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lunes, 30 de junio de 2025

Un lugar en el pasado

Camino de la Glorieta


Cuántas veces, caminando 

por la senda del recuerdo, 

he llegado al corazón 

y me he encontrado contigo, 

airecillo de los campos, 

pedregal de la montaña, 

mar disuelto en primaveras, 

castillo alzado hasta el cielo.

Cuántas veces te he abrazado

y no me he encontrado en ti, 

corazón entristecido 

que vas de mí hasta las cosas 

y no te quedas conmigo 

porque sueñas con ayeres 

y mañanas que no llegan

o hace mucho que murieron.

Cuántas veces te has dormido 

soñando que eras quien buscas

y al despertar eras otro 

conversando con tus sueños.


domingo, 29 de junio de 2025

Rebeldes sin pausa

"Viento, mucho viento... una galerna..." (Luces de bohemia)

.Beethoven: Wellington's Victory

....
Recibo en ocasiones preguntas que me exceden pero merecen un instante de reflexión:
     Yendo por un momento al tópico que me plantean en un correo: creo que todos los políticos son hombres de buena voluntad antes de ser políticos; en cuanto lo son no tienen más remedio que defender una verdad: la de su grupo; y esta, como todas, solo es, en todo caso, la creencia menos indigna y peligrosa de entre las que pueden escoger. 
Así, ocurre en política como al final de Rebelión en la granja, de Orwel: "miraba al hombre y miraba al cerdo; y ya no distinguía al uno del otro". 
(Tampoco estorba recordar el sanchesco cuento del rebuzno: "No rebuznaron en balde el uno y el  otro alcalde").

sábado, 28 de junio de 2025

La verdad invisible


R. Strauss: Zaratustra (Transcripción órgano)

     Quien no duda no busca la verdad. 
     Es cómodo instalarse en una creencia y edificar sobre ella nuestra vida. Pero si no estamos alertas a los cambios del paisaje humano nos estancaremos en un dogmatismo intolerante castrador de toda evolución.
     Porque siempre habrá una mente más sabia e inteligente que la nuestra que rebatirá nuestros argumentos. De manera que creer que lo que creemos es incuestionable solo significa que somos contumaces.
     Es preciso aceptar no solo que todo es relativo y que cultivamos la verdad que nos interesa -incluso inconscientemente-, sino que hay verdades sincrónicas o coyunturales y verdades diacrónicas. Estas implican la aceptación de que las otras son solamente válidas para un momento o una época. El "pienso, luego existo" ya es un principio fósil, válido solo para quien tiene voluntad de creer; pero creer es una dádiva de la naturaleza irracional y querer creer es un acto de racionalidad. Y la mente es más irracional que racionalista. 
     Tal escepticismo inevitable conduce a un sentimiento agónico de la vida, puesto que todos necesitamos un punto de apoyo desde el que partir. Sin embargo, quien supera esa agonía como la mayor de las indefensiones de la condición humana puede honrar sus pensamientos y sus obras, ya que no admite la infalibilidad y certifica la voluntad de acertar. Significa que huye de los dogmatismos fanáticos, como digo, causa de toda intolerancia y violencia. Siempre me he preguntado cómo es posible mantener por los siglos la creencia de que Jesucristo es el hombre ejemplar entre los hombres si precisamente sus creyentes admiten que formaba parte del triunvirato divino y, como tal divinidad, no sufría el mayor dolor del hombre, que es la duda ante la existencia de otra vida.
     Reconocer que nos equivocamos no es culparnos, sino superarnos: porque vivir es aprender a vivir mejor.
     Toda verdad es una perspectiva de la mente que la propia mente invalidará desde otra perspectiva.
      Solo busca la verdad quien duda de todas ellas. Quien no duda no busca la verdad sino justificar y atrincherarse en la suya.

