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martes, 7 de febrero de 2012

Teselas (II)

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Lo esencial no es una abstracción inaprensible para los sentidos faltos de apoyaturas, sino la sustracción de todo lo efímero y prevaricador del corazón racional. La poesía es la intuición —o la premonición— de una verdad humana desprovista de los aditamentos o embelecos del poeta. Solo dice quien halla el nombre exacto; y solo nombra aquel que calla mucho: hasta que la agonía del silencio supone más dolor que la escritura.
¿Quién no hablará en verso suavemente metronómico si la música es la más excelsa poesía? Aunque más determinante que el ritmo versal es la cadencia de los sentimientos y la ideación melodiosa de las estructuras. Esa sinfonía de monodias —música verbal, esencia dictiva, fluencia arquitectónica— es la que otorga identidad, credibilidad y permanencia a un texto. Si yo fuera dueño de lo que escribo, y no un simple copista del manuscrito obtuso de mi mente, conseguiría esas texturas.