Albinoni - L. Fabian: Adagio
La doncella incendiada
La noche en nuestra piel provoca lumbres,
suspiros, y seísmos, y agonías
que se convierten en resurrecciones
en ese otro universo que llaman misticismo.
Entre aquelarres de divinidades
nuestros cuerpos florecen amapolas
y légamos de dioses que antes fueron presagios
de dulces sortilegios misteriosos.
No hay laberintos falsos ni cónclaves oscuros,
atavismos espurios o ludibrios errantes,
sino voces calladas por los fuegos
de inquisiciones turbias y héroes de los infiernos.
La noche en nuestra piel frunce oleajes
y nos convierte en astros de un cosmos interior.
y nos convierte en astros de un cosmos interior.
El firmamento es un océano errante
y las estrellas son azules cánticos.
Si me acerco a tu cuerpo toco a Dios
y a través de la carne llego al alma.
La luz es la alba cueva en la que entramos.
y a través de la carne llego al alma.
La luz es la alba cueva en la que entramos.
Una suave columna, como una estalactita
de diamante, destila ámbar y amor
sobre mi corazón alzado hasta mis pechos
coronados de arándanos rusientes,
y sorbes su elixir mientras mis labios
estallan en un beso que es un grito
cuando tu estalactita azumbra (*) en mi
garganta.
(*) En otros internescritos, estalla
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