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lunes, 15 de abril de 2019

Lecturas imprescindibles: Mateo.


Bach: La pasión según Mateo


Nos empujaban, nada más entrar al colegio de Santo Domingo, a la "misa".  Yo me consolaba porque los alumnos internos decían sufrir más eclesiastismos que yo.
     Confieso que aquel silencio era atronador. Sin embargo, me aburría durante la media hora que el sacerdote teatralizaba su personaje ante el altar. Así que, como no podía llevar ningún otro libro, leía una y otra vez un pequeño ejemplar del Evangelio de Mateo. Allí existía un hombre bueno que había sido torturado y muerto yo no sabía muy bien por qué. Y la crucifixión se levantaba diariamente, cada vez que empezaba la lectura. 
     Qué sabio aquel hombre, y qué héroe aquel hombre que renunciaba a defenderse de la perversidad de los hombres. Para mí era como un caballero andante que hubiese descubierto que es de necios luchar contra los necios. Y así quedó en mi memoria aquel libro: Aventuras y desventuras del caballero Don Jesucristo de Palestina. Aquel librito era, simplemente, la historia de un asesinato impune. Allí estaba una Dulcinea llamada La Magdalena. Se conocía desde el principio al asesino, y no obstante jamás el lector se queda con tantos misterios cuando acaba su lectura.
     Ese hombre bueno fue lo único que salvó mi adolescencia: porque el gran malvado era aquel Dios que echaba a su bondadoso hijo a la palestra de los torturadores de este mundo. 
     Terrible lectura que ha marcado tantos corazones. Probablemente, el libro que más ha influido en la conciencia humana occidental durante los dos últimos milenios. 
     El gran Best-Seller.

domingo, 14 de abril de 2019

En el periódico




Antonio Gracia 13.04.2019 | 20:07

1. Vivir es la conciencia de estar vivo: cuando podemos contrastar los bienes y los males de la existencia, ese país al que llegamos para irnos porque nadie pide llegar y en el que nadie puede quedarse. La vida empieza cuando empieza la conciencia de la mortalidad: cuando el instinto de supervivencia nos hace temer la enfermedad y la muerte.
2. El feto carece de conciencia: de modo que son sus progenitores -sobre todo, la madre- quienes deben asumir tal concienciación.
3. Salvo en el anterior caso, nadie puede usurpar la voluntad de otro decidiendo por él. Es la única excepción a la afirmación de Ciorán: «Quien habla en nombre de otro es un impostor». Así que los politicastros, los religiosillos y sus adláteres no deberían hablar en nombre de la mujer ni usurpar sus decisiones.
4. El dilema del aborto es el mismo que el de la eutanasia: vivir o no vivir; morir o no morir. Ser desdichado o intentar dejar de serlo, como bien sabía Hamlet. ¿Quién negará que quien se sabe abocado al dolor preferiría no haber nacido o morir lo antes posible? ¿Y quién le negaría ese derecho aduciendo que su deber -por decreto divino- es soportar el dolor de la agonía?
5. Quienes carecen de razones proponen su fanatismo como razón y acuden a la mitología cristiana para imponer sus inquisiciones: el dueño de la vida es Dios y solo él la da y puede quitar. Ese lugar común de la seudoteología se ha enquistado en el subconsciente colectivo y enturbia en exceso todos los intentos de comprender objetivamente el mundo.
6. Sin embargo, Dios no es ya suficiente coartada para la impunidad de quienes dictan sentencias subjetivas. No todos los ciudadanos son creyentes ni Dios es una institución democrática: así que tal institución y sus regidores religioso-políticos se constituyen en la más clara imagen de una dictadura. Es decir: en la representación de la abolición de la libertad individual, la única que existe.
7. Por otra parte, el fin de la existencia es la evitación del sufrimiento y la consecución de la felicidad, que, como ya se sabe desde Epicuro, es «la ausencia de dolor». Por eso el primer deber del Estado de Bienestar es eliminar el Estado de Malestar.
8. Preguntémosle ahora al feto -es decir: a su madre responsable, único Jefe de Estado de su intimidad-, sobre todo si se prevé gravemente enfermizo, qué quiere hacer con el regalo o la condena que le espera cuando nazca: una vida que solo un verdugo o un ángel le daría.
9. ¿Respetaríamos su decisión como se respeta un voto en las urnas?
10. ¿Sí? ¿Entonces? qué cualifica a los mandatarios sociales para desautorizar derechos? Si trasladamos el asunto a otros temas de importancia social no parece, al menos cuando muestran su oratoria públicamente, que nuestros líderes politiqueros luzcan un cociente intelectual embriagador ni una personalidad cautivadora. Todo el fundamento «legislativo» de la fe de papas y popes es este, ya aludido: como Dios da la vida, esta es sagrada; y el Estado debe ser el garante de esa vida. Ante tan reverendo silogismo uno se pregunta cómo semejantes efluvios de la inteligencia y la estrategia llegaron a ser quienes parecen ser, y a ostentar los cargos por los que tan mileuristamente cobran. La respuesta es esta: fueron elegidos. Lo que lleva a otra pregunta de respuesta más terrible: por qué criterios se rige el ciudadano cuando elige, porque en una democracia el fracaso de los gobernantes es el fracaso de los electores que los votaron, y estos debieran no olvidar que cuando un grupo social consigue democráticamente la mayoría parlamentaria suele olvidar que el ciudadano eligió en las urnas a quienes creía que iban a representarlo y no a quienes iban a utilizar su voto para representarse a sí mismos.

