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lunes, 7 de enero de 2019

Antonio Ferrández Verdú

Mozart: Lacrimosa

1.- Hay quienes sienten la vida como una muerte prematura y la viven como desahuciados, buscando convertir su ansia de paraíso en un puñado de palabras inmortales. A veces esa búsqueda los conduce a un laberinto del que no pueden salir. Esa es su nobleza y, también, su tortura. Asumir el dolor como un afrodisiaco es el paso hacia el malditismo: y una vida constante bebiendo esa cicuta con forma de ambrosía nos convierte en malditos: vampiros de nuestra propia existencia.

2.- Llegó hace algunas décadas y timbreó mi casa. Tenía 17 años y quería ser poeta. En seguida trabamos una amistad en la que la alucinación era un mundo que creábamos mientras nos creaba. Ha muerto hace unas horas. Se continúa llamando Antonio Ferrández Verdú.



Mozart: Dies irae


2 comentarios:

  1. Un compañero en mi época de desamor juvenil que me hizo asumir el dolor y transformarlo en creatividad. DEP.

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  2. Me enteré a destiempo, como siempre.
    Andaba en un bar y un amigo común me comunicó que en enero había muerto Antonio. Lo había visto unos meses antes, andaba fastidiado con una mala salud de hierro y en el fondo lo esperaba.
    Nos conocimos a principios de los 90 cuando publicó "Abisal", al instante se reveló como uno de los grandes poetas a los que tuve que venerar. Nos presentó el pintor Anselmo Mateo, al que años más tarde dedicó en su último libro "Analjasilasa" una de las elegías más bellas que he conocido. Durante un tiempo fuimos inseparables los tres, hasta que el destino y la fortuna nos hizo partir por diferentes caminos.
    De todo lo que se fraguó en aquellos años 90 solo puedo decir que en cada pincelada, en cada palabra, en toda la concepción de ese mundo que intentábamos representar estaba Antonio.
    Fue maldito desde la primera letra que escribió, inteligente, suicida, autentico y genial como muy pocos.
    En 1999 con motivo de una exposición en Madrid le pedí un texto, me pasó un poema, me pareció tan genial que finalmente fue el único texto que se incluyó en el catálogo. Era el siguiente:

    Conocí a Rafael Maestro cuando la lepra,
    cuando la sal y la angustia
    y el vino y Dios y los hombres
    y trepaban desnudas mujeres hasta nuestros ojos
    y el viento de la tarde anega de enanos
    y serpientes las manos.
    En noches como esa hablamos de la luz y la materia,
    de la oscura geometría de los signos,
    lujuria mística del hábito.
    Asolamos de palabras rojas y rápidas el silencio
    y así fue que descubrimos
    la tinta, el calamar y la cruz.

    Adiós Antonio.
    Abrígate tú también.

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