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sábado, 7 de marzo de 2015

ÍNDICE FEBRERO 2015

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ÍNDICE General 2012

ÍNDICE GENERAL 2014

..............

2015
Páginas más curioseadas en 
Febrero

Beso sin boca

Toda poesía es social

Una enseñanza sin educación

El manantial 


Enero 

Reflexión para año nuevo

Incunables internéticos, II

Para ti, que no sé quién eres, de mí, que no sé quién soy




2014
Páginas más curioseadas en 
Diciembre

Del erotismo

El nombre de la propia identidad


Noviembre

Mujeres encendidas

La inspiración

El abrazo iniciático


Octubre

La estructura del humo

El abrazo doliente

Audiopoema:

Andrea Del Sarto: Retrato del artista


Septiembre

El abrazo del beso

El abrazo iniciático

La fúnebre armonía

Poesía para el hombre

José Luis GARCÍA MARTÍN: Devastaciones, sueños.


(Agosto)

Carta de amor para quien no me ama.


(Julio)

Ángel Luis Luján Atienza: "Devastaciones, sueños"

El Partenón

La belleza del cuerpo

Madre Coraje

Necesidad de la poesía

(Junio)

Ekaterina Kucherova: Encuesta sobre blogs

Vídeo-Conferencia


(Mayo)

Abecedario amatorio

Apunte para una dama

La deserción

Historia del lector

Algo más que un fracaso escolar

Por un puñado de versos

Joyce: Desde el Ulises

José Luis Gómez Toré: Fragmentos de inmensidad

El abrazo iniciático

Bailando en la oscuridad

El legado de Miguel Hernández


(Febrero):

El amor es un pájaro enjaulado (13)

El abrazo de plástico

Huyendo del infierno

Lección inaugural

Poe: El cuervo


(Enero):

Dios no es ya suficiente coartada.

Tejer la eternidad

Honegger: Pacific 231

Ana Belén Rodríguez de la Robla: HETERODOXIA Y AGONÍA 

La belleza del monstruo

Del erotismo (La construcción del poema, XXII)


ETIQUETAS

Caxés: Cuando yo quería ser Lope de Vega

Boticelli: Ilustración de la divinidad

Fragonard: La carta de amor

Klimt: La infinitud del beso

Trovadorius: Una pintura verbal

Klimt: La mujer rutilante

Cuando el Arte es el arte de fingirlo.

Bernini: Ilustración del orgasmo

Inconnu: Melancolía gris, ¿de dónde vienes?

Courbet: Y a pesar de la muerte, la invasión de la vida.

Ghirlandaio: La indefensión humana

Fotomatón: Retrato del autor

Friedrich: El arte de la Naturaleza


Audiopoemas

Audiopoema: Si muero antes de despertar

Autobiografismos

Dónde estarán las músicas y versos...

Hiperestesia

La estructura del humo


Aventuras poéticas


El abrazo amoroso

El abrazo corrupto

El abrazo a sí mismo 

El abrazo temido

El abrazo ultrajado.

El abrazo en la roca

Postal de Miguel Hernández

Pascual Pla y Beltrán

Don Quijote Cervantes Saavedra
Félix Grande

75 años con Machado

Miguel Hernández: El nombre del amor 

El legado de Miguel Hernández


Educación

El gran best seller

Queridos Reyes Magos:


Érase una canción inolvidable

Con su blanca palidez


Cinematógrafo

S. Salkow: El último hombre sobre la tierra

Hitchcock: Frenesí


Concierto

Concierto de Año Nuevo

Mahler: La canción de la tierra


Correspondencia

La escritura exorcista


Libros recibidos

Libros recibidos (XXXIX): Ángel González Sánchez


Poemas propios

La soledad abisal 

Demostratio

La carta de amor

La infinitud del beso

Una pintura verbal

La mujer rutilante

Ilustración del orgasmo

El huérfano senecto 

Retrato del autor

El Desencanto


Para una poética

La palabra sin verbo

Amor más poderoso que la muerte 

Para ti, que no sé quién eres, de mí, que no sé quién soy

La única poética
Orígenes del arte: sentir contra la muerte


Poemas comentados


Sobre el autor

Mateo Marco Amorós: En el Aula de Oriola



Sobre el vivir

Vacunas contra la muerte

Reflexión para año nuevo


Traducción

Nuria P. Serrano: Le Parthénon


Laconismos

viernes, 6 de marzo de 2015

Progreso regresivo


No es sensato estar contra el Progreso; pero me parece insensato defender aquel que potencia lo frívolo en detrimento de lo humanístico y esencialmente humano. No es posible negar que la medicina y el confort son mejores que el frío de las cavernas o la muerte a los cuarenta; pero sí es insensatez hacer progresar el pan y circo del que hablaba Juvenal. 
Y, como todo, la raíz del progreso regresivo está en el abandono de la educación: la enseñanza de la ignorancia, la cultura de la incultura y la frivolidad, la sociedad manipulada, la civilización de lo inhumano... 
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jueves, 5 de marzo de 2015

