Mientras mi vida fluye hacia la muerte // antonio gracia
Visitas
Seguidores
martes, 26 de mayo de 2026
Me olvidé de la vida al escribirla
lunes, 25 de mayo de 2026
La estructura del mundo.Traducción de Lucrecio

TITO LUCECIO CARO
LIBRO V (vv 1379-1435)
EL DESCUBRIMIENTO DE LA MÚSICA
armoniosas canciones y poemas,
los hombres imitaban con su voz
los deliciosos trinos de las aves.
Y la brisa, silbando suavemente
al entrar por los huecos de las cañas,
enseñó a aquellos bastos aldeanos
a soplar los primeros caramillos.
Poco a poco aprendieron a tocar
con sus dedos la flauta, a cuyo son,
siempre que los pastores descansaban,
empezaron a oírse por los bosques,
las selvas, los desiertos y collados
sus quejas transformadas en canciones:
lentamente va el tiempo dando a luz
las diferentes artes, que después
acaba de afinar la inteligencia.
Con músicas y cantos los pastores
se divertían y se consolaban
de todas las durezas de la vida
cuando habían acabado de comer,
echados casi siempre en el colchón
blando del césped, cerca de un riachuelo
y a la sombra de algún árbol frondoso.
Sin hacer gasto alguno disfrutaban,
y más si el sol lucía y el buen tiempo
en primavera hacía verdear
la hierba salpicada por las flores.
Se desataba la conversación
entre juegos y risas agradables,
pues, al llegar la musa campesina,
la voluptuosidad se despertaba,
incitando a cubrirse con guirnaldas
entretejidas de hojas y capullos
la cabeza y los hombros, y a danzar
moviéndose sin orden ni concierto,
dando patadas a la madre tierra.
Y cuando procedían de este modo
novedoso y extraño, al reparar
en su torpeza y sus traspiés, soltaban
carcajadas y risas divertidas.
Y para entretenerse en su reposo
los que velaban entonaban cánticos
modulando la voz con varios tonos
o, con el labio superior fruncido,
recorrían la caña de la flauta.
Incluso hoy distraemos las veladas
como en la antigüedad, aunque ajustamos
las canciones a reglas musicales;
pero no disfrutamos más por ello
que los antepasados, pues nosotros
tenemos muy a mano ya las cosas,
las conocemos bien, y la costumbre
disminuye el disfrute, mientras que ellos
gustaban de algo nuevo, sin haber
probado anteriormente algo mejor.
Y puesto que lo nuevo hace perder
su valor a lo antiguo, no nos gustan
ahora las bellotas, ni dormimos
ya en camas de hojarasca sobre el suelo,
ni vestimos con pieles de animales
(aunque yo me imagino que el primero
que curtió y se cubrió con esas pieles
sería asesinado por la envidia
de alguien que le robó su vestimenta,
que, ensangrentada y rota en la disputa,
no pudo serle ya de utilidad).
Igual que antiguamente por las pieles,
hoy los hombres pasamos nuestras vidas
luchando por el oro y por los lujos.
Pero actualmente somos más culpables,
porque sin pieles se padece el frío,
lo que explica el afán de conseguirlas,
pero no tener lujos, buena ropa
ricamente bordada con su púrpura
y no disponer de oro no nos daña,
mientras podamos evitar el frío
vistiendo austeramente, como muchos.
Los hombres trabajamos siempre en vano
y gastamos el tiempo en naderías,
porque a nuestros deseos de poseer
no les ponemos límite e ignoramos
totalmente hacia dónde dirigirnos
en busca del auténtico deleite.
Y esto ha llevado demasiado lejos
a nuestra sociedad muy poco a poco,
provocando las grandes conmociones
de las guerras que todo lo destruyen.
domingo, 24 de mayo de 2026
Lucrecio: De rerum natura

De la naturaleza de las cosas
(Para Luis y Ángel Luis, traductores de Lucrecio)
Cuando estaba la vida de los hombres
gobernada por las divinidades
y sometida por la religión,
se alzó un griego y dispuso que sería
la inteligencia el único principio
desde el que descifrar el universo.
Así nació la ciencia, una verdad
que acepta que, aunque efímera, pudiera
ser premisa de otras infinitas.
El principio causal fue que la muerte
convierte la existencia en un cadáver,
si bien sigue este siendo ágil materia.
Por tanto solo existe lo tangible
aunque adquiera distintas estructuras,
que van desde la simple a la compleja,
agrupando esta a aquellas, ordenadas
en diferentes cuerpos. Así el cosmos
es la suma de múltiples corpúsculos
visibles e invisibles: son los átomos.
7624
Visión del otro lado
La carne llama a la carne,
y de la carne se engendra
el espíritu, otra carne
transparente, hermosa, clara,
pero carne al fin, materia
indestructible, pulsión
y espasmo de la conciencia.
Bulle en la carne el sonido
de la piedra, el mar, la luz,
como si reverberase
el himno del universo
y sometiese a cadencias
melodiosas el fulgor
de la música escondida
en los anhelos. La lumbre
agazapada en la sombra
de los sentidos eleva
su armonía sideral
y se asoma por los ojos
hasta las cosas, que fulgen
como transfiguraciones
en la claridad del día.
Los cuerpos pierden su forma
y transparentan sus almas.
Todo se alumbra y convierte
en diafanidad. El ser
no tiene contornos, fluye
inmerso en los otros seres,
es río y mar, manantial.
Las palabras abandonan
su decir; ya no hay palabras:
tan sólo conocimiento.
Qué claro prodigio, el ansia
de trascender la materia,
y qué remoto el dolor
de sentirse atado al hueso.
Todos los cuerpos son almas
en peregrinar constante
hacia la clarividencia.
sábado, 23 de mayo de 2026
Sobre el haiku.
viernes, 22 de mayo de 2026
El imposible edén de la nostalgia
Elegía
Echado sobre el suelo, bajo la sombra azul
del árbol y el destello
de la tarde fulgente,
yo leía, abrazaba la existencia.
El rumor de los sueños caía entre las hojas
y el libro era un aroma de naranjos,
cigarras encendidas
y secretas estrellas que alumbraban
mi corazón de niño hacia la vida.
A lo lejos, un piano iba dejando
su seducción errante en mis oídos,
y el campo convertía sus paisajes
en cuadros que un pincel
armonioso pintaba en mi retina.
Qué inmensidad los ojos
descifraban, hendidos
en la página plena.
Nunca se ha repetido el tiempo aquel
de mi felicidad entre misterios:
todo era verde como
la primavera, el árbol y la dicha.
De tanta soledad hermoseada
solo quedan las ruinas del recuerdo
y el imposible edén de la nostalgia.


