Inteligente e hilarante comedia de las muchas que dirigió Hawks e interpretó Gary Grant. Al fondo, las relaciones matrimoniales y el periodismo.
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miércoles, 13 de diciembre de 2017
Hawks: Luna nueva
Inteligente e hilarante comedia de las muchas que dirigió Hawks e interpretó Gary Grant. Al fondo, las relaciones matrimoniales y el periodismo.
martes, 12 de diciembre de 2017
lunes, 11 de diciembre de 2017
El arte abstracto es concreto
Por muy abstracto y autónomo que pretenda ser, el arte siempre es figurativo, puesto que el espectador, oyente o lector acaban dibujando mentalmente una figura para visualizar el magma de sus percepciones, una efigie en la que concretar su reacción ante la imagen, el sonido o el poema. De modo que bien puede decirse que la abstracción es una concreción síquica; y esto es lo único que existe para cada individuo, incluido el autor; quien, al fin y al cabo, solo lleva a la retina, el oído o el entendimiento lo que vislumbra, también magmáticamente, en la penumbra de su numen.
Y si el mundo es como lo representamos, toda representación es figurativa, incluso la de un sonido, una palabra, un color.
viernes, 8 de diciembre de 2017
El abrazo en el catre
Hace años que X y Z tienen encuentros eróticos, con beneplácito de ambos, ya que con su gimnasia sexual descansan sus cuerpos y sosiegan sus mentes. En los últimos tiempos los encuentros se han convertido en encontronazos verbales tras la erotomanía. Ahora, en vez de pensar en si pierden más que ganan poniendo fin a su historial orgasmático, discuten continuamente sobre el porqué de lo que ocurre. El uno le dice al otro:
- ¡Tú tienes la culpa!
Y el otro le dice al uno:
Y el otro le dice al uno:
- ¡La culpa la tienes tú!
Esos son sus únicos argumentos. Uno de ambos, por fin, sugiere:
- En cuanto salimos de la cama empieza la vida que no sabemos vivir: la convivencia. Quien presume de tener "muchas cuartetas" o "muchos tortillos" está gritando en realidad que carece de neuronas. Así que por muy bien que conversen los gólgotas y los jesucristos -diálogo imprescindible para la buena crucifixión amórica- nada dicen si luego el corazón es un egoísta empecinado.
- ¡La culpa la tienes tú!
- ¿Y si yo digo que "Tú tienes la culpa" desaparece el problema?
- ¡Es que la culpa la tienes tú!
- ... Vale... Puesto que somos tan necios que anteponemos el malestar del amor propio al bienestar del amor natural -sexo amoroso, o lo que sea que sentimos-, nos merecemos perdernos mutuamente. Nuestra necedad nos impide ver que la suma de bienestares en común ha sido, y sería, mucho mayor que la de los malestares. Y que será difícil encontrar a quienes nos sustituyan y nos complementen con la misma intensidad que nos complementamos.
No obstante, el otro de los dos persiste en avivar el rencor con las armas de la obstinación, hablando sin dejar hablar. Así que, ante tanta contumacia, el uno de los dos le dice al otro de los dos -o el otro que queda sin el uno le dice al uno que suma dos con el otro-:
- En cuanto salimos de la cama empieza la vida que no sabemos vivir: la convivencia. Quien presume de tener "muchas cuartetas" o "muchos tortillos" está gritando en realidad que carece de neuronas. Así que por muy bien que conversen los gólgotas y los jesucristos -diálogo imprescindible para la buena crucifixión amórica- nada dicen si luego el corazón es un egoísta empecinado.
- ¡La culpa la tienes tú!
- ¿Y si yo digo que "Tú tienes la culpa" desaparece el problema?
- ¡Es que la culpa la tienes tú!
- ... Vale... Puesto que somos tan necios que anteponemos el malestar del amor propio al bienestar del amor natural -sexo amoroso, o lo que sea que sentimos-, nos merecemos perdernos mutuamente. Nuestra necedad nos impide ver que la suma de bienestares en común ha sido, y sería, mucho mayor que la de los malestares. Y que será difícil encontrar a quienes nos sustituyan y nos complementen con la misma intensidad que nos complementamos.
No obstante, el otro de los dos persiste en avivar el rencor con las armas de la obstinación, hablando sin dejar hablar. Así que, ante tanta contumacia, el uno de los dos le dice al otro de los dos -o el otro que queda sin el uno le dice al uno que suma dos con el otro-:
- Ya que me obligas, lo diré: la única causa de esta ruptura es que no te soporto fuera del catre y me inventé un motivo de disputa para justificar mi adiós. No basta con poseer solo inteligencia lujuriosa. Se precisa una buena estrategia conversacional: callar cuando hay que escuchar. Que aprendan a hablar las mentes como aprendieron los cuerpos.
jueves, 7 de diciembre de 2017
No aconsejarás
Brahms: Festival académico
Todos sufrimos las consecuencias de nuestros errores; todos quisiéramos no haberlos cometido; pero casi ninguno aceptamos que nos los señalen ni siquiera como signo de amistad y buen consejo.
