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martes, 6 de agosto de 2024

El paraíso.


Mozart: C. piano 21

Sueñas durante décadas sin saber de tu sueño sino que en él hallarás la dicha, pues te traerá El Gran Sosiego. 
     Sientes que aquellos libros mágicos que leíste cuando eras poco más que un niño, y que te transportaban a un breve paraíso, se abrirán de repente y la vida será como el libro feliz del que saldrás para entrar en sus páginas, hechas ahora realidad y pálpito. 
     Caminas por las calles: y la noche se llena de estrellas que te llueven el rostro. 
     Todo se transfigura. 
     Y se ha cumplido Oniria.
     Estás en otro tiempo y otro espacio; y no existen la prisa, ni el miedo, ni el furor, en ese ahora en el que existes y que nunca existió: que todo era cadencia y es sigilo. Temes cerrar los ojos por si acaso, al abrirlos, no encuentras el Edén y todo ha sido el sueño que soñaste soñar que se cumplía.

Fuerza bruta

 



lunes, 5 de agosto de 2024

En el aula causal.


Glass: Metamorfosis

En el aula causal


Profesor: ¿Por qué y para qué estudiar, por qué es mejor aprender que ignorar?,  preguntáis... Esta es mi respuesta: 

        El ser humano es el animal que más tiempo biológico necesita para independizarse de su madre, desarrollarse en cuerpo y mente, adquirir un criterio propio y poder decir "este soy yo": necesita nada menos que unos 200 meses. Pensemos lo que eso significa para nuestra vida: 20 años para convertirnos en auténticos adultos; 20 ó 25 para construir y afianzar una vida fértil y agradable; otros 20 ó 25 para mejorar,  gozar y nostalgiar los frutos cosechados los años anteriores. En resumen, siete décadas, por ejemplo. 

Diana: Ahora se vive más y mejor...

- Profesor: Precisemos, Diana: ahora cumplimos más años y disfrutamos de mejor salud. Lo del bienestar, lo dejamos para otro día. Y continuemos -silogísticamente, deductivamente, como siempre-: no viviríamos el último tramo si no estuviésemos vivos durante el segundo, y...

-  ...que no somos niños, profe... –interrumpe Diana, olvidando que debe levantar la mano para intervenir-.

- ... Y no viviremos bien el segundo tramo -ni el tercero- si durante el primero no hemos plantado todas las buenas semillas que fructifican después... Sandra, ¿qué es inevitable deducir de esto?

Sandra: Que el primer tramo es el más importante, o el determinante del resto de la escalera. 

- Y tú, Pablo, ¿qué harías si fueras a construir una casa, o una escalera?

- Pablo: Reforzaría los cimientos y aseguraría el primer peldaño...

- Profesor: Bien... Dejemos las parábolas y vengamos a la vida: confieso que durante muchos años he dicho -acogiéndome a la cita de Diego Torres- que "cuando quiero viajar leo un buen libro", porque cada libro es un viaje a la vida de un hombre. Pero, aunque hay que leer, la vida es más que la palabra. Por tanto, hay que vivir sin malvivir... Imaginemos ahora que todos vais a hacer un gran viaje. ¿Quién se quedará en el hotel, "a la bartola", en vez de salir y traer los ojos llenos de imágenes, los oídos llenos de músicas, la mente plena de experiencias con las que cultivar recuerdos y plantar proyectos? 

María: ... me apunto ya a ese viaje. ¿Cuándo salimos...?

- ... Pues ahí tenéis la respuesta a vuestra pregunta inicial. La vida es el gran viaje. Y aunque sea un viaje no solicitado, la vida nos ofrece todo lo que un itinerario infinito nos puede otorgar. ¿No sería de necios permanecer "a la bartola" mientras el viaje fluye, en vez de llenar las maletas de la existencia con cuantos frutos y semillas encontramos, con paisajes -y libros-, realidades y sueños, conocimientos, en fin? Creo que nadie tiene derecho a malgastar la única energía racional dotada de voluntad propia y fértil. Quien lo hiciese sería esclavo de la vagancia, la inutilidad y el desprecio por lo desconocido. ¿Cómo despreciar ni lo más nimio de lo desconocido, si la Historia es una sucesión de descubrimientos? La vida es un misterio que hay que descubrir. Hay misterios que defraudan y otros que son tesoros. ¿Quién no quiere ser rico en experiencias que enriquezcan su vida? ¿Quién rechazará la mejor compañía? Pues la vida no es solo un viaje, sino nuestra mejor compañera de viaje y, a la vez nuestro único camino. En ella están la sed y el agua.  Cuanto más y mejor la caminéis, mejor aprenderéis a andar y almacenar estrategias. Y este es el momento de llenar la cantimplora y las alforjas. Solo así es posible desmentir la conocida frase de M. Heredia: "Nos pasamos media vida queriendo acertar, y la otra media lamentando nuestros errores".


domingo, 4 de agosto de 2024

De la memoria.


