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domingo, 26 de abril de 2015

José Luis Zerón Huguet: LA AVENTURA POÉTICA DE ANTONIO GRACIA (III)


Tras seis años de silencio literario, Antonio Gracia regresaba a la poesía con una antología titulada “Fragmentos de identidad” (Aguaclara, 1993). Este volumen, encabezado por un excelente estudio del crítico Ángel L. Prieto de Paula, reunía una selección amplia de los tres libros más representativos de Gracia, más un conjunto de poemas inéditos titulado “Iconografía del infierno” y un metapoema en prosa: “Poética para una poesía  sin poetas”. Este libro vino a recoger y a ordenar una obra dispersa y mal distribuida que mostraba a un autor compacto, que nada tenía que ver con lo que se estaba escribiendo durante aquellas décadas en el panorama poético español. Marcó, sin duda alguna, el hito de inflexión definitiva en la trayectoria pública del autor.
     Durante algunos años Antonio Gracia sigue sin dedicarse a la creación lírica, aunque escribe artículos periodísticos y ensayos. Tras la aparición de un pliego dedicado a su poesía en la serie “Alimentando lluvias” (Diputación de Alicante, 1997), rompe al fin su silencio creativo con Hacia la luz -1998-, al que seguirá Libro de los anhelos -1999-, ambos publicados por la editorial Aguaclara.
     Gracia continúa aumentando su bibliografía con nuevos títulos: Memorial, una breve antología que contiene en su mayoría poemas de sus dos últimos libros (“Verso y prosa”, Biblioteca Pública de Orihuela, Generalitat Valenciana, edición de César Moreno, año 2000) y Reconstrucción de un diario (Pre-textos / IAC Juan Gil-Albert, Valencia 2002). Estos títulos evidencian un cambio profundo en la poética de Gracia: la esperanza se impone a la muerte y la voz del autor se hace más reflexiva y solidaria. Sin ser capaz todavía de abandonar el pesimismo en algunos poemas, logra imponer en su última obra el sentido festivo y el goce de la vida, esforzándose en mirar la luz y no la sombra. El poeta rectifica el sombrío leitmotiv de su etapa anterior (Escribir es la prueba definitiva de que vivir no basta) por otro más vitalista: pero la vida es más que la palabra.
     En los tres títulos mencionados no encontramos la provocadora desolación y ferocidad de los contenidos y propuestas existenciales de libros anteriores, ni la destrucción del lenguaje convencional para reemplazarlo por otro argótico. El tono delirante y abrupto cede ante la ternura, la nitidez y el cálido tacto de la palabra. Quien años atrás pregonara el fracaso humano y concibiera la existencia como una condena, propone ahora el Carpe Diem. Lo que era hermetismo solipsista e insolidario hoy es vigor comunicativo. El poeta halla la paz de su dolor no en el clásico camino hacia atrás, sino en la extensión de sí al universo, porque sus últimos poemas nombran la naturaleza del universo. Conviene aclarar, sin embargo, que Hacia la luz y Libro de los anhelos podrían haber formado un único volumen y creo que por cuestiones  de extensión el autor decidió publicarlos separadamente.
     Reconstrucción de un diario es un libro diferente, aun presentando muchas similitudes con los dos libros anteriores, no tanto por los goticismos ni por la narratividad,  que también se manifiestan ocasionalmente en el resto de la obra de Gracia, sino por lo arriesgado de la estructuración. Se trata de una sucesión de estampas acerca de la historia de un caballero contemplativo y estudioso que se ve acosado un día por el amor y la esperanza, que acaban sucumbiendo con la muerte de la amada, plasmando su quebranto en un diario contenido fragmentariamente en este libro. El tono narrativo cede en ocasiones a reflexiones líricas del sujeto que lee el manuscrito original del caballero, quien va siendo poseído por él de tal manera que se lo apropia y lo reconstruye.
                                                                  José Luis Zerón Huguet

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Sobre el autor

viernes, 24 de abril de 2015

Retrato Chandos: El Bardo inextinguible

L. Olivier: Monólogo de Hamlet

Reconstrucción del rostro de Shakespeare:


