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martes, 31 de mayo de 2016

Hablar para no entenderse



          He dejado de hablar con una persona emocionalmente muy allegada a mí. La razón es tan común como increíble que lo sea: cada tres palabras me interrumpe para farfullar lo que pasa por su mente; de manera que contesta, completa, digresiona, etcétera, a lo que y sobre lo que aún no he dicho pero cree que voy a decir. O sea: corta con insertos verbales lo que teme o quisiera oír. Es decir: habla sola,  a ráfagas, como una metralleta; nuestra conversación, antaño tan amena y agradable, se ha convertido en un monólogo de dos décadas sobre dos o tres temas cíclicamente repetidos que acaban en disentería verborreica, disputa y semanas de enfadoso silencio. El diálogo resulta imposible y la crispación surge cada vez más a menudo, pareciendo odio, en vez de afecto, lo que existe entre ambos. Sin embargo, antes disfrutábamos hablando porque la palabra nos aproximaba en vez de alejarnos, nos unía y hacía inteligible o llevadera nuestra condición de seres humanos en medio del fragor de la existencia. 
          ¿Por qué ese cambio? Si cada uno ya conocemos lo que pensamos, ¿por qué no dejar que el otro nos diga lo que piensa para contrastar nuestros pareceres y enriquecernos con la distinta perspectiva? ¿Nos vamos aproximando a una persona porque nos gusta su carácter y luego intentamos cambiarla, convertirla en otra persona? 
          Ya Isabel la Católica se lamentaba -quizá influida por las enseñanzas de Beatriz Galindo- del mal hablar de los españoles, que no sabían expresarse a fuerza de excederse en su expresión continuada y enredosa. Y bien se representa ese tipo hablador, parlanchín y antidialogante en la figura de Sancho Panza, a quien Don Quijote amonesta más de una vez por decidor en demasía y sin porqué.
          Aunque creo que es la prisa, la enervación de la vida actual, la que impide el sosiego íntimo y, por ello, el reposo gestual y verbal. Es el desconcierto interior el que se traduce en desacierto exterior. Ya no se guarda turno de intervención: ni en la tele ni en las reuniones de amigos, ni en la intimidad. La ansiedad ha instalado un mecanismo de urgencia que nos autoriza a comportarnos con mala educación y sin respeto a quien nos habla. 
          ¿Cómo no sentirse incomunicado y solo si cuando se está acompañado se habla atropelladamente y cada uno impide al otro gozar de la mutua compañía, la recíproca comprensión? ¿Por qué terminamos gritando sobre lo que nos separa en vez de hablando de aquello que nos acerca? 
          La consecuencia es que, finalmente, solo nos une una distancia que ya no deseamos recorrer.

lunes, 30 de mayo de 2016

Los versos de Trovadorius (Final)

Borodin: Nocturno



XLVIII.- La respuesta
Todos los días mueren nuestros besos.
Todos los días
nacen pájaros, árboles y rosas
para morir. Transforma
el mar su diapasón de vida
en olas que agonizan en la playa.
Todos los días nace un nuevo día
atado al equipaje de su muerte.
Y brota la pregunta: ¿para qué
nacer en un jardín que se marchita?
¿Qué puedo yo decirte
contra esa verdad que la apacigüe?
¿Que olvidamos gozar de los aromas,
el color y el estruendo
del jardín cuando estalla florecido?
Y es esta la respuesta de la naturaleza:
Déjame que mi cuerpo 
te aplaste una vez mas contra aquel árbol
y sobre esta cascada vegetal; 
permíteme que mire
en tus ojos los astros
y que sacie en tu cuerpo 
la lujuria del cosmos. La existencia
es el instante en que se vive, pleno,
sin ayer ni mañana.
Vivir es amar hoy.


