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1)
Hay autores que trasvasan la escritura de otros a la propia, y autores que atribuyen su vida -y su escritura- a otros. A veces la literatura acaba colonizando la existencia y usurpándola. Aunque "la vida no la dictan las palabras", sino que, al revés, siempre acabamos autobiografiándonos: desnudos o con disfraces.
En Nemesio Martín Santamaría hay esas dos plumas que confluyen en una, dictadora o esclava de la otra, pero libres ambas como ejercicio de confesionalismo involuntario y de voluntaria devoción por los muchos poetas que en el mundo profesoril han sido. Ya el título de su primer libro, "Innumerable sonrisa", procede -o no- de un verso de Juan Ramón Jiménez: "... mar pleno, innumerable sonrisa", que a su vez procede -o no- del "Prometeo encadenado" de Esquilo: "... fuentes de los ríos, y sonrisa innumerable de las olas marinas...". ¿Sonríe innumerablemente la poesía de Nemesio? ¿Es elegiaco o hímnico? La vida es erotismo y óbito, fragmentos de fuego y de ceniza. Y la escritura es eco de esa dicotomía.
Me pregunta su viuda qué poemas me envía, de qué tema, si largos, cortos, publicados, inéditos... No hay -no debería haber- más que poemas buenos: los que nacen regulares deben mejorarse hasta convertirse en buenos, o tienen que desecharse para que no existan los malos. ¿Juveniles, de madurez...? Ninguna circunstancia altera la esencia; y, al final, sobran todas: incluso el autor pasa a ser una circunstancia del poema. Porque un poema es la suma de todo lo vivido y lo leído, el goteo de todos los manantiales de los que hemos bebido: los milenios de historia humana y de escritura asoman en cada acto y en cada palabra unida a otras palabras. De modo que las obras -músicas, cuadros, versos...- que perduran son las que, independizadas de sus abalorios, fechas, datos... se salvan del naufragio del tiempo, ese invasor de la existencia que solo acepta en su lecho a quienes nunca fueron mestureros ni versópatas.
2)
El poema aquí recogido, aunque brota como una estampa social, no se deja vencer por el social-realismo, la denuncia de la inmigración y sus hambrunas, sino que va abandonando el "cuadro de costumbres" y muestra con delicadeza y con ternura lírica crecientes un hecho de la vida cotidiana: la niña que "venía de la mano con mi hija"-. También, como poema-cuento más que como documento, ni el tema ni su expresión eluden las alusiones literarias, todas relatoras: Las mil y una noches ("Aladinos intrépidos / por los mágicos cielos ...") o el Rubén Darío de A Margarita Debayle ("en el palacio, malaquita y oro / de un visir de Bagdad..."). La inocencia de la niña echada al mundo y sufridora de sus infortunios estremece al poeta desde "sus ojos o ascuas / de diamante vivo", quien acaba, como al final de El pequeño príncipe, ("si alguien la encuentra..."), pidiendo a los lectores que agradezcan a la niña "tanto amor y miel / como ella nos dejó". Así, como tantas veces repito, lo que empieza en elegía termina convirtiéndose en himno.
C)
Paralelo al anterior parece el siguiente, o un ensayo, o reiteración, del mismo. Indefensión de la infancia, miseria, ojos... Ambos son inéditos.
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Algunos trazan estrategias artísticas para burlar la mortalidad y crean efigies de sí mismos que pretenden ser inmortales: los pintores, músicos, poetas, los gladiadores de palabras, pentagramas, dibujos...
Aquel que se derrama en la palabra, por ejemplo, sueña con verse manuscrito gutenberguianamente en libro para decir: este soy yo, a pesar de vosotros y de mí; nadie me matará, viviré siempre.
Huele a imprenta su carne, sueña ya que es un libro...
Pero ya ha muerto Gutenberg para gloria, o desgloria, de la página internética.
El hombre y la mujer que hoy aparecen editados son otros hombres y otras mujeres, distintos todos: porque no ha muerto el mundo, pero sí nuestro mundo. Ya no corre la misma sangre, ni funcionan igual nuestras neuronas: dan vida a otros humanos que construyen con criterios distintos.
Hemos muerto hace tiempo y no lo recordamos. El virus fue la primera errata de ese nuevo mundo.
He aquí un fragmento de Informe pericial:
VII
[Gutenberg, Copérnico]
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Pulsar para Escuchar a Vicente Luengo
EN UN SUSPIRO Sólo hay una manera justa de estar en este mundo parasitado y es sabiendo que nos enviamos nosotros mismos desde aquí arriba. Hermano, sólo una manera lógica de vivir bajo el manto de los chemtrails y es sabiendo que un suave pestañeo del Padre disuelve los metales y nos devuelve el azul en un suspiro. Sólo una manera sensata, hermana de asistir a la ruina de tu hermoso cuerpo y es sabiendo que tu doble luminoso te sigue siempre fiel nuevo, puro y radiante a todos los finales. Solo hay una manera justa de seguir en este mundo y es sabiendo que nos enviamos nosotros mismos desde aquí arriba. Desde aquí arriba nos enviamos nosotros mismos. Desde aquí arriba. Desde aquí arriba. Desde aquí arriba.
Oh, tierra, abre tus brazos
y a tu entraña vayan,
para nacer en bosques de silencio,
estos hijos que mueren en plena
sed de vida, en un ímpetu claro
de victoria.
No habrá bastantes campos
ni bastantes coronas y laureles,
para labrar sus fosas
y recoger su sangre,
todos son héroes y su angustia pura.
Las aguas llevan su dolor y quejas,
toda la España huellas
de sus pasos,
y en cada roca queda hincado
un grito, y en cada valle
un cántico.
En estas noches claras,
recostadas en ancha paz idílica,
un frenesí de muerte se derrama,
acoge, madre-tierra estos soldados
y pide a las estrellas
la eternidad de sus lejanas lágrimas.
(Otoño, 1937)
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de diamante y coral. Y sin embargo,
cuando los hombres construyeron
su identidad de grupo y de individuo,
establecieron leyes, rangos, líderes.
Y fue la astucia el más preciado bien
-como demostraría el gran Ulises-.
Precisa inteligencia, esclavizar
la mente de los otros a las propias
premisas, conducirlos
a una innegable conclusión que urdimbre
todos los elementos silogísticos
y los convierta en sátrapas
del sentipensamiento y la existencia.
La muchedumbre quiere soluciones
y cree en quien las da aunque sean inciertas
porque anhela respuestas, no preguntas.
¿Y cuál es el factor
común de la existencia?
¿Es la capacidad intelectiva,
el humanismo del conocimiento,
o la mentalidad contentadiza?
Lo efímero y banal sustituyó
a todo lo esencial y perdurable.
El avance de la Incultura es
el motor de la Historia,
el más fiero Progreso.