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domingo, 6 de abril de 2014

Terapia de pareja

Purcell: Dido y Eneas. Lamento.

- Fue entonces cuando le dije: Creo que ha llegado el momento de separarnos.
- ¿Separarnos? Naturalmente, si es para estar mejor que juntos; igual que cuando nos unimos fue porque estábamos mejor juntos que separados. 
- No es fácil convivir. Hay que hacer compatibles los gustos propios y ajenos. Hay que compartir los derechos y deberes, aceptar las diferencias de carácter, sacrificar los egoísmos, limar las asperezas del individualismo, ser generosos, hallar y dar satisfacción sensitiva, sensual, sexual, intelectual..., superar el desencanto inevitable, hacer que cada día nos necesite más la otra persona ... No  se puede empezar una convivencia irresponsablemente, ni abandonarse sin haber luchado por mantenerla viva.
- Sí. Hay que preguntarse algunas cosas: ¿Cómo estaba yo antes de nuestra unión, cómo estaré después, qué hubiera sido de mí sin él, o sin ella? ¿Quién era yo, qué tenía yo cuando empezamos, qué tengo ahora? ¿Qué voy -qué vamos- a ganar y perder con la separación? 
- Y también: ¿Espero a dar cuando ya me han dado o doy para que me den? ¿Convivir es una lotería o un esfuerzo cuyo resultado es la alegría de vivir?
- Convivir es igual que construir una casa: ladrillo a ladrillo y día a día, a partes iguales, sin forzar ni desesperar, procurando admitir que la felicidad es un mito y que lo que hay que conseguir es un bienestar conjunto, una dicha recíproca... 
Y una vez disuelta la relación, ¿vendrán de nuevo las decepciones, los problemas... con la nueva pareja?
- Pero también es cierto que si ya no hay amor...
- ¿Y después de Equis años no sabes superar el enamoramiento inicial para reconocer que amar no es permanecer en un cuento de hadas? El amor empieza cuando se acaba el enamoramiento. Qué esperas sino que se haya muerto el romanticismo y se imponga la realidad, la prosa cotidiana, la mutua aceptación de un hombre y una mujer que vencen las dificultades diarias a fuerza de voluntad y afecto... porque otra cosa es que haya surgido algún resentimiento, odio...
- Vivir es fácil mientras estás solo: tienes mucha libertad y solo responsabilidad contigo mismo. Cuando empiezas a convivir es cuando todo resulta difícil si no posees comprensión, tolerancia, inteligencia para las estrategias del día a día.
- Todo fracaso de uno es el fracaso de dos.
- ¡Qué tragedia!
- ¡Qué comedia!
- !Qué belleza vivir sabiéndose vivido!
- ¡Escuchad!: 
(Leer original)


Canción de la Bienamada

Qué glorificación de los sentidos
saber que soy amada, que alguien sueña
con una vida plena porque existo.
Todo exige una causa y todo tiene
su consecuencia: ¿y yo
inspiro amor, el gozo más sublime?
¿Cuál es el sortilegio, el milagroso
tañer de las campanas que me dice
que un corazón sonríe porque ve
a través de mí el cosmos?
¿Y qué merecimiento tengo sino
preferir el asombro de la vida,
el esplendor a la fugacidad,
y cantar el fulgor de las criaturas?
Acaso todo es sueño y esos ojos
que se llenan de júbilo al mirarme
me inventan; y tal vez,
cuando yo amo, embellezco a la criatura
por la que siento que la vida tiene
al fin sentido, dicha plena, luz.
¿Mas por qué hacer preguntas que destruyen
el sentimiento, si es mejor vivirlo,
y tendrían respuestas imperfectas?
Me quedo con lo exacto: ¡Qué
dulce satisfacción de los sentidos
saber que solamente por amar
alguien errante encuentra
el íntimo lugar del regocijo!

sábado, 5 de abril de 2014

Teresa de Jesús: Vivo sin vivir en mí...

Vivo sin vivir en mí...
Escuchar

Poemas en sus voces

Bertolt Brecht: El analfabeto político

Juan Gelman: Poemas

José Hierro: Respuesta

Miguel Hernández: Canción del esposo soldado

Pessoa: Autopsicografía

R. Kipling: Si...

Safo: Igual parece a los eternos dioses...

Miguel Hernández: Elegía

Alfonsina Storni: El último poema

John Keats: A una urna griega

Gabriel y Galán: "Cuando pasa el nazareno..."

