañana todo lo que no ha podido amar -vivir- hoy. No se repite el beso: ni la vida nos besa tanto como para dejar para otro instante lo que podamos amar hoy. Ausonio y Ronsard, Horacio, Góngora o Garcilaso, como otros muchos, lo sabían. Este último, haciéndose eco del Collige, virgo, rosas ausoniano, escribe: Coged de vuestra alegre primavera / el dulce fruto, antes que el tiempo airado / cubra de nieve la hermosa cumbre. Y Góngora (como Garcilaso, tan próximo a TassoMentre Che l·auro crin v’ondeggia intorno) insiste: Goza ... / antes que lo que fue tu edad dorada ... / se vuelva / tierra y humo y polvo y sombra: nada. Muestra la gradación con la que se degrada la juventud y la belleza, su irrepetibilidad: por ello la insistencia en el disfrute del presente. Eso es lo que había predicado Ronsard: ¡Cueillez des aujourd·hui les roses de la vie! Lo aconseja, directamente a los jóvenes, MachadoPasead vuestra mutua primavera / antes que, torva, en el camino aceche. Incluso Juana de Ibarbourou, con todo lo que significa de superación de las trabas machistas, escribe en “La hora”:
Tómame ahora que aún es temprano,
ahora que tengo la carne olorosa...
y los ojos limpios y la piel de rosa ...
Ahora que en mis labios repica la risa ... 
Después, ¡Ah, yo sé 
que nada de eso más tarde tendré! 
Tómame ahora que aún es temprano ...
Hoy, y no más tarde, antes que anochezca 
y se vuelva mustia la corona fresca ... 
Oh amante, ¿no ves 
que la enredadera crecerá ciprés?

      Pesa demasiado en la conciencia colectiva literaria, por humana, el fatalismo que recoge Quevedo:
La vida nunca para,
ni el tiempo vuelve atrás la anciana cara. 
Nace el hombre sujeto a la fortuna,
y en naciendo comienza la jornada 
desde la tierna cuna
a la tumba enlutada. 
/ ... / 
Sólo el necio mancebo,  
que corona de flores la cabeza, 
es el que solo empieza 
siempre a vivir de nuevo.

        (Podría aquí aplicarse, como cuestionamiento del tiempo irrepetible, la frase de Ortega: La juventud es la única edad que tiene derecho a equivocarse. Aunque también el joven, como todos, tiene el deber de acertar para no ser un “necio mancebo”).

            Muchos han convertido  el tema del Collige, virgo, rosas en un pánico terror dándole la vuelta y catecismando que debe aprovecharse el presente para rezar (sufrir) por si la muerte nos sorprende: como si gozar de la vida fuese un delito. Surgen, así, el vanitas vanitatis, el memento mori, las Danzas de la muerte, el masoquismo del dolor, la calavera y el reloj, el menosprecio y desprecio de la vida, el terrorismo mental de una eclesiastidad creyente de divinidades sicopáticas creadoras de un bienestar del cual acusan a quienes se deciden a gozarlo. De ahí imprecaciones como esta: Oh tú, que me estás mirando, / mira bien y vive bien, / que no sabes cómo, cuándo, / te verás así también. / Todo para en sepultura. Pero, afortunadamente, frente a la podredumbre del cuadro de Valdés Leal, por ejemplo, siempre hay un Chant de la joie -de Honeger- que pregona y hace triunfar la joie de vivre.

domingo, 14 de noviembre de 2021

Ángel Luis Prieto de Paula: La poesía española de la II República a la Transición.

Presentación del libro

Intervienen

Helena Establier, profesora UA Alicante

Luis T. Bonmatí, escritor

A. L. Prieto de Paula, autor del libro

Sede UA Ciudad de Alicante

16 noviembre

20 horas

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La poesía del XX

o

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o bien

El Cuaderno

Ángel Luis Prieto de Paula: 

La poesía española de la II República a la Transición.

