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sábado, 5 de mayo de 2012

Coleridge maltratado (Fe de erratas, II)


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Sé que debiera evitarlo: pero no consigo dejar de huir de periódicos y revistas. Me parece que la comunicación de la cultura se ha degradado al facilitarse tan livianamente su difusión. A menudo, queriendo estar al día, muchos no están en nuestro tiempo. Corren tras la última edición como si fuera la definitiva. Confunden cotilleo fugaz con la verdad, siquiera, constatada. Y el periódico, la radio, la televisión... además de sus muchas bondades -y potencias desechadas- tienen, o me lo parece, ese defecto: deforman más que informan; transmiten opiniones parciales, gratuitas, frívolas, irresponsables, sustituibles, y sustituidas, por otras a los diez minutos o al día siguiente. Y lo que es peor: su daño crea escuela y su delito queda impune. Ya lo decía Séneca: "cuando una parte del todo cae, lo que queda no es muy seguro". Y A. Machado: "¿Dijiste media verdad? / Dirán que mientes dos veces / si dices la otra mitad".
Forzado a decir a cada instante algo para llenar esos espacios seudoinformativos y coyunturales, el firmante dice lo que le parece y desaparece para urdir cualqueotro parecer sin fundamento. El mundo es, por tanto, virtual, enmascarado y reversible. Quiero decir: la sociedad.

No es exactamente este el caso, aunque también: ayer recibí una página periodística en la que leí en su primera línea -donde cayeron mis insomnes ojos- que Borges dijo que los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Parece que no tiene importancia el error autorial: el universo va a seguir igualmente su viaje inextinguible. Pero no el espíritu de la verdad; y si esta se desintegra, también se diluirá el universo humano.
Firmaba el artículo A. Muñoz Molina; lo cual, por ser este académico, confiere al lapsus o desconocimiento una dimensión de grave y lesa ejemplaridad.
Porque lo cierto es que Borges el memorioso, icono de sabiduría, no es el cincelador de esa frase; la recogió, si no recuerdo mal, en Deutsches RequiemPero el autor de tal afirmación es Coleridge ("se nace aristotélico o platónico": la leí, hace décadas, en un ensayo -creo que de G. Díaz-Plaja) sobre el Romanticismo, publicado por la nostalgiada colección Austral). Y no debe robársele a cada uno lo que es suyo solo porque la urgencia y necesidad de despachar un artículo nos impida certificar como auténtico lo que es nada más que probable. 
(No sé dónde coloqué el dicho ensayo, para corroborarlo. ¿Estaré perpetrando igual delito memorístico?).