Algunas respuestas (6) La urdimbre luminosa

Bach: Aria (Suite orquestal nº 3)

- Después de 15 años de silencio editorial empieza a publicar de nuevo, a veces hasta tres libros por año. Y con una perspectiva luminosa. "Hacia la luz" fue el primero de estos libros. ¿Qué ocurrió, cómo fue eso?


- Algo sobre ello creo que he dicho antes. Fue un ejercicio de voluntarismo. Tras años de precipicios e infiernos, llegué a la conclusión de que "no hay más destino que la voluntad". Como Beethoven en Heiligesnstal, cogí el destino por la garganta (eso es lo que dicen que dijo mientras componía la quinta sinfonía). Me enfrenté a mí mismo, al Atila que había en mí, al Sansatanás que era yo. Dejé de lado a Schumann, Van Gogh, la literatura que parecía haber sido escrita a la medida de mis fantasmas... abandoné la pluma, las hiperestesias sufrientes... y me fui con Robinson Crusoe hacia la luz. 
     Busqué al que me hubiera gustado ser, al que tal vez llevaba dentro y se había quedado preso en la bóveda de Santo Domingo, pensé que podía escribir un poema que me consolase y sosegase a los demás...  
   Sentí que los otros sufrían mis mismos sufrimientos. Vi a los demás a través de mis hijos... los perdí, me quedé solo contra las sombras y golpeándome con el propio pedernal... tratando de alumbrar una isla interior en la que salvarme del naufragio... inicié la reconstrucción de un diario vital que me hizo compilar las devastaciones de los sueños, los paraísos perdidos... y emergió la escritura ya no como vómito, sino como bálsamo... "Fragmentos de inmensidad" eran los que ahora escribivía. Me defendí de la muerte y sus locos cancerberos "como un río que lucha contra su manantial". Me esforcé en considerar que en toda oscuridad hay una oculta urdimbre luminosa. Que el universo humano es, en realidad, "La urdimbre luminosa".

Algunas respuestas (5) El pájaro en la bóveda

Algunas respuestas (4)

Algunas respuestas

miércoles, 4 de marzo de 2015

Algunas respuestas (5) El pájaro en la bóveda

Schoenberg: Noche transfigurada

- ¿Jugaba a ser maldito en aquellos libros o había algo de Prometeo? En uno culpa a Dios por no haber sabido darnos la inmortalidad.

- ¿Malditismo? Somos nuestras vivencias, deseos, frustraciones, lecturas... Todo se amalgama en nuestra mente y conforma nuestro yo. Algunos tienen un yo de fuego, y no pueden apagarlo. ¿Quién cultivaría su propio dolor? 
     La salvación por la palabra de lo más entrañable de nosotros -la mente- es un reto excesivo. Conduce a un laberinto y un ensimismamiento sufriente que acaba alejando de los demás, convirtiéndote en un extraño, un... ¿maldito...? ¡Qué más da el nombre! Es uno de tantos para etiquetar lo que no encaja en los cánones biempensantes. ¿Quién quiere ser maldito y sufridor? ¿Baudelaire, Nerval, Poe, Lautreamont...? ¿Preferían sufrir a ser felices? Lo que fueron lo fueron a su pesar, y si descubrir sensaciones y cómo plasmarlas es lo que significa Prometeo, bienvenido sea quien trae un poco de luz a este infierno de sombras, aunque sea a costa de su sangre. 
   ¿Que también hay pose y circo en esto? El mundo es un escenario en el que, ademas de personajes, sigue habiendo personas.
     En cuanto a las divinidades... Es cómodo creer en un Dios, pero la fe no se elige. Muchas contradicciones veía aquel niño adolescente: un hombre jesucrístico bondadoso que era, también, un dios condenatorio de la vida, un instinto de supervivencia que entraña a la vez la muerte y la putrefacción en vez de la lógica inmoribilidad... Yo no comprendía por qué había nacido con instinto de supervivencia y se me había dado la conciencia de la mortalidad. ¿Qué ser supremo sería tan perverso de incrustar un cadáver emergente en un cuerpo vivo? El instinto de supervivencia exige inmortalidad. Y entonces vino el desafío.
     Aquel niño de once o doce años era empujado por los claustros del colegio de Santo Domingo hasta los bancos de la iglesia. Una mañana sintió que debía comulgar, aunque hacía millones de pecados que no se confesaba; o precisamente por eso. Recogió la redonda eucaristía y trepó por las destartaladas escaleras hasta la bóveda, donde los pájaros, al intentar huir de aquel cielo de vidrio al que entraban por turbios agujeros, se golpeaban contra los vitrales y morían. Se inclinó junto a uno de ellos, colocó la comunión sobre su mínimo cadáver y ordenó varias veces que volviera a la vida. Pero el pájaro, incrédulo, no obedecía a Dios, permanecía obstinadamente muerto. Fue de este modo como la magia que aún latía en aquel corazón adolescente murió también en el gris desafío que no pudo olvidar y lo marcó como un estigma. En adelante, siempre le acompañaría un doloroso sentimiento de desahuciado de la vida.