John Taylor?: Retrato de Shakespeare 

El Bardo inextinguible


Érase el mes de abril de Mil quinientos 
sesenta y cuatro. Fue el octavo día
de la Creación. Los astros conjuraron
el nacimiento de un segundo dios
que creó a Hamlet, a Romeo y Julieta,
a Shylock, a Ricardo, a Otelo, a Macbeht,
a Falstaff, a Titania, al Rey Lear.
Nos dijo, visionario de la mente, 
que la vida es un sueño del que no
queremos despertar, pues preferimos
ser personajes del teatro humano
a inmortales cadáveres divinos.
De la misma materia de los sueños 
y de las pesadillas brotó un orbe.
La inteligencia escrutadora fue 
biógrafa del espíritu carnal. 
La Pluma omnipotente definió 
la condición mortal de la existencia.
Su verbo se hizo hombre al poner rostro 
a los íntimos rostros de los hombres,
y la naturaleza humana es
desde entonces efigie transparente.
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Shakespeare: Otelo
Otros:

Retrato Chandos: El Bardo inextinguible

Jáuregui: Cervantes

Dalí: La búsqueda del Dios

Girodet: Una elegía áurea

Leighton: La confesión de Desdémona

Turner: Canción bajo la lluvia

Hortus conclusus: La rosa mazmorrada

Boticelli: Ilustración de la divinidad

Fragonard: La carta de amor

Klimt: La infinitud del beso

Trovadorius: Una pintura verbal

Klimt: La mujer rutilante

Cuando el Arte es el arte de fingirlo.

Bernini: Ilustración del orgasmo

Cuando el Arte es el arte de fingirlo.

Daguerrotipo: La irredención del artista

Klimt: La invasión de la ruina

Fotomatón: Retrato del autor

Brueghel / Albryght: El Desencanto

Böcklin: La isla de los muertos

Kokoschka: La novia del viento

Eduardo Lastres: La puerta del milenio

jueves, 23 de abril de 2015

El caballero más hermoso del mundo

Strauss: Don Quijote (final)

El libro es la única ciudad a la que nadie puede impedirnos entrar: y El Quijote es, tal vez, la capital que más calles, casas y habitaciones tiene; de modo que cualquier hombre ha de encontrar siempre un aposento en el que acomodarse y con el que identificarse. 

     Faulkner se preciaba de leerlo una vez cada año, quizá porque en sus páginas viven más de trescientos personajes y miles de conceptos para todos los gustos: los idealistas hallarán en Sancho un contertulio que les haga poner el pie en la tierra; los realistas disminuirán su materialismo al compás de Don Quijote; las feministas pueden hallar premisas para sus intereses en el episodio de Marcela (Parte I, cap 11-13); los amantes del amor encontrarán piropos por doquier; los celosos tal vez dejen de serlo con El curioso impertinente (I, 32-35); los jueces aprenderán de la sensatez de Sancho durante su estancia en Barataria (II, 45); los contadores de chistes se solazarán a cada paso, y los amantes de las gorrinerías verbales admirarán el episodio más guarro sin una sola palabra porcina en la aventura de los batanes (I, 20); quienes creen que los consejos son buenos, aunque pocos los sigan -porque solo aceptamos los que nos dicta nuestra experiencia-, agradecerán una breve y sabia colección (II, 42-43); aquellos que admiran el verdadero valor lo encontrarán en Roque Guinart (II, 60) y en las palabras del vencido Don Alonso Quijano en las playas de Barcelona (II, 64); los descontentos de la sociedad comprobarán que cualquier tiempo pasado fue igual, si no peor; quienes necesitan cambiar de libro constantemente, o leen varios intercalando unos con otros, hallarán, en uno solo, una novela de caballerías, otras moriscas, picarescas, amorosas...
     No es cierto que El Quijote sea un libro "imposible de leer": un profesor (de Matemáticas) me lo prestó y lo leí, infante aún y fascinado, en pocos días; tres años después, por mi cumpleaños, compré una edición en un solo tomo: conservo el ejemplar, en el que anoté el tiempo que tardaba en leer cada uno de los once primeros capítulos (me cansé de anotar, cosa que detenía la lectura): redondeando, aquel joven que cumplía 16 años lo leyó en unas 23 horas, a lo largo -a lo breve- de tres días. El mismo tiempo que resulta de sumar una docena de partidos de fútbol o doce telefilmes con sus anuncios intrigantes.

