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viernes, 17 de febrero de 2017

El poema y la glosa

Agradezco a Nuria P. Serrano el comentario que incluye en su blog sobre el poema publicado hace unos días, y cuyo texto añado: 


1.- El poema:


Consuélenme tus besos

Este mar que contemplo te observa en esa orilla
en la que tú contemplas que te miro
anhelante y lejano, como un lecho
de líquido esplendor en el que nos amamos.
No es este el mar de Ulises, pero es mar:
el alto cielo convertido en lluvia.
La transustanciación inicia el vértigo
de nuestros corazones trascendidos,
y el agua es como un pájaro que se posa en tu cuerpo
y lo inunda de besos, caracolas y brisas.
En él vuelo hasta ti, te abrazo y dejo
que vuelva con tu abrazo.
La lentitud sonora de sus olas
briza con su plumaje la tierna acometida
de tu amor y mi amor, mientras la noche
rutila con estrellas la frágil singladura
de nuestra mutua ausencia.
Sálvame del naufragio:
Consuélenme tus besos en la aurora.


2.- La glosa:

Si, además de escuchar el poema de Antonio Gracia, “Consúelenme tus besos”, lo analizáramos, podríamos decir que hay una sucesión de miradas encadenadas: el amado contempla el mar, que a su vez contempla a la amada. El amado mira a la amada que, desde otra orilla, mira al amado contemplándola. Pese a la lejanía que los separa, ella, anhelante y deseosa, se regocija al ser mirada.
      El mar es espejo y reflejo de amado y amada: el líquido esplendor que ambos contemplan para contemplar que se contemplan. El amado desearía que ese líquido fulgor en que los ojos de ambos se abrazan fuera el mar de Ulises. No obstante, consciente de que no lo es, se apacigua pensando que es mar, pese a todo. Es el alto cielo de Homero encrespado. Y su encendido oleaje es origen de la transustanciación de ambos: un vértigo mutuo trasciende y transforma sus corazones, logrando su unión más allá de la distancia: igual que el pan y el vino dejan de ser pan y vino, los amados se unen y divinizan al transustanciarse. Así, en la contemplación del mar, llega el amado a “ser amado en la amada transformado”: el mar rizado es un pájaro que vuela, rozando con su plumaje el cuerpo de la amada y llenándolo de “besos, caracolas y brisas”. El perpetuo vaivén, las olas lentas, y su suave desmemoria, los unen y transfiguran en el abrazo. Y en ese continuo viaje de miradas que miran que son miradas, la noche se llena de estrellas. Aun así, el amado, sabedor de la fragilidad del viaje, y temeroso del naufragio, pide a la amada la consolación de sus besos en la aurora, como un crepúsculo anhelante de la luz del alba.
      ¿Es esto, en todo o en parte, lo que quiso decir Antonio Gracia al escribir su poema? Quizá no. Quizá debemos pensar que, como toda interpretación, esta no es más que una digresión o incluso una destrucción de la belleza intrínseca de un poema que otro lector podría interpretar de otra manera. En toda exégesis nos alejamos de la esencia del poema: transmitir con palabras precisas, escogidas, certeras. En cualquier caso, si este poema emociona a los lectores de forma que estos puedan interpretarlo y hacerlo suyo es porque su música habla con sonidos y silencios que todos podemos sentir y entender, y que nos permiten “apropiarnos” de él, adaptándolo a nuestro propio mundo y vivencias. Esa es la fuerza de este poema. Y esta explicación solo son palabras para explicar lo inexplicable e inextinguible: la magia de la poesía que, en ocasiones, algunos poemas, si son poemas, revelan al tocar, con su plasticidad y su música, nuestras tres grandes heridas: “la del amor, la de la muerte, la de la vida”.
                                                                                            Nuria P. Serrano


Comentarios:

1. I. H.- Si te interesa saber más sobre cómo se 
construye un poema, puedes leer el último libro 
de Antonio Gracia: La construcción del poema.
 Encárgalo en tu librería habitual. 
O solicítalo por correo electrónico a Lorena Bernabéu: lbernabe@diputacionalicante.es. 
Precio: 10 euros, gastos de envío incluidos.
  1. 2.- Laura. M
    El mar ese misterio que siempre cautiva y enamora sólo con mirarlo...Siempre el mar.
    Razón tenía Khalil Gibran cuando dijo... "Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal. Está en nuestras lágrimas y en el mar".
    Precioso Nuria.
    Buen fin de semana.
    Besos.
  2. Magnífico poema, muy acertado.
    Abrazos.
    Responder
  3. 4.-  MPilaR
    Fuera la que fuere la intencionalidad de Antonio Gracia al construir este poema en concreto, certísimo es que en todo proceso amoroso, de toda índole, el elemento único que lo define es la absoluta comunión entre el amado y el amador. Hasta participar ambos de idéntica realidad aun 'a costa' de fundirse ambas partes en esencia.
    impecable, el poema
    Bss
  1. 5.- ReltiH
    UN POEMA MUY BONITO.
    ABRAZOS
    Responder

  2. Los que vivimos a la orilla del mar tenemos una indiscutible ventaja para entender la relación que se establece ente mar y observador. No sabríamos expresarlo tan bien como o hace Antonio Gracia pero ahora, mientras miro las olas, las reales, puedo comprenderlo un poco mejor.

    añiles
    · LMA · · CR ·
    Responder
  3. Bonito poema e interesante explicación.

    Salud.
    Responder
  1. Sublime poesía, las últimas palabras son estremecedoras.
    Me arrullan el susurro del mar y las olas.
    Un abrazo.
    Responder
  2. Preciosas palabras, que bonito poema ,me encanta, espero todo vaya bien,saludos y feliz semana.
    Responder
(Un breve apunte: Poema de amor es este cuya génesis puede extrañar, pero que ilustra los laberintos del proceso creador. Al tener que callar el nombre de quien está al otro lado del océano y es destinatario, su identidad poemática va adquiriendo otra que acaba, en el texto, convirtiéndose en la amada, dentro de un poema de amor al uso. No obstante, el impulso creador original y su escritura -refundida para que el receptor sea una mujer- fueron determinados por la pulsión del autor al sentir a su hijo en la distancia).