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jueves, 19 de septiembre de 2013

La pizarra magnética

Debussy: El rincón de los niños

La mente es una pizarra magnética en blanco: absorbe y escribe en ella todo cuanto ocurre a su alrededor, y jamás lo olvida. Su memoria es infinita: aquello que no puede guardar en primer plano lo almacena en sus sótanos, en espera de tener que utilizarlo. Allí va lo que parece no interesarnos y lo que nos interesa demasiado pero nos daña. 

En los primeros meses de nuestra vida es una página virgen. En ella vamos tachando y reescribiendo los hechos, que se transforman en recuerdos independizados de la realidad a la que se refieren. Ahí permanecen, en la sombra, y a través de los sueños o las premoniciones se comunican con nuestra conciencia en un lenguaje jeroglífico y secreto de dificultosa explicación o entendimiento. 

Ordenar bien o mal ese laberinto de emociones, sentimientos, impulsos y racionalizaciones es lo que crea cada personalidad y hace a cada hombre diferente. De manera que somos producto de unos genes naturales y otros factores que actúan, con similar fortaleza, como  genes sociales. No siempre están de acuerdo unos y otros, y su choque es lo que nos provoca generosidad, egoísmo, honestidad, desentendimientos, traumas, sociopatía... enemistades incluso con nosotros mismos...

Muchos años tardan en grabarse nuestros mecanismos síquicos, y décadas en eliminarse. De ahí la importancia de adquirir buenos hábitos. Y ese es el mejor aprendizaje: sentirnos dignos de cuanto hacemos y merecedores de cuanto recibimos.



miércoles, 18 de septiembre de 2013

En un mundo sin límites


- Ana: Me ha gustado un cuento de Morin en el que el autor afirma tener nostalgia de otras vidas. Describe visiones intrauterinas, y de hace siglos, e incluso de existencias posteriores a su muerte. ¿Es solo ficción o tiene base real?
- Profesor: Con la teoría de los mundos paralelos, o la nueva astrofísica..., todo es posible. Ya sabes: el tiempo no es el de nuestros relojes, sino que es una nueva dimensión que atraviesa el espacio y puede hacer posibles los viajes espaciales que antes no lo eran. Tú podrías estar en dos puntos del universo, tener otro “yo” en cualquier lugar del tiempo… es complejo y contra nuestra lógica…
- Siempre nos dices que hay que actuar con lógica…
- Sí: con una lógica tan amplia que admita que lo absurdo solo es una parte de la logicidad que aún no hemos conseguido encajar ni asimilar. Recuerda el lema de Sherlock Holmes, el personaje de Conan Doyle: “Cuando se ha eliminado lo imposible, lo que queda es la verdad, por muy improbable que parezca”. Desde Einstein y su Teoría de la Relatividad ha pasado igual que con Colón, Galileo, Newton, Pasteur, Freud y otros: descubren que vivimos en un mundo multiforme, sin fronteras ni límites, y marcan un punto antes de ellos y después de ellos,  por lo que debemos cambiar nuestra visión, las costumbres, las leyes…
- Pero eso es agotador…
- Recuerda: “adaptarse o morir”. Muchas cosas han cambiado desde el descubrimiento de los ordenadores. Regresar a un mundo sin internet, o sin televisión, sería como volver a la Prehistoria. No solo nos hemos adaptado, sino que pocos querrían retroceder en sus costumbres a las de hace unas décadas. Sería como si tú te hubieses detenido y continuaras vistiendo con pañales… ¿Te gustaría?
-Y por qué nos critican tanto por navegar en internet?
- Porque no hay utensilios malos o buenos, sino buenos o malos usuarios.

martes, 17 de septiembre de 2013

Pinos de Roma



He ahí los pinos de Roma contemplando el ejército imperial romano a su paso por la Vía Apia: el estruendo de su trompetería y sus tambores, la marcialidad de los soldados al pisar el mundo al que han vencido con su espada cesárea, el ritmo trepidante y el vértigo de ser conquistadores magnos:


Ese furioso estrépito retrata la alquimia sonora de la orquesta colorista de Respighi, en un crescendo inamovible a la par que trepante en quien escucha. Pocos obstinatos desplegables por la instrumentación hay, después del crescendo del Tristán, y antes del bolero raveliano.