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sábado, 13 de abril de 2019

De eutanasias y abortos



El fin de la existencia es la evitación del sufrimiento y la consecución de la felicidad, que, como ya se sabe desde Epicuro, es «la ausencia de dolor». Por eso el primer deber del Estado de bienestar es eliminar el Estado de malestar, escribe Antonio Gracia en este artículo escrito al calor del debate social sobre la eutanasia y el aborto.


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Dios no es ya suficiente coartada

/por Antonio Gracia/


1.- Vivir es la conciencia de estar vivo: cuando podemos contrastar los bienes y los males de la existencia, ese país al que llegamos para irnos porque nadie pide llegar y en el que nadie puede quedarse. La vida empieza cuando empieza la conciencia de la mortalidad; cuando el instinto de supervivencia nos hace temer la enfermedad y la muerte.

2.- El feto carece de conciencia: de modo que son sus progenitores —sobre todo, la madre— quienes deben asumir tal concienciación.

3.- Salvo en el anterior caso, nadie puede usurpar la voluntad de otro decidiendo por él. Es la única excepción a la afirmación de Cioran: «Quien habla en nombre de otro es un impostor». Así que los politicastros, los religiosillos y sus adláteres no deberían hablar en nombre de la mujer ni usurpar sus decisiones.

4.- El dilema del aborto es el mismo que el de la eutanasia: vivir o no vivir; morir o no morir. Ser desdichado o intentar dejar de serlo, como bien sabía Hamlet. ¿Quién negará que quien se sabe abocado al dolor preferiría no haber nacido o morir lo antes posible? ¿Y quién le negaría ese derecho aduciendo que su deber —por decreto divino— es soportar el dolor de la agonía?

5.- Quienes carecen de razones proponen su fanatismo como razón y acuden a la mitología cristiana para imponer sus inquisiciones: el dueño de la vida es Dios y solo él la da y puede quitar. Ese lugar común de la seudoteología se ha enquistado en el subconsciente colectivo y disturbia en exceso todos los intentos de comprender objetivamente el mundo.

6.- Sin embargo, Dios no es ya suficiente coartada para la impunidad de quienes dictan sentencias subjetivas. No todos los ciudadanos son creyentes ni Dios es una institución democrática, así que tal institución y sus regidores religioso-políticos se constituyen en la más clara imagen de una dictadura. Es decir: en la representación de la abolición de la libertad individual, la única que existe.

7.- Por otra parte, el fin de la existencia es la evitación del sufrimiento y la consecución de la felicidad, que, como ya se sabe desde Epicuro, es «la ausencia de dolor». Por eso el primer deber del Estado de bienestar es eliminar el Estado de malestar.