Carlos Fenoll: Cristo yacente

Rafael Alberti: dos poemas

Shakespeare: El único dilema

Poemas en sus voces

Cernuda: Donde habite el olvido

Carolina Coronado

Unamuno: Sobre la palabra

V. Aleixandre: Muchacha muerta

ESPRONCEDA: Canción desesperada

Tomás Segovia: Besos

Dámaso Alonso: Insomnio

Calderón de la Barca: Monólogos

Juan de Yepes: Noche oscura del alma

Ernesto Sábato: Sobre héroes y tumbas

Huidobro: Altazor, II

Gerardo Diego: Romance del Duero

Neruda: Poema XX

Fray Luis: Vida retirada

Antonio Machado: A un olmo viejo

César Vallejo: Masa

J. A. Goytisolo: Palabras para Julia

Ernesto Cardenal: Oración por Marilyn Monroe 

viernes, 4 de abril de 2014

Por un puñado de versos

Copland: Fanfarria para un hombre común

Siempre me ha sorprendido que se le ponga precio de venta o compra al arte que nace porque el autor siente auténtica necesidad de expresarse para redimirse. Quiero decir: si un poema supone la extirpación de un tumor síquico o la consecución de un diamante lírico -que es como debe tallarse todo poema-, es el poeta el que debe estar agradecido tanto por la liberación de su mal como de la adquisición de su bien. Sin embargo, viene un concurso, o una editorial, a pagarle una escandalosa cifra por un puñado de versos, a mil euros cada página.

Bach y Hadyn fueron lacayos de la nobleza. Mozart, Beethoven y Wagner constituyen la tríada que, gradualmente, ennobleció el arte de la música y la independizó como obra de su autor (el, luego, "debéisme cuanto he escrito" de A. Machado). Bien está que, una vez dignificado el arte, cada obra, como todo trabajo, tenga su remuneración. Y tampoco negaré que cada uno está en su derecho de escribir o pintar para vender: para eso basta con enviar una y otra vez a esos concursos dedicados a la Virgen, el Ejército o la Santísima Alcachofa Pituitaria. Pero el caos y la injusticia llegan cuando el artista se comporta como un futbolero que recibe vítores millonarios por un puntapié balonístico, tres pinceladas saltimbanquis o dos estrofas horrípilas.

La poesía -el arte- convertida en pan y circo. ¿No sería mejor que, si lo que pretende un poeta, por ejemplo, tras haber puesto nombre digno a lo que siente, es darlo a conocer, le baste con la publicación y, en todo caso, un mínimo salario por su tiempo? Pues no: por un puñado de versos, equis millones de céntimos. Así solo se publicita la escritura de malos libros, pródigos en verborrea y carentes de poesía.

Mejor es lo que hacen algunas editoriales: promocionan concursos cuyo único premio consiste en la edición de la obra. 

miércoles, 2 de abril de 2014

Antología Olcades: Antonio Gracia


Tomo esta entrada del blog de Ángel Luis Luján Atienza, que puede verse pulsando Olcades Poesía

    
 Antología Olcades: Antonio Gracia


Amarilis
Inclinada ante el libro, con los ojos
escrutando las páginas, parece
que un océano azul se derramara.
Hermosos signos que hablan de un amor
que siente y que no puede ya leer
más que en su corazón. La realidad
y el sueño se le juntan como letras
imposibles de distinguir. Las lágrimas
del océano zarco caen ahora
sobre el papel en el que tantos versos
ha copiado. Se ofusca su razón
y apenas reconoce el cuerpo erguido
del hombre que la abraza cada día
con más ternura que pasión. Comprende
que cuando él mira su ceguera y dice
que naufragó en sus dos verdes océanos
está diciendo que ella redimió
su espíritu de fénix laberíntico.
Aún sabe que su nombre es Marta, Mar.
Que aunque la luz pronto ha de abandonarla,
ha iluminado versos con sus ojos
y encendido el amor.
                                (De Bajo el signo de Eros)


El problemático y prolongado amor de Lope de Vega con Marta de Nevares ha llamado, sobre todo en su fase crepuscular, la atención de diversos creadores, entre ellos José Hierro, que escribió sobre el tema su memorable "Lope. La noche. Marta" (de Agenda).

Hierro plantea su poema como un monólogo dramático mientras que Antonio Gracia opta por una estructura narrativa que comienza por una perspectiva objetiva y exterior para ir adentrándose en la visión interior de la protagonista, como en un traveling hacia el fondo de la conciencia. Ahí Lope ocupa un segundo plano, pues lo que explora Gracia es cómo siente esa mujer ciega y enferma, y cómo la poesía le devuelve lo que una vez fue, y cómo dolor, belleza y memoria redimen a ambos amantes. Los sentimientos de Lope, que nunca tuvo empacho en hablar de sí mismo, ya quedaron sumamente diáfanos en su égloga Amarilis (1633).