      Innumerables son los autores que han mezclado su sangre con la cervantina y han tomado su obra como fundamento de la suya. No es casual que El Quijote haya servido de inspiración a centenares de creadores. Tal vez sea Richard Strauss, con sus Variaciones sobre un tema caballeresco quien mejor ha recreado al hidalgo manchego. Telemann, Purcell, Salieri, Paisiello, Massenet, Mendelssohn, Ibert, Ravel, entre otros músicos, compusieron suites, óperas, canciones basadas en sus textos. Los compositores españoles también recrearon aspectos quijotescos: Guridi, en Una aventura de don Quijote, recuerda al vizcaíno en lucha con el hidalgo. Gerhard enhebra diversos episodios en el ballet Don Quijote. Oscar Esplá es autor de Don Quijote velando las armas, pasaje que inspiró igualmente a GombauFalla recoge el episodio de Maese Pedro en su Retablo. Montsalvatge retrató a Dulcinea en la Balada y ritornello... Orson Welles y G. W. Pabst, entre tantos cineastas, vieron las posibilidades cinematográficas del soñador altruista, así como otros (Picasso, Dalí, Daumier..) dibujaron su rostro y sus hazañas.
     Innecesario resulta hablar de la huella que Cervantes ha dejado en la literatura. Basta citar a Defoe, Fielding o Dostoiewski. Nada más que en el siglo XVII hay, al menos, 35 obras teatrales inspiradas en él. El tiempo, que es el único filtro que impide el paso a los embaucadores y convierte en clásicos a los íntegros del arte, ha hecho de Cervantes un hito en la historia. No solo de la Literatura, sino de la experiencia de existir, que es la única escuela que enseña realmente a vivir.

     ¿Y por qué esta vigencia? ¿Acaso es un mito del chovinismo español? Por una vez (aunque también en los casos de Goya o Velázquez), es cierto que España posee un tesoro igual o superior a los de otros países. Pues Cervantes hace cierta la verdad que afirma que "en algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia". Y en El Quijote, cada lector encuentra su propia mente reflejada: más allá del humor y la tragedia, Alonso Quijano es un hombre que vive, como hoy, en una sociedad alienatoria que excomulga a los fieles a sí mismos y encumbra a los mestizos del honor. Esa integridad para consigo mismo y en la solidaridad, incluso ante el fracaso, es lo que vieron cuantos aquí he nombrado y cuantos se acercan al libro de los libros. Y eso es lo que hallarán -al margen de sus exquisiteces literarias- cuantos lectores actuales abran y lean la verdadera historia jamás imaginada.

miércoles, 22 de abril de 2015

Somos demasiados


Piazzolla: Libertango cantado "a capella".

Somos ocho mil millones de cerebros habitando este humilde planeta, y cada mente es la suma de experiencias, educación, incultura, opiniones... lo que significa ocho mil millones de criterios diferentes; y cada uno de ellos creyendo ser el mejor y queriendo imponerlo como modelo para los demás. 
Siendo así, ¿no va a ser este mundo un país de discrepancias y enemigos recíprocos? ¿Cómo encontrar un criterio válido para todos a fin de que impere la generosa solidaridad en vez de la destructiva competencia?
La única solución es emprender un viaje en el que se vaya desde el yo hasta el nosotros.

martes, 21 de abril de 2015

El abrazo egoísta

Brahms: Canción de cuna

Paula y Pablo tienen un problema:
- Me he enamorado de otro.
- Y yo de otra.
- Entonces todo se soluciona.
- Yo creo que se complica.
- ¿Por qué? El dolor vendría si uno de los dos continuase amando al otro.
- El dolor viene porque querremos abandonarnos mutuamente para empezar de nuevo.
- Eso es. Todos los enamoramientos terminan. Hemos tenido la suerte de que nos haya ocurrido a los dos al mismo tiempo.
- Y dime: ¿Solo contamos tú y yo? ¿Qué ocurre con el presente que hemos construido desde hace años, con el  proyecto de vida, con nuestros hijos ...? 
- Les daremos lo mejor...
- Lo mejor para ellos son sus padres, su hogar... ¿Qué culpa tienen de que nosotros prefiramos nuestra libertad a nuestra responsabilidad con ellos? Que tú y yo acabemos significa que acabamos con sus vidas junto a nosotros. Preferimos nuestro derecho a nuestro deber. Y eso no lo cambia nada.
- No podíamos prever que acabaríamos...
- Pues debimos preverlo, y no tener hijos, o decidir seguir juntos aunque dejásemos de amarnos como al principio...
- Es cierto: no podemos divorciarnos de los hijos...
- ... Y entonces, ¿qué hacemos?
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lunes, 20 de abril de 2015