Preguntémosle ahora al feto —es decir: a su madre responsable, único jefe de Estado de su intimidad—, sobre todo si se prevé gravemente enfermizo, qué quiere hacer con el regalo o la condena que le espera cuando nazca: una vida que solo un verdugo o un ángel le daría.

¿Respetaríamos su decisión como se respeta un voto en las urnas?

10 ¿Sí? Entonces… ¿qué cualifica a los mandatarios sociales para desautorizar derechos? Si trasladamos el asunto a otros temas de importancia social no parece, al menos cuando muestran su oratoria públicamente, que nuestros líderes politiqueros luzcan un cociente intelectual embriagador ni una personalidad cautivadora. Todo el fundamento legislativo de la fe de papas y popes es este, ya aludido: como Dios da la vida, esta es sagrada; y el Estado debe ser el garante de esa vida. Ante tan reverendo silogismo uno se pregunta cómo semejantes efluvios de la inteligencia y la estrategia llegaron a ser quienes parecen ser y a ostentar los cargos por los que tan mileuristamente cobran. La respuesta es esta: fueron elegidos. Lo que lleva a otra pregunta de respuesta más terrible: por qué criterios se rige el ciudadano cuando elige, porque en una democracia el fracaso de los gobernantes es el fracaso de los electores que los votaron, y estos debieran no olvidar que cuando un grupo social consigue democráticamente la mayoría parlamentaria suele olvidar que el ciudadano eligió en las urnas a quienes creía que iban a representarlo y no a quienes iban a utilizar su voto para representarse a sí mismos.



Antonio Gracia es autor de La estatura del ansia (1975), Palimpsesto (1980), Los ojos de la metáfora (1987), Hacia la luz (1998), Libro de los anhelos (1999), Reconstrucción de un diario(2001), La epopeya interior (2002), El himno en la elegía (2002), Por una elevada senda (2004), Devastaciones, sueños (2005), La urdimbre luminosa (2007). Su obra está recogida selectivamente en las recopilaciones Fragmentos de identidad (Poesía 1968-1983), de 1993, y Fragmentos de inmensidad (Poesía 1998-2004), de 2009. Entre otros, ha obtenido el Premio Fernando Rielo, el José Hierro <Alegría> y el Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana. Sus últimos títulos poéticos son Hijos de HomeroLa condición mortal y Siete poemas y dos poemáticas, de 2010. En 2011 aparecieron las antologías El mausoleo y los pájaros y Devastaciones, sueños. En 2012, La muerte universal y Bajo el signo de eros. Además, el reciente Cántico erótico. Otros títulos ensayísticos son Pascual Pla y Beltrán: vida y obraEnsayos literariosApuntes sobre el amorMiguel Hernández: del amor cortés a la mística del erotismo La construcción del poema. Mantiene el blog Mientras mi vida fluye hacia la muerte y dispone de un portal en Cervantes Biblioteca Virtual.
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viernes, 12 de abril de 2019

Dios no es ya suficiente coartada.

Dios no es ya suficiente coartada


El fin de la existencia es la evitación del sufrimiento y la consecución de la felicidad, que, como ya se sabe desde Epicuro, es «la ausencia de dolor». Por eso el primer deber del Estado de bienestar es eliminar el Estado de malestar, escribe Antonio Gracia en este artículo escrito al calor del debate social sobre la eutanasia y el aborto.

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El Cuaderno | abril, 2019 en 12:04 am | Etiquetas: aborto, Cioran, Epicuro, eutanasia | Categorías: Actualidad | URL: https://wp.me/p8BKjo-9Qp

jueves, 11 de abril de 2019

Caminos para el arte


Todas las grandes obras 
han transformado el artificio en vida,
no al revés.
Libros, músicas, cuadros... son fragmentos de vida convertidos en retratos de la mente individual y colectiva. 
Los experimentalismos no son destinos; son puentes para llegar mejor.
Triste es que en los últimos decenios se hayan construido puentes donde no hay caminos.