XIL.- Lo inesperado
Amada mía, luz
que me deja en la sombra:
si un día has de marcharte llévate
lo bueno que hay en mí: mi amor, mis ansias
de que encuentres quien te ame como yo,
el edén con que sueñas, 
los cielos más azules
y las aguas más puras. No te lleves
el dolor que me causes: la existencia
no trata con justicia a quienes aman,
pues no mata su amor al mismo tiempo.
El corazón está diciendo siempre
“quiéreme”: no sabe dejar de amar
cuando se acaba el enamoramiento
y la fascinación desaparece.


L.- La despedida
Mis últimas palabras no serán
de adiós definitivo,
ni un eco de mi vida,
ni un dolor en la noche.
Para morir quiero tus ojos
mirándose en los míos,
tu palabra diciendo que me amaste
y tu mano en mi mano.
Recorreré un camino oscuro
y pudiera perderme
si tú no me conduces.
Luego te irás de mí,
regresarás al mundo de los vivos
y volverás a amarme en otros cuerpos:
hasta que yo desaparezca
y tú seas tan solamente tuya.

Los versos de Trovadorius (IV)

Los versos de Trovadorius (VII)

Los versos de Trovadorius (VIII)

Los versos de Trovadorius (IX)

Los versos de Trovadorius (X)

Los versos de Trovadorius, XI

Los versos de Trovadorius (XII)

domingo, 29 de mayo de 2016

El peor libro del mundo

Brooks: Semilla de maldad


Otras veces lo he dicho: el único libro que hoy se lee es la televisión, de la editorial Populacho y Muchedumbre, que edita el Ministerio de la Ignorancia. Libro que, tristemente, en unas pocas décadas se ha convertido en el mayor best-seller de la Historia. 
     ¿Qué enseña ese libro? Enseña a atrofiar el músculo de la mente, a hacer creer al niño, al adolescente, al alumno de cualquier edad, que la existencia es un juego irresponsable, una lotería insolidaria,  una frivolidad, no un esfuerzo de autosuperacion.
     Enseña que la vida es un carpe diem superficial y no una energía física y metafísica que recibimos al nacer para que disfrutemos mientras nos mejoramos y construimos un camino mejor para quienes nos suceden. 
     El homo ludens suplanta cada día más al homo sapiens y enarbola la ignorancia como bandera en su creencia de que el estado de bienestar está en el bolsillo y no en el corazón.

sábado, 28 de mayo de 2016

Un yo de ocho mil millones


Chaikoski: El hada de azúcar (Cascanueces)


Qué fácil les resulta a muchos convencerse de lo que necesitan creer, caiga quien caiga -menos, aparentemente, ellos-. De nada sirve que les razonemos su equivocación, el sesgamiento de su perspectiva: permanecen en su contumacia porque a ella se han acomodado. Ellos son quienes detienen el mundo y lo enquistan en sus errores, creando la verdadera inquisición, que es la oposición a la verdad de que esta no tiene fronteras: y así nacen los fanatismos, la intolerancia, la incomunicación, la violencia... 
     Todos nos vemos por dentro y desde dentro, y por lo tanto subjetiva e interesadamente. Los otros nos ven desde su interior, y solo nuestro exterior: de modo que para los demás no somos lo que sentimos, sino lo que decimos y hacemos. Cada uno tenemos un yo, lo que significa que en el mundo hay ocho mil millones de yos en continuo trato de convivencia y, acaso, de presunta y mutua incomprensión. 
     Cuánto mejor nos iría si admitiéramos que reconocer un error significa mejorarnos, no anularnos. 
     Es el triunfo de la apariencia sobre la esencia, la mentira sobre la verdad, el famoseo y la envidia sobre la humildad, el qué diran sobre el quién somos. Hemos creado el mundo de la Enemistad, en el que solo sobrevive quien halaga. 
     Y todo desde que fuimos adoptando el poder del dinero como nuestro gran padre social. Así que ahora nuestros hermanos se llaman dinero, nuestros vecinos se llaman dinero, nuestro corazón se llama dinero, nuestra familia es el dinero. 
     Por este camino evolutivo pronto tendremos en el pecho una moneda en lugar de un corazón.