viernes, 27 de junio de 2025

El abrazo indeciso



Elgar: Variaciones Enigma


La búsqueda de la perfección lleva implícita la rémora del temor a la imperfección, y esta la indecisión y la inacción. De modo que decídete a actuar proponiéndote acertar aunque temas cometer algún error.
Si dejas para mañana lo que la reflexión ya te aconseja que debes hacer hoy, tal vez llegues tarde a alcanzar lo que anhelas. No existe otro país como el "ahora".
Ejemplo:
Simón ama en silencio a Patricia desde hace mucho, y cree que es amado por ella. Indeciso, retrasa  una y otra vez el momento de hacérselo saber, y se va a una isla a pensarlo definitivamente durante tres meses.
Cuando finalmente vuelve para decírselo, ve a Patricia, quien -creyendo que el silencio y la ausencia de Simón significaban indiferencia- ha desembocado su amor en el atento Patricio, con el que ahora comparte su vida.  
Moraleja: 
No es de sabios comportarse como un necio.

101020

jueves, 26 de junio de 2025

Un cuento de terror

 

R. Strauss: Zaratustra (Transcripción órgano)


Un cuento de terror


Se quejaba un poeta porque no encontraba en sus versos algo que lo dignificara y convirtiera en un autor necesario en la memoria de los hombres

Triste de mí, pues queriendo ser alguien seré nadie. Mi esfuerzo por saber no me ha enseñado la estrategia de la perennidad, y cuanto he aprendido solo me sirve para ser más sensible a mi derrota.

Invadido por la melancolía, se asomó a una ventana por la que vio un fragmento del presente y, por ello, del futuro. En él solo existían  Catálogos de Acrónimos y Academias de la Frivolidad. Las calles estaban adoquinadas con lo que él conocía con el nombre de libros -partituras, cuadros...-.

miércoles, 25 de junio de 2025

Antonio Gracia - Como un ciprés muriente

Como un ciprés muriente

Amanece y el alba trepa azul
tiñéndose de rosa, mientras pasa
por mi jardín un céfiro pequeño.
Canta un pájaro y llueve suavemente
sobre el jazmín. También mi corazón
trina al pensar en ti, teñida 
de rocío, allá lejos, 
tan lejos y tan cerca.
El ciprés centinela del recuerdo
se parece al bisel de tu figura.
Cuánto te quise y cuánto 
quiero quererte. Llega
el galope del tiempo y su canción
susurra entre las hojas mientras muere
la realidad cuanto más sueño. Un ángel 
disuelto en armonía enciende hogueras
en la mañana. Pero ya no estás.

martes, 24 de junio de 2025

Como un ciprés muriente


            Maurice Ravel - Bolero | Alondra de la Parra 


Amanece y el alba trepa azul
tiñéndose de rosa, mientras pasa
por mi jardín un céfiro pequeño.
Canta un pájaro y llueve suavemente
sobre el jazmín. También mi corazón
trina al pensar en ti, teñida 
de rocío, allá lejos, 
tan lejos y tan cerca.
El ciprés centinela del recuerdo
se parece al bisel de tu figura.
Cuánto te quise y cuánto 
quiero quererte. Llega
el galope del tiempo y su canción
susurra entre las hojas mientras muere
la realidad cuanto más sueño. Un ángel 
disuelto en armonía enciende hogueras
en la mañana. Pero ya no estás.

domingo, 22 de junio de 2025

ALBERT EINSTEIN | Su Historia Explicada

La Intrascendencia (suicidios, eutanasias)

 

                                            Holst: Júpiter

La Intrascendencia

La vida humana es un ingrediente de nuestro planeta, como la vida mineral o la vegetal. 

Otra cosa es el grado de conciencia de sí mismo y su alrededor que tenga cada uno de los ejemplares de este lugar planetoidal. 

¿Tiene un sentido, un significado, un propósito esa vida? ¿Brota, permanece y muere? ¿Es temporal o intemporal? 