Semejante a un fantasma que despertase del pasado, lentamente parece surgir de la tierra un fragor que se eleva y avanza como si un gigante apresado se fuera liberando milímetro a milímetro y arrastrase con él la invisible cadena hasta romperla en su bramar final:


Este es el cuarto cuadro del  poema sinfónico. Escuchemos ahora la obra completa:


lunes, 16 de septiembre de 2013

El abrazo truncado

Rimski-Korsakov: Sherezade, III

Habían vivido lo bastante como para saber que la experiencia enseña a reconocer los errores del pasado, pero no a evitar los del presente. Él escribía su vida, y ella pintaba la suya. 

Cuando se encontraron por primera vez se supieron fragmentos de un mismo todo. Ambos sabían que el silencio es lo que queda cuando no logramos expresarnos: absoluta soledad o clarividencia fértil. Y también querían escribirlo, pintarlo: para tocar la perfección, siquiera por un instante. 

Durante unas horas se amaron levemente, como si fueran los primeros habitantes de ese país desconocido al que unos llaman amor inalcanzable y otros fascinación ocasional. Y en sus almas guardaron la sonrisa interior de haber rozado un feliz carpe diem.

Entre bromas y veras decidieron marcharse a una isla desierta y robinsónica en la que solo hubiera cocoteros y besos, amaneceres y abrazos, la belleza y la luz. Allí se expresarían solamente los cuerpos, y con ellos el espíritu, la claridad, la alegría de un mundo liberado de la muchedumbre y un universo endulzado por enjambres de estrellas. Eso contemplarían en la noche cimbreada por la brisa: el cosmos y su límite infinito, el abismo del corazón abierto a quien se ama, la escritura abisal, la pintura del vértigo transformado en sosiego. 

Soñaron con la isla donde todo es posible, incluso el renacer de la infancia y la intemporalidad, la redención del primigenio júbilo. 

En la mitad de un beso prolongado, como si un tiburón de proporciones oceánicas mordiera sus entrañas, descubrieron, de pronto, que estaban cometiendo el mismo error a pesar de toda su experiencia y la experiencia de la Humanidad: habían vuelto a soñar.

Y el cielo, hecho pedazos, cayó sobre sus párpados.

domingo, 15 de septiembre de 2013

El compromiso dual

Wagner: El corno solitario

1.- Hace un millón de años la mujer quedaba en la caverna cuidando de los hijos, mientras el hombre salía a cazar y recoger el alimento para todos. Esa misma caverna, como una cápsula en el tiempo, ha ido manteniéndose, viajera y con apenas cambios, durante milenios. 
2.- Digamos que hace un siglo la mujer se asomó con deliberación y voluntad por la ventana de los rascacielos cavernícolas: y le gustó lo que veía. Y se lanzó al páramo en busca de la vida que había llevado el hombre. Quería cazar, traer manutención, ser libre. 
3.- Surgió un problema, entonces: si se igualaba, justamente, al hombre, los niños que cuidaba quedaban sin cuidado. El dilema consistió en conversar o disputar sobre la solución: dos medias jornadas de trabajo -una para cada miembro de la pareja- o un solo trabajo para uno de ellos; o dos trabajos y pagar a quien se encargara del cuidado de los hijos. 
Pero como la pobreza no cuenta entre las victorias, y el mundo se rige por el número de logros, y estos por el dinero que se adquiere, venció la discusión y no hubo dejación de privilegios, sino lucha por adquirirlos, mantenerlos y elevarlos: dos sueldos y poca relación de los miembros de la pareja como emparejados y como padres.
4.- Claro está que vivir es más fácil que convivir: para esto último hay que regirse por el do ut des: y ese recíproco te doy porque nos damos significa renunciar al yo estrictamente individual para integrarse en un yo dual en el que "tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando", sin machismos ni feminismos, posesividad ni exclusividad, esclavos ni verdugos dentro de la unidad de dos. 
5.- Todos los desajustes y desafueros de las sociedades actuales -porque no hay regla con más validez universal que la del efecto dominó- vienen de no haber encontrado solución a ese problema.