Stradella: Sonata

Los recuerdos nostálgicos son nuestros peores enemigos: por muy agradables que sean siempre acabamos queriendo revivirlos, y eso nos mata. 
Por el contrario, nuestros mejores aliados son las ilusiones: por muy inalcanzables que parezcan siempre queremos realizarlas; y eso nos incita a seguir viviendo.

La utopía sexócrata

                                              La panacea


            “Abrí la puerta y ella se abalanzó ante mí. Mordió los pantalones hasta hacerlos caer sobre mis pies. Sentí el pálpito de la sangre en mi sexo, que despertó como una fiera sorprendida. Su boca se convirtió en una vagina todavía más cálida y el chorro de mi semen blanquecinó sus labios púrpuras y sus ojos morenos y rodó en sus mejillas hasta hacerse afluentes de sus pechos. No sé cómo, enzarzados, nos arrastramos hasta el lecho. Las ropas desceñidas y sajadas cayeron en jirones. Mi piel frotaba, pedernal sin yesca, su piel de yesca ansiando pedernal. Yo mordí sus pezones y mi mano se adentró en la caverna del útero hasta hacerla gemir. Luego mi carne la penetró hasta chocar con su carne más íntima y oculta. Sentimos que la lava esparcía su fuego. Y, exhaustos, nos dormimos”.
            Al abrir los ojos maldijo el repetido sueño que cada noche le hacía eyacular sobre las sábanas. Otras veces soñaba con una boca inmensa que besaba y lamía sus nalgas y su pene, su ano y sus testículos, lo sorbía y tragaba hacia un placer inédito, como si un falo feroz y una vagina indómita consustanciados en una loba hermafrodita y lúbrica midiera con su lengua y atributos eróticos, gigánticos, su piel y sus entrañas hasta hacerlo eructar como un volcán airado desde la más insólita erección y la sensualidad más exaltada. Ya no lo pensó mucho. En un mundo de carne y soledad en el que ni los hombres se divierten con los hombres ni las mujeres con las otras mujeres porque la incomunicación es la única relación que queda viva, algo había que hacer para que no muriera el ser humano que aún perdura en el homínido del siglo veintiuno. Inmediatamente redactó el siguiente documento:


       1) Los abajo firmantes explicitan su deseo de mantener relaciones sexuales lo más placenteras posibles, por lo cual no se descarta, sino que se incluye, la ternura, el afecto y otras sensualidades.
     2) Los séxuges declaran bajo palabra ser recién conocidos, no odiarse ni amarse actualmente y no actuar bajo ninguna coacción, sino por mutua decisión y con el propósito de gozar de una sexualidad que les endulce la existencia o les haga olvidar los probables sinsabores de la misma. Por ello admiten respetar la intimidad del otro y no agobiar o entorpecer sus vidas cotidianas.
    3) Queda prohibido terminantemente enamorarse, salvo que el tiempo dictaminare lo contrario y el consentimiento fuese mutuo. Si el amor surgiese o, nacido en ambos, desapareciese por parte de uno solo, se establece que ambos evitarán todo tipo de sufrimiento consentido, incluso si ello supusiera la ruptura.
       4) Cada “juego amoroso” no podrá durar nunca menos de diez minutos ni más de doce horas, a fin de evitar el tedio o la muerte por desfallecimiento.
       5) En principio, se establece el encuentro erótico en una vez a la semana, precisándose el día y el momento a conveniencia de ambos séxuges.
   6) Ninguno de los contrayentes sexuales adquiere el compromiso de realizar algún acto que le disguste o le repugne, por mucho que al otro le satisfaga o lo desee. Se considera imprescindible para ello, conforme avance la relación -la libidinosidad-, el intercambio coloquial sobre las zonas erógenas, preferencias eróticas y cuanto ayude a mejorar el intercambio del placer.
   7) Ambos afirman poseer todas las partes de su organismo en buen estado, con lo que se obligan a indemnizarse con un millón de besos, coitos o sexaplejias (o algún otro tesoro) si algún miembro (oreja, pezón, pene ...) sufriese amputación por mordisco, succión o similares avatares pasionales.
         8) Ninguno de los sexuantes tendrá la osadía de sentir más de tres orgasmos por sesión, obligándose el que sobrepasase tal número a devolvérselo con creces al cumplidor de lo pactado.
        9) En caso de incumplimiento del contrato antes del tiempo establecido, el incumplidor deberá proveer, en el plazo de tres días, un sustituto con iguales o mejores facultades amoroso-lujuriosas.
       10) Este contrato mantendrá su vigencia durante tres meses y podrá ser renovado de mutuo acuerdo.
                            