¿Es un sinsentido nacer para morir, o solamente nos lo parece cuando lo aplicamos a cuanto nos afecta? ¿Qué hay de extraño o sin sentido en empezar, durar y acabar? ¿No es solo cuestión de que no cabe en nuestra lógica -diseñada por nosotros mismos- que seamos simplemente fungibles y carezcamos de trascendencia?

La heterodoxia y el existencialismo empiezan cuando admitimos esa probabilidad: la inexistencia de un Demiurgo Todopoderoso garante de la Perfección del Cosmos: la Innecesariedad de un Dios.

Que una vez conscientes de que somos dueños de nuestra existencia decidamos, o no, continuarla.


miércoles, 18 de junio de 2025

El abrazo imposible

 Hipótesis de un necio

Un hombre y una mujer miran el horizonte. Apenas les queda camino que recorrer. Uno de ellos dice:
- No le veo ningún porvenir a nuestro viaje. Por eso debemos separarnos.
-¿Por qué, si caminamos bien?
- Caminamos bien, pero alejados uno del otro; y eso dificulta que nos conozcamos y ayudemos. No sabemos compartir, convivir. En cuanto lo intentásemos fracasaríamos. Por eso debemos separarnos totalmente y buscar nuestro viajero ideal...
 - Yo no quiero perderte...
- Ni yo a ti. Pero nuestro pasado no existe porque no puede regresar como futuro, y por ello este tampoco existe ya. Cuanto antes encontremos a quien nos complemente y complementemos ...  
- Pero por qué...?
-Porque cuanto más continuemos juntos más nos encariñaremos y más ciegos estaremos para ver que ese mutuo bienestar nos acostumbra a no verlo como un malestar creciente...


Nureyev As The Faun Debussy

lunes, 16 de junio de 2025

Cinco - Valerio Calabrés

 VALERIO CALABRÉS (1)

Wagner: Tristán e Isolda


           A la hora de pensar cómo sería mi libro me fue muy doloroso concretarlo. Tomé algunos apuntes:

       Capítulo primero.- En el principio, el hombre era un ser desorientado. Todo le sorprendía y asustaba. Se defendía -involuntariamente- huyendo. Estaba enfrente de lo que no entendía sin saber afrontarlo. La reacción instintiva ante los sucesos repetidos desencadenó comportamientos, conclusiones de premisas que ni siquiera su conciencia había predispuesto. Y la relación entre la realidad y su actitud ante ella empezó a depender de él en muchos casos. Apareció en su mente el concepto de problema y su previsión: circunstancia exterior o conflicto interior que precisaba una decisión, una elección, una reducción de posibilidades, un azar controlado. El automatismo de su comportamiento empezó a ser observación reflexiva y surgió el pensamiento, el encadenamiento de las causas a sus consecuencias y su variabilidad, la filosofía, y, por ello, la intervención del objeto paciente convertido en sujeto agente comprendedor y activador de los hechos. El arca de la experiencia se enriqueció y no bastó la tradición oral. Y se escribió para que el presente fuese un pasado aleccionador del futuro. Nació el libro como resultado de la cristalización del pensamiento, como legado de los empirismos para aprender a no tropezar dos veces en la misma piedra y para que ésta, asegurada por generaciones de confirmadores, fuese el primer peldaño de la torre de la sabiduría. Lo que el hombre había resuelto durante milenios de observación y reflexión podía conocerlo un solo hombre, cualquier hombre, leyendo su pasado. Para vivir era preciso pensar, y quien quisiera vivir evitando caminos sin salida o tortuosos podía acudir a los libros, resumen del ayer, semilla del mañana. Quien leía engranaba en cada instante de su pensamiento milenios de filosofías. 

        Capítulo segundo.- Se levantaron edificios, culturas, civilizaciones. Se combatieron las inclemencias de la naturaleza y se aprovecharon cuantos bienes ésta engendra. El destino feroz se sustituyó por un determinismo cuyo artífice era el propio hombre. Y el hombre creó la libertad.

