¿Qué hacer
para que el tiempo sea nuestro aliado y no nuestro enemigo?
Vivimos
arrastrando el pasado o motivados por él. Somos lo que hemos hecho de nosotros,
con ayuda de los demás o a pesar de sus influencias. Y por la misma razón
podemos moldearnos -mejorarnos- para apreciar cabalmente la vida y disfrutarla
en vez de sufrirla.
Si somos
hijos del pasado, también somos padres del futuro. Porque el futuro empieza en
el pasado, y será según lo fecundásemos ayer y según lo cultivemos hoy. La
Naturaleza no es democrática, sino expansiva. Los árboles no eligen; ni la
lluvia, ni el pájaro; para ellos todo es consecuencia de una genética cósmica,
inexorable y determinante. Pero el hombre puede ordenar sus impulsos, razonar
su evolución, prevenir el mañana con su conocimiento del ayer.
Uno de los atributos que permiten al hombre ser dichoso es el olvido; sin
embargo, olvidamos con facilidad los buenos momentos, y difícilmente los malos;
y son estos los que nos determinan y escriben el porvenir. Pero no hay mejor
destino que el que la voluntad puede trazarnos; así que debemos olvidar después
de haber aprendido del recuerdo; y hacer que el tiempo venidero sea obra de
nuestra ingeniería emocional. Cada vivencia es un voto íntimo que tenemos en
cuenta a la hora de tomar decisiones. Cada momento es la suma emocional de cuanto hemos vivido y la proyección intelectual de lo que viviremos. Y si recogemos solo el dolor de ayer, o su nostalgia, no estaremos cultivando alegría para el mañana.
Es decir: que lo que llamamos experiencia es la síntesis del aprendizaje del pasado, que nos enseña a construir un futuro mejor. Por eso hay que vivir intensamente, y responsablemente; y por eso el tiempo se detiene para aquel que ha aprendido a gozar el instante.
Es decir: que lo que llamamos experiencia es la síntesis del aprendizaje del pasado, que nos enseña a construir un futuro mejor. Por eso hay que vivir intensamente, y responsablemente; y por eso el tiempo se detiene para aquel que ha aprendido a gozar el instante.