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viernes, 24 de julio de 2026

Inicio de un discurso

Inicio de un discurso

 Creo que nunca he tenido muchas neuronas ágiles, aunque algunas tenía. Lo malo es que todas parecían disponerse como un ejército contra mí. Por eso casi me alegro de que me queden pocas. Antes sufría, por ejemplo, cuando debía acudir a un acto público como este -la presentación de un libro, la recepción de un premio, una conferencia...-. Mi organismo síquico se rebelaba contra el físico, provocándome diversos malestares fóbicos. Eso me pasa ahora mismo: creo que no voy a estar a la altura de las circunstancias. Por eso creé mis circunstancias: no comprometerme a más apariciones públicas. 

Entonces por qué estoy aquí, se preguntarán vuesas mercedes. Pues no lo sé muy bien, diréles yo. Tal vez porque los retos son necios encuentros con uno mismo en los que siempre perdemos el miedo a lo que ya nunca vamos a hacer porque la existencia nos lo niega o impide. Y también, en este caso, porque yo inicié estos actos presenciales de poetas y relatores hace un cuarto de siglo, y por algún yoquesé más. Por ejemplo, que hace ya cuatro o cinco libros nuevos editados que han salido a pasear sin mí.

Así que, tras muchos rechazos, me puse a recolectar poemas para la ocasión. No tienen la factura de himno ni elegía, ni del himno en la elegía, aunque sigan siendo devastaciones, sueños. Todos debemos aceptar que la mente -y sus operaciones síquicas- es una tejedora de trayectos que empezamos hacia una cima que luego descendemos. Que somos más o menos sapiens hasta que la vida nos va convirtiendo en "presentes sucesiones de difunto", como anotó Quevedo. Que lo que parecen utopías devienen distopías y que "la muerte es el fin que hay en todo principio".

¿Son peores estos poemas que aquellos que me parecían dignos? Desde luego ni su presencia ni su ausencia alteran el mundo -porque no voy a mostrar ninguno-. Y eso es lo que debe tener un poema, cualquier arte o ciencia: debe alterar el mundo, o al menos a un individuo, dos, tres... Si no, la escritura ha sido un pasatiempo más que una comprensión del tiempo, de la vida, de la trascendencia. Que eso es lo que ocurre hoy: la trascendencia ha sido suplantada por la frivolidad. Y bien están el pasatiempo y la risa, pero no como solemne forma de vida, sino como entretenimiento del trabajo de vivir para mejorar el corazón y la muchedumbre.  

Y me preguntarían vuesas mercedes -si no les hurtase yo la ocasión de que no me preguntaran lo que tal vez no sabría responder...

En fin: para no ser descortés les dejo aquí un verso que me regaló una fermosa musa:

                   la luz de la belleza es una hipnosis

                                                     

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