          Capítulo tercero.- Puesto que el pensamiento es la causa que ennoblece la vida y la sabiduría se deposita en los libros, quien no lee desprecia a sus antecesores y no aprende a pensar idóneamente, con lo cual se equivoca o acierta menos en su vida. Quien no lee está más lejos que nadie para extraer conclusiones propias y es esclavo de las de los demás. Quien no lee es un suicida.

          Capítulo cuatro.- Hay otra causa por la que existen los libros y por la que deben existir. En aquella aurora de su inteligencia, el hombre sintió la inmensa soledad ante los firmamentos de la vida y la muerte. Escribiendo hablaba consigo mismo; y escuchaba, leyendo, a los mejores conversadores que pudieran hallarse. Se decía y oía cuantos problemas y sus soluciones se habían dado hasta entonces. La soledad, la incomprensión, la indefensión se exorcizaban con la escritura y la lectura. Así, escribir y leer se constituyen en el mayor acto de solidaridad y consuelo frente al inmenso abismo de la noche interior. De unas divinidades necesarias para combatir el miedo a las fieras, al viento y a las lluvias, al rayo, el hambre, el propio miedo, se pasó a divinizar el libro, el arte, la ciencia, los talismanes de la mente, las hábiles respuestas de cuanto le es posible responderse al hombre. Sin embargo, los últimos tramos de la carrera de la Historia están matando esos dioses al considerar que las tecnologías son panaceas. Y no es así. Los  libros no son, en verdad, dioses : pero son los seres más humanos de cuantos podemos encontrar en nuestras vidas.

           Capítulo cinco.-  ¿A dónde va una sociedad que destierra los libros (los cicerones de la libertad, las premisas para el autodeterminismo) y se atrinchera en los cientificismos deshumanizados (la aceptación robótica de lo que otros han concluido por nosotros)?

         Nota: crear un personaje que hilvane los contenidos antedichos como un héroe vive sus aventuras. Por ejemplo: ...



sábado, 14 de junio de 2025

Más esperanzas que...

 

Bartok: El mandarín maravilloso

Suelen decirme que tengo una visión pesimista de la existencia. Bien que lo siento, y contra ella he luchado. Pero desde el momento en que son innumerablemente más numerosas las filosofías pesimistas que optimistas, más las pinturas tenebrosas que las iluminativas, más las elegías que las odas, más las catedrales que los arcos de triunfo, más los hambrientos que los saciados, más los requiems que los cánticos, más los mesías que las jaujas, más las promesas que los hechos prometidos, más la impunidad que la sanción, más los desengaños que los sueños, más los creyentes que las utopías practicables, más los que quieren entontecer a la muchedumbre que los que se esfuerzan por educar al individuo, más los que pretenden triunfar incluso pisando a los caídos que quienes les ayudan a levantarse, menos las esperanzas que las aguirres... y más los muertos a consecuencia de las guerras en el último siglo que la suma de cadáveres en los dos milenios anteriores... me atrevo a decir que es el mundo el que ha creado ese autorretrato, y no yo tal visión. 

El hecho mismo de que la justicia necesite leyes y castigos para mantenerse en pie indica que es preciso corregir el mundo.

Este mundo es más un locus horribilis que un locus amoenus. Y la búsqueda del paraíso en la vida, en las ciencias y en el arte simplemente lo confirma.

Ahora bien: ¿dejaremos que a esa hecatombe del pensamiento emocional se sume la traición de los políticos?

