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domingo, 1 de febrero de 2026

La diáspora cósmica

 
            BARTOK: Música para cuerdas...

El mundo avanza tan deprisa que el hombre no puede alcanzarlo.
Actúa según unos criterios que han quedado obsoletos al día siguiente.
Lo que aprende hoy no le sirve para mañana.
La tecnocracia, hija de la ciencia, ha suplantado al pensamiento del que nació.
El cromañón desterró al neardental y a este el sapiens, y a este lo está sustituyendo el homo cíborg.
Este es una trepanación de sentimientos y un injerto de criterios.
Yo no sé si esto es progresar ni si este progreso es bueno, pero es así. 
La cabalgata de la cultura hacia el precipicio y la estampida de las artes parece inevitable.
El mundo es ya una diáspora de principios erráticos.
¿Para qué -por ejemplo yo- voy a escribir siguiendo la tradición lírica si en unas décadas nadie sabrá quién es Homero ni Virgilio ni Dante ni Shakespeare ni Dostoiewski...?
¿O me ocultaré en la caverna de mi mente y me obstinaré en tatuar Altamiras y legajos?
Así, mi próximo renglón sería consecuencia del antepasado del futuro que ya emerge en mí.