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martes, 17 de marzo de 2020

Oración contra el virus



Al íntimo Alienígena

Oh Dios Hermoseador de la Belleza:
si esta vida es tan noblemente hermosa,
¿qué otra me darás más venturosa,
si en esta ya me ofrendas la pureza?

¿Existe un cielo azul con más nobleza,

una rosa más bella que la rosa?
¿Crearás con tu mano poderosa 
mayor grandeza en la Naturaleza?

¿Me darás un edén más acendrado
que el del árbol y el sol, la fuente, el río?
¿Acaso una palabra, una cadencia

como las de Petrarca, un sueño alzado
tan alto que doblegue mi albedrío
de gozar siempremente esta existencia?




lunes, 16 de marzo de 2020

Nadie podrá contigo.

Wagner: El fuego mágico

- Si has aprendido todo cuanto has podido aprender, incluso de tus errores...
- Si has construido en vez de destruir...
- Si tienes en cuenta a los demás en lo que valen por sí mismos y no por lo que puedas conseguir de ellos...
- Si cuando no aciertas eres capaz de decirte "me he equivocado" y seguir luchando para acertar...
- Si sabes vivir contigo mismo pero no te consideras autosuficiente sino solidario...
- Si sabes amar aunque no te amen...
- Si no sabes traicionar...
- Si tu fidelidad a tus convicciones te lleva al sufrimiento de la incomprensión de los otros, pero continúas sin querer rendirte...
 Confía en ti mismo.
- Si prefieres decirle tu verdadera opinión a tus amigos aunque los pierdas por no halagarlos...
- Si cuando has oído las razones de los demás crees que ninguna destruye la tuya y te mantienes firme...
- Si te quedas solo porque los demás prefieren la compañía de la muchedumbre alienatoria...
- Si desconoces la adulación...
- Si cada día te levantas con el ánimo indomable de hacer lo correcto...
- Si das porque lo necesitas y no para que te den... 
- Si siembras para que recojan y no para recoger...
- Si luchas por quienes te importan y por los que no te importan...
- Si crees en la verdad y en la justicia pero no impones tu forma de entenderlas...
- Si te duele vivir pero sigues viviendo...
 Confía en ti mismo.
Nadie podrá contigo.

El séptimo sello









El metafísico Bergman filma la más terrible, hermosa y categórica disquisición sobre la vida y la muerte.
Un caballero medieval vuelve de las cruzadas perseguido por la peste negra y la obsesión sobre el sentido de la existencia.


domingo, 15 de marzo de 2020

CRISIS DE PÁNICO.


Beethoven: S. 6ª (La tormenta)


De pronto sientes que todo se tambalea a tu alrededor. Es como si mirases desde un suelo que trastabillara. Parece que un seísmo íntimo te sacude y descontrola. No eres dueño de ti, sino un esclavo de sensaciones llegadas de no se sabe dónde. 
     Es un ataque de pánico, y su causa es de ayer, de hoy o de hace décadas. Te acaban de decir que estás enfermo; o es simplemente la tormenta de un recuerdo mal digerido; o un virus heridor que viene a herirte. Algo amenaza tu existencia y tu instinto de supervivencia te da un grito de alarma. El cerebro, en su extraña probeta, se ha inyectado a sí mismo una sustancia difícil de asimilar; no todos nacemos con un ADN armonioso, ni sabemos armonizar los traumas de la infancia o los espantos del presente.
     Esos aerolitos invisibles son las ideas irracionales, que, como invisibles cuervos, atacan y extenúan tu armonía. 
     Te agobian sus relámpagos, te asfixian. 
    Pero deja que pase su aquelarre: si te espanta y te anula su temor, solo añadirás mayor dolor, prolongarás su tiempo.
     No luches contra esos cuervos, déjalos que se agoten en su ataque: cuando se cansen los habrás vencido: solo entonces. Mientras tanto soporta su agresión, respira alguna rosa que riegues en tu mente.
     Al final, tu serena quietud te hará prever que el próximo ataque ya no es más que un ataque; y podrás defenterte simplemente ignorándolo, porque lo que ha de suceder sucederá,  y mejor sin aspavientos.
     Piensa en Heiligenstadt.