Los dos poetas coinciden en comparar la mirada de Marta con el mar (paronomasia incluida, además, en Gracia). "Abre tus ojos verdes, Marta, que quiero oír el mar", cierra Hierro su poema. El autor de Bajo el signo de Eros, por su parte, ha hiperbolizado la imagen y habla de "un océano azul". Sin embargo, el único mar que aparece en la égloga de Lope es el que destilan los ojos del pastor Elisio, trasunto del Fénix, arrasados por el dolor de la muerte. Los ojos de la amada son esmeraldas, luces, soles, luceros... El naufragio en la mirada de la mujer parece, pues, cosa exclusiva de la Modernidad literaria; los clásicos naufragaban en su propio dolor y para los ojos del deseo solo tenían cartografías de luz.

Antonio Gracia se fija fundamentalmente, como en otros poemas del libro (el también certero "Eloísa y Abelardo"), en la relación entre el amor y la literatura. Marta, en su ceguera final, ha encarnado literalmente la poesía y ambas son o han sido objeto de deseo; los versos que ya no puede leer y que residen en su corazón son los que la han construido como amada. El amor, la mujer y la poesía son ya una sola cosa en ese tiempo último tendente a la elegía en que "la realidad y el sueño se le juntan".

Ese hombre, él mismo ya inclinado hacia su final, la abraza "con más ternura que pasión". El Fénix que fue, en acierto expresivo del poeta, laberinto habitado por monstruos de poética fiereza, ya no resurgirá de sus cenizas; quizá el fuego en que debía arder de nuevo calló bajo la lluvia del dolor o ya no había combustible para más amar, después de haber amado tanto. En los recovecos de su alma (medio sacra medio pagana), Lope se ha perdido esta vez sin hilo que le muestre el camino de vuelta, pues de la madeja de luz de los ojos de Marta ya solo se deshila oscuridad, y lo que ella tiene que ofrecer es únicamente memoria, una frágil hebra.

Antonio Gracia ha jugado en el poema de manera magistral con los encabalgamientos, quebrando continuamente el ritmo y la sintaxis, quebrando el hilo del discurso, haciendo el trabajo de una Parca, que no por inexorable es menos delicada, como él siempre lo ha sabido ser con las criaturas que encarnan el poema, la belleza.

Aventuras poéticas: Ramón Bascuñana

Presentación del libro

El centro de la sombra
de 
Ramón Bascuñana

Intervienen
Pilar Blanco y Ramón Bascuñana

Librería 80 Mundos
General Marvá, Alicante

3 de abril, a las 20 horas

martes, 1 de abril de 2014

El abrazo del beso

Ligeti: Lontano

Casi átomo tras átomo se aproximaba el labio al otro labio, recorriendo distancias ancestrales y espacios aún inexistentes, queriendo divisar el paraíso en la cercana boca a la que lentamente, con lentitud de cósmica distancia, parecía querer llegar y no llegar por sentir el disfrute de la humedad batiente de su pálpito y, a la vez, dilatar y esperar aquel encuentro con el edén soñado de las bocas juntándose, estallando y volviendo a la ebriedad primera de la carne, al nacimiento pleno de la luz, al origen de todos los principios, cuando el primer motor de la conciencia universal diseñó que un buen día iba a nacer en medio de la tierra y el agua, el fuego y las tormentas, una especie novísima que pasaría a llamarse, a falta de otro nombre, Amor, el árbol de la dicha. 

Se estremecieron todas las estrellas, y todos los océanos desbordaron su orilla mientras aquella sensación de ebriedad emotiva saltaba de una célula a otra y caían las ropas, se desnudaba el cuerpo y se unía la piel con otra piel, como dos meteoritos esperándose miles de eternidades, lúbricos, amorosos y expectantes.

Finalmente los rostros y los cuerpos se anillaron y ella y él, debajo de la noche y encima de la luz, se unieron en un beso. Y empezó el big-bang íntimo.

Desde entonces, el Amor es la única trinchera de este mundo.



El abrazo indomable

Monólogo del cisne (El abrazo imposible)

El abrazo entre plumas

El abrazo en el cuadro

El abrazo inasible

El abrazo iniciático

El abrazo sin plétora.

El abrazo dulcífago

El abrazo inedénico

El abrazo a la muerte.

Como si fuera mi Autobiografía (El abrazo final)

El abrazo interrupto

El abrazo cautivo

El abrazo inmortal

El abrazo caníbal

El abrazo coital

El abrazo placebo

El abrazo sin rostro

El abrazo perdido (Carpe diem).

El abrazo truncado

El abrazo suicida

El abrazo invasor

El abrazo de plástico

El abrazo no dado.

El abrazo dichoso

El abrazo a la vida

El abrazo sin cuerpo


El abrazo amoroso