Saint-Saëns: El cisne
Dijo Welista (o le dijeron: porque ya se sabe que los cronistas no siempre son fieles a la Historia y la convierten en leyenda):
Los laberintos de la vida nos separaron, aunque no nos desunieron. Cuando me inunda la melancolía pienso que tú estás ahí, que puedo acercarme y abrazarte: te miro y te toco y toda la tristeza de mi alrededor desaparece. Sé que lo que siento se llama amor.
Pero si porque no podemos, no queremos o no sabemos estar juntos todo el tiempo y en la misma vida social te obstinas en destruir las horas en que sí podemos, entonces quédate contigo que yo me voy conmigo. Eres tú quien me empuja a compartir fragmentos de otras vidas. Porque yo necesito vivir, aunque no sepa convivir.

Pero si porque no podemos, no queremos o no sabemos estar juntos todo el tiempo y en la misma vida social te obstinas en destruir las horas en que sí podemos, entonces quédate contigo que yo me voy conmigo. Eres tú quien me empuja a compartir fragmentos de otras vidas. Porque yo necesito vivir, aunque no sepa convivir.
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El abrazo indomable
Monólogo del cisne (El abrazo imposible)
El abrazo entre plumas
El abrazo en el cuadro
El abrazo inasible
El abrazo iniciático
El abrazo sin plétora.
El abrazo dulcífago
El abrazo inedénico
El abrazo a la muerte.
Como si fuera mi Autobiografía (El abrazo final)
El abrazo encontrado
El abrazo insidioso
El abrazo insaciable
El abrazo inconsútil
El abrazo dulcífugo
El abrazo interrupto
El abrazo cautivo
El abrazo inmortal
El abrazo caníbal
El abrazo coital
El abrazo placebo
El abrazo sin rostro
El abrazo perdido (Carpe diem).
El abrazo truncado
El abrazo suicida
El abrazo invasor
El abrazo de plástico
El abrazo no dado.
El abrazo dichoso
El abrazo a la vida

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