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lunes, 12 de marzo de 2012

Un poema de Rafael Fombellida (Antología, XLII)

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Rachmaninov: piano concerto n.2 / Kissin


NOCTURNO DEL TEMBLOR



Tiemblas conmigo, Noche. ¿También tú?
Me rendiste en tu selva, vaciaste mi lumbre,
besé la negación que me ofrecías,
y ahora siento tu brazo rozarme avergonzado
y tus sienes gotear un zumo muy caliente
que puja por bañar mi verdadero rostro.
¿Te arrepientes, Oscura?
¿Te retraes de mí, te doy acaso sombra?
Mira mis cuencas fijas, su violeta profundo.
La casa está en silencio. Su alegría, agotada,
se acuesta como un niño que ha corrido hacia mí.
No sé cómo pedirte que ahogues ya mi lámpara
en vez de resignar mi suerte y tu propósito.
Gústame el aire, Negra, viniste para eso.
No se achique tu podre levadura.
Muérdeme como a baya de arándano silvestre
y móndame los huesos, desenvuelve lo vivo.
Estoy tendido y tiemblo, azúzate, Gran Perra.
Estoy postrado y tiemblo igual que tiemblas.
No se diga que me has tomado pánico
tú, certidumbre inmunda que me roe y consume.
Debería besarte comisuras y pómulos,
el hueco del alvéolo, tu sedienta quijada.
Debería estrechar tu envergadura seca
y confiarme entero al enamoramiento.
Pero también conmigo dentellas, Homicida,
vibras porque te admira mi impudor.
¿Quién te habrá visto así, desnuda y agitada,
caída en la desgracia de temer mi deseo?

                                               © Rafael Fombellida