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domingo, 3 de junio de 2012

El progreso es un regreso (Disquisiciones, XVIII)


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Elgar: Pompa y circunstancia


Nada de lo que nos importa y nos hace únicos en la Naturaleza ha cambiado a lo largo de la Historia, aunque hayamos cambiado muchos nombres. La ciencia y la tecnología avanzan, tal vez dejándose atrás al ser humano -que no asimila tanto avance con la velocidad adecuada-. Eso hace que unos pocos vivan en el año 2012 y otros en décadas pasadas.
Vivimos más años y más confortablemente. Pero el confort y la longevidad no hacen mejores, ni peores, a los hombres; simplemente prolongan su manera de estar en el mundo. Nuestro espíritu no es más feliz: solo está más concienciado de que el enajenamiento o alienación es un bienestar. 
La solidaridad ha sido sustituida por la complicidad. La libertad ha dejado paso al libertinaje. La cultura es un derecho que pocos se imponen como un deber. La educación enseña que la televisión es el único libro que hay que leer. La sexocracia ha suplantado al amor y al erotismo. Los líderes lideran el ranquin de la corrupción. La democracia es cada vez más un eufemismo de tiranocracia. Definitivamente: ni siquiera es posible soñar ya con un retorno al paraíso perdido.