Universidad de Alicante, 2021

844 páginas

ISBN: 978-84-9717-746-7
Es tal la cantidad de seudocultura que la cultura acumula en su camino hacia el Progreso que son necesarios muchos filtros para que solo quede la digna de ser tenida en cuenta. En el caso de la poesía, solo un buen conocedor de la misma puede diagnosticar la redimible y la condenable. Labor previa es esta a la de la elaboración de un libro en el que darle al lector una linealidad razonada de los movimientos poéticos -y sus autores- surgidos durante un determinado periodo.
    En el libro que anoto, el autor ha tenido que salvar las dificultades que implica todo conjunto compendioso y reflector del tiempo acotado. Contestarse por ejemplo a ¿Qué criterio seguir? ¿Ser historicista, preferir la cantidad, aunque sobre algún nombrado, o la calidad aunque falte alguien nombrable? ¿Ser más acumulativo que selectivo, evitar la enumeración caótica de autores que probablemente no se seleccionarían si no se tratase de evidenciar lo que hay y solo se pretendiese mostrar lo que queda de lo que fue? ¿Enumerar movimientos, estéticas y nombres o seleccionar vigencias? ¿Cabalgar sobre el tiempo diseccionando sus paisajes líricos en sucesividad cronológica o, como un guadiana que emerge y desemerge, anclar en todos los puertos que baña el manantial? 
    Con la mirada sabia que le otorga el haber dedicado sendos libros a estudiar la poesía de los siglos anteriores, el profesor Ángel Luis Prieto de Paula nos ofrece todo eso, y más, en "La poesía española de la II República a la Transición", denso y extenso volumen publicado por la Universidad de Alicante. En tan enjundioso libro Prieto de Paula aúna el criterio de la convergencia y el de la divergencia, ofrece conceptos, poéticas, autores, obras... interconectado todo ello de tal modo que el detenimiento en un nombre propio se completa con presencias de este al hablar de otros con los que mantuvo algún tipo de relación grupal, poética, coetánea..., fundiéndose así los diferentes aspectos en un totum no revolutum sino enlazador, y en un tiempo que, cuando es necesario, avanza o retrocede en lo conjuntual tanto como en lo unipersonal para que el retrato de época e individuo sea certero, complementado y no sesgado. 
    Todo estudioso debe seleccionar, amputar, preservar la palabra que ha ido pergeñando el presente de cada época y permanece como vigencia enriquecedora, subordinando el esplendor o derrota sincrónicos al criterio diacrónico: debe, pues, redimir o enviar al ostracismo a cuantos mantiene la inercia crítica o no fueron reconocidos por ella. Porque La Historia de la poesía, o del arte, no es la relación de sus autores o sus obras, sino la recopilación de unas pocas de estas seleccionadas por el criterio de la sensatez: la imprescindibilidad: aquellas que mostraríamos a un alienígena que quisiera conocer el corazón y el intelecto humano: las que dejarían incompleto al hombre si la neurona diacrónica las amputase. 
    En su estudio, Prieto de Paula se convierte en cicerone y demiurgo de la ingente labor versificatoria de las múltiples orientaciones estéticas, nadando, sin naufragio, en tan proceloso mar. Basta leer el extenso Índice Onomástico para otear lo multiforme y enjundioso de la contemplación. Cada poeta es catalogado y no enclaustrado en una estética o un tiempo, juzgado y enjuiciado, pero no ajusticiado; aunque, lógicamente, se sospechen las preferencias, nunca caprichudas. Tan acertado me parece el viaje, y sus singladuras, que me apresuro a calificarlo de manual de referencia, de texto canónico sobre esas largas décadas del siglo XX. Todo ello por su complementariedad y ordenamiento, su encadenación de autores y obras y su muestrario finalmente selectivo -tal vez generoso y benévolo en exceso- de lo que fue la poesía en el pasado siglo. Es un catálogo razonado de nombres, una urdimbre de los mismos y un enjuiciamiento finiquitatorio. Un texto que nace con vocación de ser referente de las próximas miradas al siglo XX y sus continuaciones.

(*) Ángel Luis Prieto de Paula: La poesía española de la II República a la Transición. Universidad de Alicante, 2021 - 844 páginas