Jáuregui: Cervantes

Guridi: Una aventura de Don Quijote

Jáuregui: Retrato de Cervantes

Cervantes

Frisaba el año Mil seiscientos cinco.
Un hombre desolado descubría
que luchar por la gloria es alcanzarla.
Lo aprendió en una cárcel, desafiando
adversidades, túmulos, olvidos.
Y sufrió los destinos caprichosos
de piratas, aldonzas y rufianes.
Luego dio su experiencia a un triste hidalgo
y lo lanzó a vivir cuanto vivió:
afrontando derrotas como si
fuesen la redención de toda lucha
y la premisa para la victoria.
Dos hombres dialogando sobre un sueño
que debiera cumplirse y no se cumple
conquistaron con su fracaso el orbe.
Soñar con la justicia universal
como un sermón de la montaña humana
es plantar la bondad más fraternal
en el solar del corazón del hombre.
Asedios a la luz son las palabras.
Las páginas de un libro son el arma
pacífica, invencible, redentora.
Quien no sueña con mejorar el mundo
merece su desprecio.


El sueño imposible

domingo, 19 de abril de 2015

Sin perdón



UN RATO CON DON QUIJOTE

Suele decirse que nunca segundas partes fueron buenas. No es así, como demuestran la Segunda Residencia en la tierra, de Neruda, o El padrino II, de Coppola, y, sobre todo, El Quijote de 1615 (aunque fue la tercera, teniendo en cuenta la apócrifa de Avellaneda).

400 años hace que Cervantes lo dio a la imprenta, y sigue vigente la historia del soñador de un mejor mundo que, aunque desengañado una y otra vez por la realidad cotidiana, no quiere admitir que, tal vez, el mundo no se merece soñadores.

Aunque es la aventura de los molinos de viento la que suele representar a Don Quijote, esta no es más que la representación del quijote humorístico, no la del noble hidalgo bienintencionado y redentor. Todavía Cervantes no había comprendido la grandeza de su personaje y solo buscaba burlarse de las novelas de caballerías. Pero si el lector acude a su primera intervención social –la aventura del joven obrero azotado por su empresario, capítulo IV, Parte Primera–, verá que es la generosa solidaridad la que mueve al héroe cervantino.

Sin embargo, Don Quijote, tras dar la libertad al joven con su lanza, se aleja creyendo que su buena intención ha cambiado el mundo. Su error consiste en creer que promulgando una ley sobre la bondad –su sentencia de que el empresario debe ser bueno con sus obreros– los hombres van a ser, sin más ni más, buenos. Y no es así. Los hombres –o muchos de ellos– prefieren ser malos si su maldad les lleva al triunfo, y reinciden si no temen un castigo acorde con su culpa.

Don Quijote no es consciente de su autoengaño: pero los partidos políticos sí. Y sus representantes también. Por eso no basta con promulgar leyes, sino que es necesario hacerlas cumplir inexcusablemente para desterrar la impunidad. No basta con quitar puntos del carné, sino que hay que quitar el coche a quien no respeta las leyes de tráfico; no basta con enviar de vacaciones a la nieve a quien ha delinquido para que el fuego de su castigo sea más llevadero; no basta con dedicar un rato de mala prensa a quien pudo ser presidente y, al parecer, solo lo fue de la sustracción a cuantos confiaron en él. Hace falta un Don Quijote que no crea que basta con avisar. Y es necesario que las sentencias no se queden en mera declaración de intenciones: que eso es lo que, al fin y al cabo, constituye el fracaso de Don Quijote: de la sociedad.