Comprende, amada mía, que es difícil conciliar los gladiolos con las rosas o los narcisos y las azucenas. Une en un ramo uvas con arándanos y sus colores cegarán los ojos
como estrellas que extinguen su fulgor.
Así nuestras virtudes son defectos
si no las rige la serenidad.
Del mismo modo y por igual motivo debemos separarnos: porque juntos, aunque esplendentes, nuestros corazones convierten su ebriedad en un infierno.
El mundo camina tan deprisa que a menudo el ser humano no puede seguirlo y se estanca en su carrera interminable. Antes se necesitaban siglos o décadas para que se alterase nuestro alrededor y, por tanto, se reciclase adecuadamente nuestro interior. Ahora el progreso anquilosa de un día para otro nuestra mente en el día, el año o la década pasada. Y ya somos peregrinos de un desierto en el que pocas arenas movedizas se comprenden. Convivimos -de mala manera- aquellos que piensan como en el siglo pasado, los que piensan en 1984 y los que fantasean con el futuro: irreconciliablemente. Somos nuestros propios alienígenas.
La proliferación de medios comunicativos, paradójicamente, ha distanciado a las personas y sustituido la enriquecedora conversación por superficiales telegramas electrónicos.
No se puede detener el Progreso; pero parece innegable que deshumaniza. El individuo ha sido suplantado por la muchedumbre, y el valor del corazón por la moneda y el precio del dinero. Las tecnologías han alargado la vida, pero los longevos no saben qué hacer con ella. El "estado de bienestar" no quiere -o no es capaz de- acabar con el "estado de malestar": y los cadáveres del hambre continúan creciendo.
Se han cambiado los valores que rigen la conducta, hay menos guerras cruentas... pero el sufrimiento no ha decrecido...
¿Tan difícil es conciliar el inevitable avance social con el avance humanitario y el reparto de la riqueza para acabar con la pobreza?
¿Cuándo se creará, por ejemplo, un Ministerio Universal de la Solidaridad?
y no saber cómo dejar de amarlo porque anhelas que un día llegue a amarte: el amor se transforma en sufrimiento y el sufrimiento empuja a amarlo más. De ese modo he caído en tal abismo que cuanto más te alejas más me acerco
y cuanto menos me amas te amo más, pues más amor espero cada día sin causa ni esperanza ni razón.
Qué doliente pasión, qué oscura luz. Qué triste que amor funda vida y muerte.
Para vivir nos basta con haber nacido y seguir unas normas sociales.
Amar es otra cosa: es una fiera que de pronto nos topa el corazón y nos muerde la carne.
Convivir sí es difícil. Primero hay que vencer al egoísta que hay en nuestro interior, hacerle comprender que las masas no cuentan, que lo que importa es la solidaridad de dos que se completan y toleran, que mantienen su individualidad sin interferir en la del otro y al mismo tiempo forman una unidad de dos interdependencias. Es preciso haber vencido a la fiera del amor que nos enfebreció, domarla, domesticarla, convertirla en animal de compañía, quitarle su agresividad, meternos en su piel como en un traje cómodo que nos ayuda a vivir con alegría y también sin cupidos, ni hadas, príncipes o princesas. Volver a enamorarnos, sí: enamorarnos de lo cotidiano, de la dicha del sosiego.
No es difícil conseguir que nos amen; lo difícil es lograr que nos sigan amando.
Decididamente: no es fácil convivir. Sobre todo cuando se espera que sea el otro, la otra, quien lo dé todo.
En los años cincuenta alicantinos predominaba, junto al tema social (Manuel Molina, Ernesto Contreras...), el religioso, más eclesiástico que espiritual (Santiago Moreno, Vicente Ramos...). Fue RafaelAzuar (*) quien, con un espíritu proteico, más helenístico y sensual, juntó lo pagano y lo cristiano, el amor hogareño y el amor pánico a la existencia, tratando de conciliar a Dios con los dioses. Dios está en la Naturaleza, como se observa en el siguiente poema.
El título inicia una estampa del origen de la creación. 20 endecasílabos arromanzados -y no muy inspirados, pero sí algo deslabazados, como si el poema estuviera sin finiquitar- pretenden ilustrar el instante en que empezó el mundo: milagrosamente, una luz, "eco de Dios", intemporal, abisal y cegadora, como un "éxtasis de almendra", ilumina, creadora, los elementos arcillescos: "el arroyo, el árbol y la tierra".
Fiat lux
Rodeados de sombra luminosa, de una luz que nos ciega y nos desvela, inmensa luz desconocida, intacta, que gira como rosa dulce y lenta ... ¿Desde cuándo, hasta dónde, la luz gira? Y nadie puede ungirla, detenerla, tocar su entraña de amorosos hilos, desnudar en el aire su materia. Eco de Dios que de los cielos vino, abismo cegador que al alba llega. Nunca fue una palabra obedecida de tan hermosa y ejemplar manera. De Su palabra al rayo un breve instante generador de un éxtasis de almendra, una mañana desde dentro y pura que ignoraba su eterna primavera... Y nada que rozar y nada en torno... ¡Solo la luz, sobre la nada inmensa! Más tarde, la luz pura y detenida sobre el arroyo, el árbol y la tierra.
(*)
Hace años enviaba yo a diferentes alumnos a entrevistar autores, a fin de que viesen que la literatura no era un cementerio de cadáveres del pasado sino también una ciudad de vivos del presente. Conservo una vídeograbación de Azuar, entre otras, hecha en su casa -a la que él me había invitado para entrevistarme años antes y cuyo coloquio publicó, junto a algún poema, en un periódico alicantino.
Mi nombre es Odiseo, el que divisa desconocidos horizontes, légamos de otras maneras de entender, vivir y circunferenciar el universo. Amo la lejanía, en la que hallo a quienes, como yo, quieren ser otros para ser uno ecléctico de todos. Mi camino es el mar, cuyas orillas me descansan del viaje de la búsqueda. Mi bitácora apunta mundos nuevos, fecundas realidades, argonáuticas lejanías. Las olas son caballos, émulos del troyano, que me abisman en torbellinos mientras me dirijo a mi origen, la cruel constatación de que ayer y mañana son otro hoy. El tiempo es un camino inexorable y el pasado regresa como un túmulo. Yo soy un cinegético animal. Busco el amor en cada singladura mientras Penélope en sus brazos mi cárcel va tejiendo y destejiendo.