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martes, 10 de abril de 2012

Libros recibidos (IV): A. F. Verdú



Charles Ives : The Unanswered Question


Recibo desde Ediciones Empireuma un librito con el argonáutico título de Analjasilasa, así  intitulado por su autor, Antonio Ferrández Verdú, hijo de la "Generación de la preguerra" que cañoneó la Orihuela autista en tardofranquismos de hace unas décadas.
Contiene Analjasilasa un poema fragmentario, de la estirpe del buscador que odia encontrar -porque si hallase finiquitaría su búsqueda, único estambre que lo mantiene unido a la marchita flor de la existencia-.
La ráfaga visionaria, el automatismo como cicerone de la mente, la automarginación como identidad asumida para huir de la marginación social y existencial, son los cánones obstinados de esta rapsodia elegíaca que deviene en griterío anasintáctico y palábrico. Manotazos a las olas del verbo para que nos salve en el naufragio de la vida. Y el sufrimiento gesta su escorbuto. (Alguien dirá que estoy hablando más contra mí y mis primeros libros que de este: y tendrá razón: yo mismo debo entonar, y entoné, un mea culpa -que no por eso me justifica-).

Lo dije en una poética. "Otra es la misión de la escritura: / transformar la muerte en vida / y convertir en himno la elegía". No es más que una opción: pero desde ella no puedo aceptar la asunción del dolor como un afrodisíaco. Porque la vida es más que la palabra. Esta puede santificar a los lúcidos locos, egregios o no; sin embargo, la vida debe condenarlos si huyen de la sensata lucidez. Una cosa es mostrar el sufrimiento humano y otra brindar por el masoquismo. La autofagia síquica no es horizonte digno de explorar. ¿Y por qué confundir el experimentalismo con el saltimbanquismo?

Enigmas quería llamar Miguel Hernández a sus octavas de perito en laberintos innecesarios, confundiendo misterio por desentrañar con embrollo gestado por desorientación expresiva. Mejor que crisantemos de la sombra es ofrecer perfumes de la luz.
No es fácil descubrir un mundo nuevo en la palabra: el poema Un coup de dés, de Mallarmé, roza el genio; el Van Gogh de Artaud, la disentería. No me parece muy inteligente utilizar la inteligencia para autodestruirnos: sin embargo, cuántas veces demostramos un cociente intelectual nulo.


Mucho me cuesta decir lo que estoy diciendo, por razones de una ya larga amistad y porque estoy priorizando la actitud ante la vida a la ejecución poética. Sé que lo que importa no es cómo se llega a un poema, sino el poema, su noble idiosincrasia: y yo estoy opinando desde el prejuicio de que la vida vale más que la palabra -ya lo he dicho-, y tomando ese "prejuicio" como estética.
Pero: al margen de su exordio literario -su lucha con la inefabilidad-, son estos versos ojos de la metáfora abisal, contumaz regodeo malditista.

"Si Dios no existe, todo está permitido", decía Karamazov. Ahora bien: el hombre existe: y todo cuanto pueda hacerle sufrir queda prohibido.

Poesía para el hombre en lance de superación: no para el poeta o el linguista.





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