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lunes, 6 de febrero de 2012

Teselas (I)

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De cuantos hombres han poblado la existencia siempre ha permanecido el hombre metafísico. Por eso quedan los autores que incrustan en su pluma sangre del corazón emocionada y no superfluidades de la piel. La lección de los grandes creadores ha sido la de engendrar en este mundo otros tan necesarios como este; y más armoniosos.


Un poema es imprescindible cuando el lector sale de su universo con una estrella más en el cerebro, transformado en alguien diferente al que empezó la lectura. El poema inevitable es aquel que se convierte en huella dactilar del corazón humano.

Solo descifrando qué ocultan, qué descubren, cuáles son las esencias de los poemas que permanecen a lo largo de los siglos en la memoria de los hombres, identificando sus individualidades, siendo sus retratos, es posible averiguar su secreto y escribir un poema tan imperecedero como aquellos para no morir jamás. Pretendí lo mismo con las narraciones y otras artes. Para no morir jamás.