viernes, 27 de mayo de 2016

Dreyer: Juana de Arco


Aun siendo muda, habla más que la película más parlanchina: sobre la prevaricación moral, los juicios y las estrategias de la Inquisición.
Nunca los primeros planos fueron tan efectivos y caracterizadores de los personajes y la historia que se nos cuenta. La película, sobria y desnuda, es un paisaje de rostros expresivos.
Pulsar:

Aquí, la versión de 1948, para quienes la prefieran más caramelizada y catolizada:

Otros títulos:
(Algunos títulos dejan de verse cuando ya se han visto un determinado número de veces. En ese caso basta con buscarlos en youtube o google para acceder a ellos).

Bergman: Gritos y susurros

Wilder: El apartamento

Hitchcock: Rebeca

Brooks: Los hermanos Karamazov
El hombre tranquilo

Dreyer: Ordet

Maureen O´Hara: Posada Jamaica
30 años sin Welles

S Kramer: Adivina quién viene esta noche

Mankiewicz: Cleopatra

Hawks: Nace una canción

LANG: LA MUJER DEL CUADRO

Orson Welles: El extraño

El día después

S. Salkow: El último hombre sobre la tierra

Hitchcock: Frenesí

Stemberg: Crimen y castigo
Visconti: El Gatopardo
Preminger: El hombre del brazo de oro

Cacoyannis: Las troyanas
Kazan: La ley del silencio
Mercero: La cabina
Renoir: Esta tierra es mía.
1984
Siegel: Invasión de los ladrones de cuerpos
Roger Corman: La obsesión

Kubrick: Senderos de gloria

ORSON WELLES: Sed de mal


jueves, 26 de mayo de 2016

Todos los nombres llevan a tu nombre



Todos los nombres llevan a tu nombre,
pues eres para mí todas las cosas,
y, si te abrazo, abrazo el universo.
Si llueve, llueves tú sobre mi vida,
y si amanece el sol, en ti amanezco.
Qué alegría encontrarte en una rosa,
en el vuelo del pájaro, una esquirla 
de cielo, en la mañana y en la tarde,
allí donde mis ojos perseveran 
y donde el corazón siente la vida,
la música del agua, los sonidos
de la Naturaleza, el cascabel
del cosmos y la luz del alma. Nada
existe que no nombre el nombre tuyo,
la transparencia en la que el sortilegio
de la existencia hizo de ti su causa.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Para un orden social

Milhaud: La creación del mundo

El hombre es menos desdichado, o más feliz, cuando no tiene miedo: a la naturaleza, a la enfermedad, a la muerte... a sus propios semejantes. 
     Lo primero que el hombre tuvo que aceptar es que todo es más fácil para el grupo que para el individuo: y se agrupó con otros hombres en clanes, tribus, urbes, aunque esa convivencia le restase, más tarde, fragmentos de su albedrío.
     Difícil tarea la de diseñar una sociedad en la que todos gocen y nadie sufra. Pronto los bienes y los males comunes mostraron que no todos los percibían igualmente. La naturaleza nos ha creado desiguales física y síquicamente, y la civilización, queriendo potenciar la igualdad equitativa, no ha sabido evitar el incremento de las consecuencias de tal desigualdad. 
     Por ello, desde los orígenes ha existido la búsqueda de un paraíso humano -la utopía-, la formulación teórica de un locus amoenus en el tiempo que contuviese la dicha para que la disfrutasen igualmente todos los ciudadanos del mundo, del país, del entorno próximo. Utopías en el pasado, en el futuro: a fin de que se hicieran realidad en un presente indefinido y anhelado. Platón, Jesucristo, Francisco de Asís, Tomás Moro, Campanella, Rousseau, Huxley... describieron sendos edenes que sustituyesen el de Adán y Eva. 
     Pero no podría perfilarse una buena convivencia si no se advirtieran los peligros que entraña la misma sociedad. Y de ahí que junto a las utopías se hayan dibujado sus contrarios, las distopías, aquellos locus adversus en el tiempo a los que se vería abocado el hombre social cuando, buscando edificar un paraíso, construyera un infierno. Y así surgen El Bosco, Swift,  H. G. Welles, Orwell, Bradbury... 
     Se trata de soñar el sueño de don Quijote sin caer en el existencialismo de Hamlet ni en el eufórico y autoengañoso optimismo de Alicia; y, menos, en la pesadilla de tanto Hitler
     Pero, ¿cómo materializar un sueño?


