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viernes, 4 de abril de 2025

Un mensaje encontrado -tal vez tuyo-.

ANTONIO GRACIA I

TRES POEMAS ÓRFICOS


29 de diciembre de 2022

Antepenúltimo día de este año. Esto se acaba. El último, antes de salir, que apague la luz. Va llegando el acabose. Recibo un mensaje que se lanzó al espacio virtual el día 20 de septiembre de 2019, hace ya más de tres años. Un mensaje de Antonio Gracia, que entiendo como un regalo postrimería que rinde culto a una amistad de hace más de medio siglo. Me envía, de parte de Oniria -algún día diré algo de Oniria-, un poema titulado “Tres epitafios órficos” cuyos títulos son: La muerte universal, Las ruinas de la luz y Laberinto estelar.

            El poema está en El Cuaderno. Cuaderno Digital de Cultura.

De este trío de epitafios traslado al posible lector el tercero, que sirve como muestra del «existencialismo o fatalismo agónico» en que se mueve el escritor a lo largo de su dilatada profesión de poeta. Ya ves que los versos están dirigidos a ti: 


Laberinto estelar

Mira una noche clara la inmensidad azul 
del firmamento, observa la transparente urdimbre
de los astros, el mágico estallido
de luz. Sobre tus ojos la galaxia de Andrómeda
agita sus estrellas
como infinitos átomos gigantes.
A un millón de años luz de ese bosque solemne
vives tú, enamorado de tu gran corazón,
un astro diminuto que late y te recita
palabras armoniosas que siempre te convencen
de que tú eres el rey del universo.
Y sin embargo yaces en un rincón oscuro
limítrofe de nada, tan lejano
de cualquier referencia y claridad
que si Dios nos buscase no nos encontraría.

He recibido un regalo. Un poema representativo de un poeta español del último tercio del siglo XX y comienzos del XXI. Y he querido devolverle la gentileza publicando algunos de sus versos acompañados de una imagen que atrapé anteayer cuando el sol se ponía sobre la sierra de Orihuela, poco antes de que Andrómeda se me apareciera y se casara con Perseo.



jueves, 3 de abril de 2025

En Arte no hay democracia

 

Declaración del Individuo

31524

Diapasón.

Clara Wieck: Mazurka

Diapasón

Uno

No hay más hermoso adiós que aquel que deja
un cuerpo en otro cuerpo.
El alma siente el resplandor desnudo
de la carne tremante.
Brilla la oscuridad y transparentan 
sus enigmas las sombras.
El fragor de los sexos ilumina
con diamantes y estrellas
el laberinto de la plenitud.
Y todo es melodioso.


Dos

Asomado a tus ojos miro el cielo
oscuro y transparente, donde yacen
terciopelos, diamantes, armonías.
Abrazo tu cintura y los jazmines
perfuman mi dolor y lo transforman 
en suavidad y lasitud: en júbilo.
Si me acerco a tu cuerpo toco a Dios
y a través de la carne llego al alma.

miércoles, 2 de abril de 2025

Tino Casal Eloise new versión

Mientras tu vida fluye hacia la muerte

 

                            Albinoni: Adagio

Llega la edad ligera. Miras cómo 
se va acabando el horizonte que aún 
podrás divisar. ¿Qué has hecho? ¿A quién 
le ha reconfortado tu existencia? 
¿Quién te recordará? ¿Cuántos te aman 
y a cuántos has amado de verdad 
dándoles vida, haciendo sonreír 
su tristeza, elevando su alegría? 
¿Hubieras dado acaso 
tu vida por salvar la de otros hombres? 
¿Te has entregado alguna vez tan solo 
por el placer de darte? 
¿Eres creador de un libro, un hijo, un árbol? 
Tu legado, ¿cuál es? ¿Diste consuelo? 
No sabes ni por qué naciste ni 
por qué debes morir. El mundo 
sigue igual contigo que sin ti. 
Lejos queda el pasado, y el presente, 
más que fuego, es ceniza. 
Los párpados del sueño 
crearon utopías: ¿acaso te esforzaste 
para que fuesen realidad, o acaso, 
por creerlas inalcanzables, diste 
tu derrota como un escepticismo 
y una premisa para los demás? 
¿Quién eres? ¿Y qué harás mientras recorres 
el camino que aún tienes 
que andar hasta el ocaso?
Sal de tu corazón, mira el ajeno 
y palpita con él: 
porque la vida es más que ver vivir.

martes, 1 de abril de 2025

En el mercado del arte

 En el mercado del arte


Justo es que el artista pretenda vivir de su arte. Lo que no parece tan justo es que el artista sea injusto con el Arte prevaricándolo para vender su obra. 