(Ahora bien: como el ignorante ignora que ignora, tal vez yo sea un ignorante -y por eso me ignoran).


viernes, 13 de junio de 2025

Calabrés, Valerio - 4

 VALERIO CALABRÉS (1)



             La civilización en la que sobrevivimos ha engendrado una naturaleza reprimida y una cultura represora. Es sumamente difícil librarse de ese determinismo. Empezar desde cero, regresar al comienzo y estructurar el universo nuevamente, construir otra vez los peldaños para subir, al fin, a una escalera de la que no podemos asegurar que no sea igualmente un error paralelo al que intentamos subsanar, una torre babélica e inútil. Sería imprescindible filtrar toda la historia, reconstruir los hechos y los libros, pensar genuinamente como si la virginidad de pensamiento fuera posible aún. Y no lo es. Aunque hay que intentarlo, tratar, en todo caso, de equivocarse por sí mismo pretendiendo acertar antes que asumir el error conclusivo como premisa de nuestro futuro pensamiento. No hay que tener miedo a equivocarse, sino a empeñarse en tener razón. He ahí los fanatismos y, por contra, la búsqueda perenne. Significa leer, leer, leer, desenhebrar en lo posible las subjetividades o aceptarlas como un azar imprescindible para el hallazgo de la verdad sincera. El sabio no es el que tiene muchas ideas, sino el que estructura una capaz de integrar y conciliar todas las otras. Hay que buscar la lógica que admita que el absurdo es otra lógica en apariencia inadmisible. Tiempo para pensar, leer, reflexionar, barajar, concluir, escribir. ¿De dónde tanto tiempo?

           Mientras esperaba que acabase el sumario y concluyese el juicio, calculé desolado: “Es terrible. Aunque leyese diez horas diarias no podría sumar más de trescientos sesenta y cinco libros al año, y durante medio siglo de lectura sólo conocería menos de seis millones de páginas, es decir, ni siquiera veinte mil libros, o apenas un millón, dos millones, contando los que, nada más empezados, resolviese abandonar al advertir que son zarandajas. ¿Y cómo conseguiría quinientos millones de dineros para comprarlos? ¿Y de dónde sacaría las horas para escribir lo que aprendiese y dedujese de la vida de los libros y de mi propia existencia? Porque de nada sirve leer si no se sacan las propias conclusiones que eliminen las lecturas prescindibles y se suman las imprescindibles en otro nuevo libro. Tendría que abandonar el trabajo, toda tarea, para seguir leyendo, y dejar de leer para escribir. Y así, cuantos vengan detrás de mí con el mismo afán renovador. La vida es un libro interminable que vamos reescribiendo cada vez que leemos el que, existiendo, permanece siempre inacabado”.

               Esta consideración me abatió durante una semana. Hasta que decidí del mal el menos: obligué a mi abogado a que, puesto que veía imposible evitar que me condenaran, se las arreglase como fuera, mintiendo, comprando, como fuera, para que, en vez de a la cárcel, en donde las posibilidades de acceder a una biblioteca eran ningunas, me redujesen de por vida a un manicomio; yo me declararía loco y firmaría lo que fuese necesario, y aun más; y no sería difícil conseguirlo: porque en un mundo de cuerdos tan poco lúcidos cualquier asomo de lucidez se entiende como súbita o crónica locura. Y vendería mi historia al mismo Periódico que me enjaulaba -con la amenaza de venderla a otros y comprometer su versión de los hechos. Y así fue. Y aquí estoy.