martes, 24 de mayo de 2016

Carta a los hijos perdidos

Tristán e Isolda: El corno solitario



Ya que desaparecí de vuestras vidas porque consiguieron echarme de ellas no voy a intentar convenceros de la injusticia que padecí, padezco -y padecisteis-. La mente sedimenta lo que percibe, y construye con ello una estatua difícilmente modificable. ¿Cómo vencer o contrarrestar con palabras el silencio y la ausencia que habéis vivido durante tantos años? ¿Y cuántas veces lo he intentado? Yo no existo para vosotros, y si admitieseis mi existencia sería tanto como condenar la de quien os enseñó mi inexistencia. Sin embargo, quien quiere encontrar la verdad empieza dudando de todo. Hay que aprender del pasado, y luego impedir que suplante el presente y determine el futuro. 
     No hay mejor premisa que admitir que cuanto hacemos es para acertar, y que si nos equivocamos no fue esa nuestra intención. Por eso ni siquiera voy a descalificar a quien me apartó de vosotros porque tal vez creía en la honestidad del castigo al que su proceder nos condenaba. Así que me parece lo más sensato partir de cero y simplemente encontrarnos como desconocidos deseosos de ofrecerse lo mejor; y conversar, no disputar; hablar, no "pedir explicaciones", que implica rencor y agresividad. Eso os ruego: encontrarnos. Con buena voluntad todo iría devanándose lentamente, encontrando su cauce justo, entendiéndose y armonizándose. Hay que llevar mucho cuidado para no romper una estatua de porcelana, y más para recomponerla. Y eso son las relaciones humanas.
     Para no equivocarse es preciso saber qué se quiere y qué se está dispuesto a hacer para conseguirlo. Yo estoy dispuesto -no me queda otra opción- a continuar sufriendo que me ignoréis. Pero no creo que os resulte más fácil que la próxima vez que me veáis sea cuando os llamen para deciros que he muerto o me estoy muriendo.
     Recibid un abrazo.


lunes, 23 de mayo de 2016

Variaciones "Enigma"


Muchos compositores han compuesto variaciones sobre temas ajenos: Beethoven (Variaciones Diabelli),  Bach (Variaciones Golberg), Rachmaninov (Sobre un tema de Paganini), Brahms... pero Elgar no escoge un tema de otro compositor, sino de sí mismo, que va moldeando trece veces, procurando retratar en ellas a sus amigos (algo similar hizo Schumann en su Carnaval). 
Así comienza:
A

El título de "enigma" alude al hecho de que el tema nunca aparece explícito y es el oyente quien debe completarlo.

Elgar llega a su casa y, mientras espera la cena, improvisa al piano. Su esposa le dice que le gusta y que repita:

Así quedaría en la orquesta la variación primera:

Ensayo de la variación nº 9:

Completa:

Transcripción completa al piano:

¿Será este el canon temático?:


domingo, 22 de mayo de 2016

Los versos de Trovadorius (XII)

Borodin: Nocturno



XLV.- Mensaje en una botella
Todos los días me sorprendo hablándote
no con mis labios, sino con mi pluma
cuando te veo hermosa como un astro
tatuado en el crepúsculo. Y estalla
un volcán interior que se derrama
en palabras y versos. Te aproximas,
gaviota de la tarde, y me distraes
trazando garabatos en el aire
mientras espías mis palabras. Yo
te empujo suavemente entre las rocas
salpicadas de mar. Luego, en la arena, 
recojo mi escritura, la convierto
en un mensaje náufrago y lo lanzo
dentro de una botella. Tú, amor mío,
la encontrarás un día
junto a la orilla de tu corazón
y me reconstruirás cuando me leas.
Talismanes verbales, mis palabras
me resucitarán sobre tus ojos.