Algunas respuestas (4)

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martes, 3 de marzo de 2015

Matisse: Preludio para un himno


Matisse

Preludio para un himno

Todo es tan claro a veces... Basta

con apartar los ojos de las sombras
y mirar el azul del horizonte.
No sabes dónde empieza, dónde acaba
su claridad, pero sí sabes
que existe, y que puedes recorrer
la plenitud finita del camino
gozándola, ayudando a ver su gozo
a quienes, como tú, 
dudan de que es un cántico a la dicha.
Entonces todo es claro:
vivir es caminar ese horizonte
olvidando que acaba,
sonriendo a la luz, dando tu risa,
abrazando los pájaros, sabiendo
que la alegría eleva el corazón
y azumbra la existencia.
Otros

Caxés: Cuando yo quería ser Lope de Vega

Boticelli: Ilustración de la divinidad

Böcklin: La isla de los muertos

Kokoschka: La novia del viento

Eduardo Lastres: La puerta del milenio

lunes, 2 de marzo de 2015

Algunas respuestas (4)

Wagner: Funeral de Sigfrido

- Afirma el profesor Prieto de Paula que no hay en nuestra poesía un libro más hermético que Los ojos de la Metáfora, que es un diamante y, como tal, impenetrable. ¿Por qué ese lenguaje y ese espacio en el que desaparece todo paisaje?

- Escribimos lo que somos, y yo era un atroz ensimismado. No es que no hubiera paisaje; es que mi único paisaje era yo. Pero "yo volviéndome loco", como decía Van Gogh ante un autorretrato. Montaigne confiesa que él era la materia de su obra, y eso hacemos todos: autobiografiarnos síquicamente. Si no existía el paisaje exterior en mis garabatos es porque un dolor anónimo me garabateaba los ojos con demasiados monstruos íntimos. 
    Yo quería entender aquella tortura. Me refugiaba en mi confidente, que era el cuaderno. Supongo que pretendía entender mi indefensión, mi ruina síquica. Y eso me llevaba a la palabra, que es la que nos explica y con la que nos explicamos las cosas. Y se creó un yo paralelo construido con sentimientos, pensamientos, palabras, poemas... 
    Mi escritura era, como he dicho, el bisturí con el que pretendía extirpar mis males. Pero no encontraba expresión idónea para nombrar mi laberinto. Shakespeare necesitó quince mil palabras distintas para poner rostro a sus personajes, y Cervantes trece mil... Yo no encontraba verbo suficiente... Podía decir como Strawinski: "No consigo llevar al pentagrama lo que escucho en mi mente...". 
    El fracaso de la palabra, del lenguaje como expresión total y construcción de un yo, no lo veía como consecuencia de la inefabilidad, sino como propia incompetencia. Los chirridos del calabozo de mi mente no se correspondían con el diccionario ni la gramática, sintaxis... Supongo que eso me llevó a inventar léxico y oracionalidad. Pero tampoco ... De modo que padecía un doble sufrimiento: como persona, verdugo de sí misma, y como traductor que no sabe expresar su propio horror: un fracaso humano y literario. Me topé con el muro infrangible. Y el instinto de supervivencia me llevó a intentar salvar mi vida física y síquica.
     De ahí mi silencio durante 15 años.

Algunas respuestas



domingo, 1 de marzo de 2015

Jazz

No siempre la causa provoca inmeditamente su lógica respuesta. El dolor que produjo la esclavitud derivó hacia una música que terminó siendo el deleite de algunos grupos y glorificando el arte universal. Así que bien podría aplicarse aquello de "el himno en la elegía" a este dolor jubiloso, a su pesar, que es el jazz:

Breve historia del jazz

Melodías jazzísticas

Bolero jazzístico

S. Vaughan: Summertime

McFerrin: Swingings Bach