sábado, 14 de marzo de 2020

Holocausto virular


Si yo fuera un personaje de Bocaccio aprovecharía estos días para decameroniarme en algún lugar silente y sosegado, lejos de toda furia y del virus mundano. 
      Hace mucho que pedí a los Reyes Políticos que me regalasen un helicóptero y una isla robinsónica: para huir de aquesta sociedad de la que, sin querer, formo parte. Pero nuestros héroes están tan enzarzados en economías y seudopolíticas que prefieren culpar de sus errores a los virus de toda índole (el de la corrupción, el de la inepcia, el de este y el de aquel...), siendo así que -homo homini lupus- solo el hombre es un virus adrede. Y eso nos llevará del locus amoenus del Decamerón al locus horribilis de Soy leyenda, la novela de Matheson en la que lentamente la humanidad se reduce a un solo hombre, puesto que los demás son antihumanos hijos de la vampiriasis. Y de este modo, en vez de tropezarnos con la enternecedora y lúbrica Alibech nos encontronazaremos con Vincent Price, el protagonista de El último hombre sobre la Tierra, que es como se titula la versión cinematográfica -1964- de esta novela (luego Charlton Heston protagonizaría el mismo personaje en El último hombre vivo, de 1971. -Húyase de la versión de 2007). 
     Ya que el ciudadano debe aislarse, hágalo, por ejemplo, viendose a sí mismo a través de esta distopía, en la que el individuo es devorado por la muchedumbre:







miércoles, 11 de marzo de 2020

Beatus illae...




La voluntad hímnica


HACIA LA LUZ
Este árbol, esta sombra y estos libros
que me procuran placidez y calma
no están hechos para morir; nacieron
al margen de los días para darle
un rostro amable al mundo.
Una hoja ha caído y me reclama
con su fugaz delicia: la contemplo
y el universo me contempla en ella.
Siento desordenadamente
correr el tiempo frágil, que este instante
no será, otra vez, mío.
………………………………..Cede el alba
su luz, y la mañana se apresura
hacia el ocaso.
Como un escalofrío, la tristeza
deja en mis ojos su melancolía.
Yo quisiera olvidar tanto dolor,
morir para matar
este desasosiego:
………………………..y de repente,
rebelde y luminoso,
como si despertase de un gran sueño,
mi corazón se abraza a la existencia,
toco las cosas, vivo.
COMO SI FUERA UN ÉXTASIS
Agoniza la tarde, dulcemente
abrasada en los fuegos del crepúsculo.
Se detienen los pájaros,
y las criaturas buscan en el sueño
la comprensión de su existir, la dicha
de conocer el gran secreto, el rostro
que se oculta detrás del nombre Dios.
Me seducen las sombras: veo en ellas
el cincel de la luz,
la transfiguración de la desdicha.
Entra en mi corazón un rayo oscuro
y todo halla unidad, correspondencia.
En medio de la noche, bajo el claro
fulgor del firmamento,
un enjambre de estrellas me persigue.
AZIMUT
Es ese instante del día
o de la noche en que todo
se desprende de sí mismo
y la esencia de las cosas
se transfigura en perfume,
tacto, color y sabor,
la música del origen,
rostro, al fin, del gran secreto.
La estrella es aroma; el árbol
alza su luz; las espigas
dibujan sus pentagramas
en el viento; todo es paz.
Divisa el alma el clamor
de la plenitud, abraza
la fugacidad queriendo
retenerla: y cristaliza
la dulce contemplación,
útero y tumba en la noche,
bajo la luz del misterio.