XLVI.- El castillo
Mira la espada y el puñal hundiéndose
en la garganta del guerrero, siente
el vino y el diamante enamorando
en noches de lujuria, escucha el pífano
clamando cetrerías. Todo es ya
ceniza devanándose en el tiempo.
Trovadores, juglares, reyes, besos:
también mueren las armas del amor,
la ajorca del poder.


XLVII.- Grabado en la corteza
La noche deja entre nosotros vértigos,
huellas de estrellas, lumbres
y sortilegios en el corazón.
Nos envuelve la miel del tacto, caen
fragmentos de la luna,
y el ruido del amor se eleva y canta
entre arpegios de sombras.
En la caverna de la noche alzamos
un himno en el que suenan
todos los besos de cuantos se aman.


Los versos de Trovadorius (I)

Los versos de Trovadorius (VI)

sábado, 21 de mayo de 2016

Egoístas y altruistas

Copland: Fanfarria para el hombre común


Hay dos tipos de personas: las que entienden la vida como la persecución de una carcajada interminable y las que vencen la tristeza buscando una sonrisa.
     Las primeras deforman y malversan la existencia, considerando solo lo que en ella hay de frívolo y efímero. Se limitan a ser vegetales de un jardín que no existe. Pertenecen a la categoría del egoísmo.
     Las otras la ennoblecen al potenciar el esfuerzo por comprender su metafísica, eliminan las malezas de su bosque y la hacen habitable para sí mismos y para los demás. Plantan rosas que nazcan sin espinas. Pertenecen a la categoría del altruismo.


viernes, 20 de mayo de 2016

El abrazo sexótico

Bizet: El amor es un pájaro rebelde


- Durante más de diez años viví en pareja.
- Y yo.
- ¿Por qué fracasasteis?
- La razón principal fue mi dificultad para ser fiel.
- Creo que igual me ocurrió a mí.
- Cuando te casas, te emparejas ... la sociedad te exige fidelidad y pasas a ser propiedad de la otra persona...
- Pero ¿cómo callar los gritos del hombre o la mujer cinegéticos del amorismo? 
- Eso: ¿Cómo?
- ¿Qué hacer cuando la mujer, o el hombre, tiene una capacidad sexual más intensa y duradera que la de los demás?
- Eso: ¿Qué hacer?  
- ¿Controlarte?
- ¿Castrarte?
- ¿Simultanear las relaciones?
- Claro: cuando no puedes comer en tu casa te vas a otra.
- Sin embargo convivir es mucho más que eso.
- Eso. Pero cuando el cuerpo está insatisfecho, todo se insatisface... y surgen continuas discrepancias en todo.
- ... Eso.
- Supongo que la fidelidad se impuso para saber quiénes tenían que hacerse cargo de los hijos.
- Supongo. Pero cuando tu pareja no tiene tus biorritmos ni compulsiones...
- Eso: ¿Qué hacer? 
- No es que no se intente: es que no se puede ir contra la naturaleza.
- ¿Y la libertad, ¿qué?
- La libertad conlleva responsabilidad.
- Deberían inventar un medidor de erotismo para que cada dos  amorizantes se sometieran a él y ver si se complementaban sexógenamente.
- Eso...
- Pero matrimoniarse es mucho más que sexualizar: amar, comprender, tolerar, compartir, respetar...
- Eso...
- Y ahora que todo está comprendido, ¿quién se lo explica y hace entender al impulso erotómano?
- ¡Eso!

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