                Hay miles de libros en esta loquería, antiguo monasterio o castillo desvencijado por el tiempo a las afueras de la urbe. Los que necesito y no están me los hago comprar. Leo durante catorce o quince horas diarias, con lo que mis previsiones crecen un cincuenta por ciento. Los médicos me tratan con respeto y afecto, porque les he hecho creer que soy un Alonso Quijano de los tiempos modernos. Si no fuese porque entorpecería mi estudio con las pesquisas que ello comportaría, ya hubiese matado a algunos cuantos que no saben ni dónde tienen la cabeza, y mucho menos el cerebro. De vez en cuando, durante las sesiones de terapia, les permito llevar las riendas del diálogo hasta hacerles creer que saben mucho y que juegan con mi mente; y de pronto los sorprendo en medio de una frase, revuelvo sus argumentaciones y las convierto en juicios contra sí mismos, dejándolos caer por el precipicio de sus convencionalismos sicológicos y mostrándolos caídos y burlados por el loco de los libros. Sé que algunos me odian y que de buena gana me mandarían a la silla eléctrica de sus electrochoques; pero yo me planteo sus sesiones como partidas de ajedrez y les dejo ganar una sí y otra no para que vuelvan y discutan entre ellos quién pierde o quién le gana más partidas al “empaginado”. Son unos necios, ellos son los verdaderos locos, como todos cuantos se aferran a una vida que exige prescindir de sí mismos para ser admitidos por la sociedad. Sin embargo llaman “loco” a quien tiene tan arraigada la conciencia de su individualismo que deserta de la colectividad por considerarla una enajenación. Es la nueva ciencia: la ciencia de la amputación de la personalidad que proporciona la naturaleza, con sus avatares, aciertos y fracasos, pero sin condicionamientos predeterministas en aras de un bienestar consistente en talar los sentimientos, las alegrías y tristezas. Estos personajillos, médicos cuadriculantes de la mente, los jefes de partidos, sindicatos, gobernantes, directivos de Prensa y de los organismos económicos, curas y represores de todos los estratos, son cirujanos de la monstruosidad, profanan la sustancia del ser llamado hombre, cosifican la verdadera ciencia, la vuelven contra sí, hacen de la maquinalogía y la igualdad malentendida furiosos enemigos de la ciencia real. 


miércoles, 11 de junio de 2025

Autoplagios

                                            


A estas alturas del invierno Garcilaso sigue
cayendo desde aquella fortaleza 
moribundeando bajo el peso 
de una roca aterida hace milenios 
tal vez de otra galaxia.
                                        Entre tanto, 
Novalis, varios siglos después,
escribe cantos tristes en mitad de la noche, 
y Beethoven se esfuerza en transformar
sus ansias de suicidio en el más noble 
canto que puede tributarse al humanoide, 
Van Gogh muere despacio convertido en un cuadro 
y Schumann sueña alegre
que nadie ha rescatado su vida y su locura 
-ya cadáveres-
de las aguas del Rhin. 
Rodeado de todos -y muchos más-, yo miro
cómo llega la muerte mientras mi pluma traza
garabatos errátiles que quieren ser poemas, 
y le pido entre vértigos que me deje escribir
tan solo un verso más que justifique 
mi frágil existencia en esta inmensa 
roca estelar que hemos llamado Vida.

lunes, 9 de junio de 2025

Pascual Pla y Beltrán - Poemas en Akra Leuka (XXV)


Shostakovich: Sinfonía Leningrado

1)
De Pascual Pla y Beltrán nada sabía yo en 1981 sino su nombre. Sin embargo, me concedieron una beca de investigación y pronto fui descubriendo algunos datos que me convertían en detective de una vida y una obra, que era tanto como decir de todas, sobre todo la mía. 
     A lo largo de un año, un dato me llevó hacia otro: escribí cartas a diferentes países, recibí textos, fotografías y correspondencia de aquel desconocido a sus amistades, visité a sus amigos, cuevané archivos... Finalmente, entregué un mamotreto un tanto deslavazado que, sin yo tener noticia, se publicó a la carrera, sin que pudiera ordenarlo y roído por las erratas, por no sé qué ajustes de presupuestos del Instituto de Estudios Alicantinos. Ese desencorsetado libro, de escasa entidad, ha sido la fuente callada de quienes se apropian subrepticiamente de lo ajeno aunque sea para mejorarlo. Muchos documentos y poemas inéditos conservo en el cajón de mi abulia y mi creencia de que no hay que añadir innecesariedades al mundo. 
En su casa de Caracas, con Neruda