LA EPOPEYA INTERIOR
De tanto seducir el sol los ojos
la luz los enamora.
La oquedad de la mente se ilumina
buscando lasitud en los sentidos.
Hay un sitial sin límites clamando
fronteras eternales, claridad.
La dulce algarabía
suena abisal como un torrente leve,
y la voz escandida
grita hacia adentro su canción:
el cielo
estalla azul sobre los mares,
las antorchas
irradian mansedumbre,
la tristeza
transustancia sus lágrimas,
los pájaros
invaden el instante,
la existencia
se llena de quietud.
POTESTAD
Grita el viento. La noche queda fuera.
Como un notario, apunto las cosas que poseo:
el mar y las estrellas, el horizonte alado
donde el pájaro ondea dibujos invisibles,
la montaña y el bosque,
los libros, las fragancias, el otoño,
la música y el sol,
las palabras azules que transforman el mundo,
la lluvia y su arabesco solitario,
mucha melancolía y un poco de esperanza,
espejos que repiten los anhelos.
La noche queda fuera, o nace en mí.
Anoto algunas cosas como argumento mágico
de que la soledad no existe. 
POR UNA ELEVADA SENDA
Si yo supiera decir
cuanto, sin palabras, dice
mi corazón a las cosas,
al mar y al viento, a la lumbre
de los íntimos sentidos
que me escuchan y responden
como la piedra a la piedra
y el agua al agua, o la luz
al puro ensimismamiento,
mis labios pronunciarían
los secretos y vislumbres
que el alma guarda en la sombra
desde el principio del tiempo
y que tan solo conocen
la flor, el pájaro, el alba,
esos instantes ocultos
como dones misteriosos
en los que se transfigura
el anhelo en realidad,
la claridad en pureza.
Entonces, la clara bruma
del presagio estallaría
como una revelación
en la estancia donde habita
mi ser esperando ser
inmensidad, transparencia.
Y con los ojos cerrados
abiertos hacia la luz,
contemplaría los fuegos
y los glaciares que agitan
el espíritu y lo elevan
allí donde la pluma se detiene.
HACIA EL ORIGEN
Todo está lleno de luz.
El alma bebe en la sombra
manantiales de sosiego,
y se ve a sí misma, clara
efigie de la verdad.
No sé cómo, la pureza
del agua todo lo envuelve
de transparencias. El cuerpo
se diluye. Todo cuanto
era oscuro es claridad.
Descienden, yo no sé cómo,
los cielos hasta mi frente,
y enigmas, esfinges, dudas
desvanecen sus secretos
no sé cómo, se revelan
como un misterio que alumbra
la eternidad: el instante.
El aire estalla en fulgores
y una gélida fragancia
vesperal invade el mundo
de repente, no sé cómo,
mientras la noche ilumina
los ojos, el corazón.
Todo se llena de estrellas
y renace, no sé cómo,
la infancia: la luz perpetua.