                           Aquí y ahora, con lúcido albedrío:
                                                 Firmados   

                                   X                                         Y



              Inmediatamente consideró que bastarían diez copias, por lo pronto, y se lanzó a la calle cuando la noche empezaba su feria. Entró en un lugar céntrico como otras tantas veces: mesas llenas de desconocidos que fingían conocerse, la sonrisa en la boca, el cigarro en los labios, la ginebra en la mano, la soledad fulgente. Se aproximó a la barra y oteó el horizonte. Rostros demasiado vecinos de otros días, miradas consteladas de las mismas pasiones escondidas, la escasa luz como antifaz, el ruido del silencio murmulloso para evitar que se oyese la mudez del espíritu. Y cambió de lugar.
               Entró en un modesto síndol confortable, iluminado a medias, la música agradable, cada cual repartiendo su soledad consigo mismo, sin disfraces de falsas compañías. Unos ojos levantaron su inmensa llamarada desde una mesa próxima y sintió que allá voy. Se sentó, ¿no te importa?, yo también estoy solo, en cuanto te incomode me lo dices y me voy. Hablaron y fumaron y en seguida intimaron en el tema que allí les empujaba, y se confidenciaron: la soledad no es mala si la compañía de los otros es peor, por eso estoy aquí. Él le contó su sueño repetido, y ella dijo que al levantarse recordaba cómo un hombre agresivo y amoroso la acosaba de noche como una violación que ella buscaba, que le mordía los senos, que empujaba su glande hasta su intimidad, que bañaba su cuerpo con su sangre sexual. Que luego despertaba del todo y maldecía del mundo porque la libertad impedía hacer libre ese reducto que todo ser posee y es incomunicable. Tienes razón, le dijo, todos nos quieren poseer y ni siquiera saben poseerse, que significa tomar de los demás lo que pretendan darte y darles cuanto seas capaz y te lo admitan. A los pocos minutos de empatía sacó una copia del contrato y lo leyó con voz suave para que no sonara abrupto. Ella lo tomó y lo leyó despacio, musitando los labios como sorbiendo un falo. Una mirada unió los ojos separados por la mesa. Desenvainó una estilográfica y la puso en su mano. Y luego firmó ella.
           (Salieron y se sintió poseso de algo muy parecido a la felicidad. De repente giró y miró hacia atrás: ¿Tal vez aquellos rostros yacían allí tras haber intentado una esperanza semejante a la suya y se vería a sí mismo muy pronto desahuciado, como un horizonte que otea otro horizonte interminablemente inacabable?).


viernes, 2 de agosto de 2024

El abrazo cautivo.


Chopin: Opus 10, nº 3 ("Tristeza")

Claudia no pudo soportar el fracaso de su relación sentimental y se sumió en una melancolía enfermiza y depresiva. Su vida se transformó en una inmensa caja rota cuyas astillas se le clavaban inexorablemente. 

Cuando, pasado mucho tiempo, recuperó cierto equilibrio, su temor al sufrimiento se hizo tan poderoso que, sin proponérselo, acorazó su corazón de modo que la cota de mallas con la que lo vistió impidiera pasar cualquier sentimiento: porque, insensibilizándose, nada le dañaría. 

Pasaba la existencia y Claudia no sufría desengaños, ya que el escudo detenía cualquier flecha que pudiera ilusionarla y, por lo tanto, según ella, desilusionarla y destruirla. 

Ni Pedro, ni Juan, ni Felipe consiguieron arrancarle una cita, un beso, una lágrima. No había vuelto a llorar; y tampoco a reír.

El espejo le dijo un día que vio su rostro frígido: Olvidaste que si te prohibías sentir para evitar la tristeza tampoco sentirías la felicidad. 

jueves, 1 de agosto de 2024

El erotismo - El rostro de Eros y Tánatos

Holst: Saturno, la vejez

El erotismo

La libérrima dama enamorada
del amor y del sexo que la hostigan
ve arcoíris pletóricos de dichas
y de concupiscencias celestiales,
vislumbra sicalipsis y pavesas.
El carmesí bullente de su boca 
y el místico erotismo de sus ojos
van trocándose en muerte desbocada.
Hubo en su corazón sueños y estrellas
y solo queda en él melancolía.
Ha regresado a la raíz del llanto.
Como un espejo oscuro y silencioso
varado en esta vida hacia otra vida,
el fulgor de las tumbas y los lechos
triza su corazón en la vorágine
de una salacidad insatisfecha.
Rugen panteras y erotomanías
del cuerpo estremecido en cuyos éxtasis
estallan astros, cantan madrigales.
Un trueno apocalíptico tortura
la espiritualidad de la materia,
y el esqueleto erótico reclama
misticismos y magias siderales.
El orgasmo es un éxtasis carnal.
¿Qué dulce trovador de la lujuria
cantará su catástrofe interior?
Abrazada a sí misma halla en sí misma
un oasis sitiado por la sed.
Besa el beso del ansia, sueña dioses
y en su cuerpo se engranan plenitudes.