     No todo artista es capaz de ser fiel a sí mismo como creador, sin perturbar los principios flexibles de la creación artística, y al mismo tiempo contentar a quienes configuran la opinión de las mayorías para hacer accesible su creación al gran público. Que una cosa es el íntimo taller del creador -el laboratorio donde el espíritu hilvana sus ecuaciones pictóricas, musicales, verbales...- y otra la sala de exposiciones, el auditorio o el libro. Pocas veces el autor no entremezcla en su paleta, pentagrama o pluma los elementos que considera necesarios para vender cuadros, entradas al concierto o miles de ejemplares. No todos subordinan el afán de éxito al ansia de crear en libertad y equilibrio, aunque esto les suponga el aislamiento y la falta de aplauso. 

     Para ello, primero hay que tener conciencia de si se es artista o artesano, consumado maestro o contumaz aprendiz, si se posee exceso de autoestima o feroz autocrítica: conciencia de que vive para crear y no de que crea para vivir de su creación; de que está poseído por la pulsión creativa y no por la de poseer fáciles entusiastas.

     ¿Cuántos consiguen aunar la fidelidad a su arte y la aceptación del público, como Lope o Shakespeare? ¿Cuántos, como Orson Welles, se rigen por el criterio de la creatividad responsable -aunque le supusiera el desdén de los magnates del cine-? ¿Cuántos, ajenos al mercantilismo, ahondan en su espíritu creando, como Van Gogh en su búsqueda introspectiva, un cuadro al día, sabiendo que ese ensimismamiento reducirá su venta a solo un cuadro a lo largo de su vida? Sin embargo, ¡cuánto Avellaneda hay que confunde el valor con el precio y el arte con el éxito, hasta valorar su obra como si fuera un objeto pensado para la subasta! Cuando una obra se lanza al público este se convierte en dueño de su interpretación: ¿y ni siquiera va a ser el autor dueño de su creación?

     No se corresponde con la realidad síquica la afirmación de Picasso "Yo no busco, encuentro". Porque para encontrar se necesita saber qué se busca: y eso precisa toda una vida de esfuerzo, indagación y preparación a fin de desechar caminos que ni siquiera son sendas: entonces la mente, obstinada en sortear dilemas y alumbrar la luz, ve la verdad incluso cuando apenas mira. Así es como resulta fácil encontrar fácilmente hasta cuando parece no buscarse.

     El arte no es una profesión elegida sin más ni, tampoco, solo una dedicación. Es intuición y reflexión, sentimiento sometido a la técnica, libertad -sin libertinaje- para concebir la obra, y responsabilidad para ejecutarla. Es un producto irracional que la razón purifica. No es un creador auténtico el que se aparta de la tradición con sus innovaciones y experimentalismos, sino el que enriquece con estos la clasicidad y la actualiza: porque la referencia del arte es el hombre en busca de armonía, no la paleta, el cincel, la partitura o la pluma deshumanizados o lúdicos. 

     ¿Alguien cree que los autorretratos de Rembrandt o Van Gogh, y los sucesivos acosos al icónico retrato El grito de Munch, son repeticiones sin más, en vez de esforzadas tentativas de hallar el rostro de una verdad humana, tras apartar las mentiras de los contentadizos artistoides? ¿Alguien cree que la Novena de Beethoven nació espontáneamente y no fue la culminación de 20 años de inspirado trabajo pertinaz, sin dejarse llevar por los relumbrones cacofónicos?

     Créese para el individuo, no para la muchedumbre; para el hombre sintiente, no para el teórico erudito; para el corazón objetivo, no para la razón caprichosa. Para la Historia, no para las modas. Para los Velázquez, Bach, Cervantes, innovadores desde su tiempo para todos los tiempos.


lunes, 31 de marzo de 2025

Acensión al amor


Albinoni - L. Fabian: Adagio

La doncella incendiada

La noche en nuestra piel provoca lumbres,
suspiros, y seísmos, y agonías
que se convierten en resurrecciones
en ese otro universo que llaman misticismo.
Entre aquelarres de divinidades
nuestros cuerpos florecen amapolas
y légamos de dioses que antes fueron presagios
de dulces sortilegios misteriosos.
No hay laberintos falsos ni cónclaves oscuros,
atavismos espurios o ludibrios errantes,
sino voces calladas por los fuegos 
de inquisiciones turbias y héroes de los infiernos.
La noche en nuestra piel frunce oleajes
y nos convierte en astros de un cosmos interior.
El firmamento es un océano errante
y las estrellas son azules cánticos.
Si me acerco a tu cuerpo toco a Dios
y a través de la carne llego al alma.
La luz es la alba cueva en la que entramos.
Una suave columna, como una estalactita
de diamante, destila ámbar y amor
sobre mi corazón alzado hasta mis pechos
coronados de arándanos rusientes, 
y sorbes su elixir mientras mis labios 
estallan en un beso que es un grito
cuando tu estalactita azumbra (*) en mi
garganta.

(*) En otros internescritos,  estalla