Pulsar
Como un dulce paisaje surcando un breve océano,
la mágica sirena cubre de oscuridad su cuerpo
con metáforas de algas y otras sombras
para ocultar su fúlgida figura
al ardoroso espía que la observa,
mientras ruega a la luna que dé luz a la noche
para que se emocionen sus ojos ciegamente
al contemplar la bella desnudez.
Desde el fondo del agua crepitan catalejos,
escilas y caribdis. Y las estrellas surgen
como flores o huellas de gaviotas
sobre la superficie del rectángulo.
El corazón del oteador se eriza
tallando en su retina la estatua que no llega.
El corazón, islote solitario,
quiere lanzarse al agua y convertirse
en un dulce arrecife o un escualo salvaje
para chocar con ella y naufragarla
tallando en su retina la estatua que no llega.
El corazón, islote solitario,
quiere lanzarse al agua y convertirse
en un dulce arrecife o un escualo salvaje
para chocar con ella y naufragarla
con su devoración.
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