A veces aconsejamos que es mejor hablar despacio que deprisa, que es mejor la conversación que la disputa, que hay que aminorar la prisa instalada en los genes sociales y personales, o que no hay que defender ni condenar a gritos al Sire Puigdemong sino aplicarle la ley, único dios ordenador de este mundo. Otras veces indicamos -porque nos lo preguntan- simplemente que un atuendo favorece más que otro, o que un verso disuena del conjunto...
Da igual: quienes nos oyen acaban sintiéndose molestos y criticados en vez de entender que solo les señalamos -y solamente en nuestra opinión- cómo mejorar. No admitimos que a veces hacemos mal esto o aquello porque así nos lo enseñaron; no queremos admitir que es simple cuestión de rectificar lo que aprendimos.
Y así, por dejación, el mundo se convierte en una bola de nieve que acumula errores destructivos con los que arrasa la convivencia.
Cuánta prisa y ansiedad por tener razón aun sin razones, con lo fácil que es razonar y concluir que es de sabios rectificar y de necios persistir en la equivocación. Cuánta necedad en la defensa del egotismo y el olvido de la íntima humildad y el propio bien.
La segunda vez que asistí a un claustro de profesores oí tantas sandeces y obviedades que, al terminar, escribí en el panel de sugerencias que los claustros tenían un valor terapéutico porque producían la sensación de ser más inteligente. La vez siguiente anoté que, puesto que todos los claustros eran igual y plúmbeamente profilácticos, debía grabarse el próximo y darnos una copia a cada profesor, con lo que se evitarían pérdidas de tiempo y de tumultos.
Así es como, por decir escuetamente lo que pensaba, empecé a ganar amigos también entre mis semejantes de la docencia. No contaba yo con que a la hora de los claustros, mañaneros, los enseñantes no encontraban el libro inadecuado, ni el partido futbolero imprescindible, sino la discusión edificante con el oíslo de turno.
"Esto es el mundo", me díjeme diciéndome, y se está pudriendo en la calle, la tele y la familia, repítome que me díjeme diciéndome.
Hoy, como todo se cuece en las aulas y en la tele, y los ministros respectivos suministran materiales corrosivos para la educación, todo el mundo corre hacia ninguna parte, habla sin saber qué, e incluso se molesta si le aconsejas que piense antes de decir o hacer algo impensable. En fin: que casi todos odian a quienes les dicen lo que yo estoy diciendo (que, por cierto, es solo una opinión perspectivesca).
domingo, 3 de diciembre de 2017
sábado, 2 de diciembre de 2017
Dos bibliotecas.
Durante mis años adolescentes, comprar un libro era para mí un lujo que podía permitirme solo cuando vendía un puñado de los tebeos que con paciencia y ahorro había ido acumulando. Después descubrí la biblioteca de Teodomiro y la convertí en la catedral de mis lecturas y mis soledades. Me acompañaba La Diablesa, un "paso" semanasantino de Orihuela que se guardaba en una pequeña sala solemnemente escondidilla para que no nos lujuriase el erotismo de sus pechos.
Aquellas tardes y otros días semejantes en otros escondites, con mi pequeño cúmulo de libros, forman la mitología de mi felicidad.
Ahora tengo dos bibliotecas.
Una es la que ha ido creciendo desde aquella primera, y sigue siendo mi refugio el tacto de sus páginas, escogidas anhelosa y amorosamente a lo largo de décadas. Ellas me mantienen en mi tiempo, que es el de todos los que han utilizado la pluma con sabiduría, y continúan siendo mis actuales vecinos, mis coetáneos, mi comunidad, mi humanidad, mi nación, mi identidad. Constituyen ese espacio que llamaré La Vigencia.
La otra biblioteca es una consecuencia de vivir en el mundo y querer estar más o menos al día de las enfermedades y sueños de la pluma. Tiene esta biblioteca deshumanizada dos salas, amplias y llenas de muchas cosas a las que siguen llamando libros. La primera sala se llama FNAC; la otra, Casa del libro. En ellas paso algunas horas en las que hojeo decenas de poemas y párrafos, por si tropiezo con alguna sorpresa que merezca la pena entre los cientos de las novedades nacidas ya anticuadas y a las que debería habérseles practicado un concluyente aborto para que no inspiren el deseo de eutanasia en sus lectores. Generalmente vuelvo a dejarlas pulcramente en su sitio, una vez que me he puesto al día de lo que no debiera haberse publicado. Porque los libros pueden considerarse hoy unos de los artículos más caros de la mercadería, si tenemos en cuenta que de cada mil kilos de papel impreso hay cinco o seis gramos que merecen releerse.
La conclusión es esta: para no perder el tiempo, la biblioteca local; para olvidar sin dolor económico los títulos que todos los suplementos paraliterarios califican de imprescindibles, las grandes superficialidades.
Recordemos: a menudo, estar al día impide estar en nuestro tiempo.
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