     Fue Pascual Pla y Beltrán un hombre afeado por la naturaleza, luchador contra su falta de estudios oficiales, autodidacto y cantor de la rebelión social. Cuestiones estas que lo condujeron a la cárcel, al exilio y a su muerte en Venezuela. 
Fruto de estas preocupaciones y experiencias son, por citar algunas, su cuento "Los pasos de los hombres del castigo", su teatro "Seisdedos" o sus libros de poemas sociales; si bien, su mejor libro es "Poesía", publicado, para evitar la censura franquista, bajo el seudónimo de Pablo Herrera. 
 Si Napoleón dijo que "una revolución es un criterio sostenido por las bayonetas", Maiakowsky escribió: “nuestras plumas son bayonetas”; y fue Pla y Beltrán, muerto en el exilio, el primero en suavizar esa afirmación al relacionar arma y palabra: "que nuestros versos sean ágiles bayonetas en las manos de los obreros del universo”. 

2)
Sin embargo, confundió en sus primeros libros poema con manifiesto, concienciación con fuegos artificiales. El primer poema, de su libro Narja, es un vociferio encendido y exaltatorio, una ametralladora cuya única función es disparar: 

100.000 voltios rodados de poleas más ágiles. 
Que la luz, la impaciencia, la imagen y el retorno. 
Mediodía de grúas encendidas de grillos. 
Fuego de hierro y fragua. 
Yunque en constelaciones de martillos sin sueño. 
Bajo el brazo tendido de músculos 
y de puras distancias. 
Entre mares de hulla se consumen 
los cerebros más vivos. 
En la niebla, la niebla que confunde 
la ruta de los astros sin cielo. 
Con el mudo cansancio de estos hombres de cobre. 

Ilumina el sol lunas en los espejos de los hornos. 
Roja lumbre se agita en las poleas impacientes. 
Y el canto sin gracia de los obreros 
con voluntad de bayonetas. 

Abecedario ardido en las esquinas 
de los yunques calcinados de hierro. 
Humo oxidado en las espadañas de los crepúsculos. 
El cansancio olvidado de la vida de 
los obreros se despereza sobre la playa de los siglos. 

¡Hierro, martillo y yunque! 
¡Hombre, trabajo y alba!


Pero vivir enseña que las primeras estaciones  del tren de la existencia son para equivocarse, si no de ideales, sí de maneras de alcanzarlos, y que las posteriores  son aprendizajes de los errores, entre ellos el de la exaltación, canalizado en templanza. Por eso el segundo poema, sin abandonar su preocupación y tema patriotil, es más sereno: de cuando, en la posguerra, firmaba como Pablo Herrera, sabedor de que las armas solo traen desolación y ruinas; y así, los alejandrinos recorren un paisaje de desolación en la que no cabe la esperanza:

País bombardeado

El hombre allí no duerme. Sus ojos no se cierran.
Abiertos permanecen socavando la noche
cuando un cuerpo veloz se precipita ciego
y el terror como un alga su corazón devora.

Ya sabéis que incansables arpegios o alaridos
son las casas en llamas, los postigos que crujen
y esa tierna muchacha que con su mano busca
un poco de reposo a su larga fatiga.

Si los ojos se cierran las sombras se disipan.
Nadie podrá dormir, nadie estirar sus huesos
entre manos que aferran feroces el vacío,
entre sesos de niño pegados al zapato.

Delgadamente roen los seres su congoja
e igual a la lombriz su dignidad esconden.
Ni al rayo de la muerte pueden cerrar los ojos,
pues si el ojo se cierra la vida se disipa.

Imagen de la librería
PASCUAL PLA Y BELTRAN, vida y obra.
Editorial: Instituto de Estudios Alicantinos, Alicante, 1984
ISBN 10: 8400056108 / ISBN 13: 9788400056100
Usado / Tapa blanda / Cantidad: 1
Librería: Librería DANTE (Alicante, ., Spain)