INDICIOS EN LA NOCHE
Cuando la noche cae
sobre los corazones
y la ciudad se duerme
en una extraña calma,
siento que el infinito
se derrama en silencio
por calles y veredas,
y los árboles arden
en solitarios éxtasis;
el fuego de la noche
brilla entre las tinieblas
como un cíclope airado
que de pronto encontrase
la paz en sus cenizas;
bajo el himno del cosmos
la claridad inunda
las almas, y las cosas
transfiguran su efigie
hasta encontrar el rostro
de la diafanidad;
el tiempo se detiene
igual que un arcoíris
coronando las sombras
fulgentes; vuela un pájaro
de luz y entra en los ojos
una clarividencia
que vence los misterios.
Así penetra el alma
en la revelación
y cuanto ve conoce
su nombre y su figura
porque el mundo regresa
al alba, al primer día
de la creación.
LA PLENITUD
Por las mañanas, miro el horizonte
nebuloso. Ya el sol
no amanece como antes.
Con sigilosos pasos, una sombra
brillante se me acerca, y es la muerte
que viene a recordarme que mi vida
se despide de mí y me deja solo
frente al umbral.
Me digo entonces que las noches son
presagios y recuerdos
de esa región dormida a la que llego
dolorido y cansado.
Cuántos, antes que yo, miraron tristes
la bruma luminosa
y observaron su horror o su esperanza.
El viento aún guarda aullidos
y plegarias inútiles.
Yo me siento a la orilla de la tarde,
cercano a alguna fuente,
y procuro callar y sonreír
como si fuera a hablar, por fin, conmigo.
DEL ETERNO RETORNO
Cuando llegue el momento en que todo regresa
desde los territorios de la infancia
y la vida parece que va a empezar de nuevo,
abre los ojos, mira
que hiciste lo correcto y que el error
no está en equivocarnos al buscar la verdad,
sino en creer que un día pudimos haber hecho
lo que haría el que somos, ese desconocido
que vamos descubriendo cuanto más se nos muere.
Abre los ojos, mira
que la verdad consiste en aceptar
que vivir es morir en cada instante
en el que renacemos para ser
muerte y resurrección, metamorfosis
definitiva hacia la claridad.
Y que la Muerte solo es otra puerta
en la que abandonamos los recuerdos
para entrar, transparentes, en nosotros.
VISIÓN DEL OTRO LADO
La carne llama a la carne,
y de la carne se engendra
el espíritu, otra carne
transparente, hermosa, clara,
pero carne al fin, materia
indestructible, pulsión
y espasmo de la conciencia.
Bulle en la carne el sonido
de la piedra, el mar, la luz,
como si reverberase
el himno del universo
y sometiese a cadencias
melodiosas el fulgor
de la música escondida
en los anhelos. La lumbre
agazapada en la sombra
de los sentidos eleva
su armonía sideral
y se asoma por los ojos
hasta las cosas, que fulgen
como transfiguraciones
en la claridad del día.
Los cuerpos pierden su forma
y transparentan sus almas.
Todo se alumbra y convierte
en diafanidad. El ser
no tiene contornos, fluye
inmerso en los otros seres,
es río y mar, manantial.
Las palabras abandonan
su decir; ya no hay palabras:
tan sólo conocimiento.
Qué claro prodigio, el ansia
de trascender la materia,
y qué remoto el dolor
de sentirse atado al hueso.
Todos los cuerpos son almas
en peregrinar constante
hacia la clarividencia.

Antonio Gracia es autor de
La estatura del ansia (1975),
Palimpsesto (1980), Los ojos
de la metáfora (1987), Hacia la luz (
1998), Libro de los anhelos (1999), 
Reconstrucción de un diario(2001), 
La epopeya interior (2002), El himno 
en la elegía (2002), Por una elevada senda (2004), Devastaciones, sueños 
(2005), La urdimbre luminosa (2007). 
Su obra está recogida selectivamente en las recopilaciones Fragmentos 
de identidad (Poesía 1968-1983), de 1993, y Fragmentos de inmensidad 
(Poesía 1998-2004), de 2009. Entre otros, ha obtenido el Premio 
Fernando Rielo, el José Hierro y el Premio de la Crítica de la 
Comunidad Valenciana. Sus últimos títulos poéticos son Hijos de Homero
La condición mortal y Siete poemas y dos poemáticas, de 2010. En 2011 
aparecieron las antologías El mausoleo y los pájaros y Devastaciones, 
sueños. En 2012, La muerte universal y Bajo el signo de eros. Además, 
el reciente Cántico erótico. Otros títulos ensayísticos son Pascual 
Pla y Beltrán: vida y obraEnsayos literariosApuntes sobre 
el amorMiguel Hernández: del amor cortés a la mística del erotismo 
La construcción del poema. Mantiene el blog
 Mientras mi vida fluye hacia la muerte y dispone de 
un portal en Cervantes Virtual.