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miércoles, 20 de julio de 2016

Otoño primaveral


Madrigal en la noche








Madrigal en la noche


Por las calles desiertas va mi amor.
La acompaña el cadáver de la luna.
Ella no sabe en realidad cuánto la amo.
Y yo tampoco sé cuánto me quiere.
No sabe que en su cuerpo yo no encuentro
los surcos de la edad, sino las huellas
de todos los que fui y aún quiero ser;
no sabe que la amo como antes,
o quizá más que antes, pues resucito en ella. 
En mis dedos perdura el tacto de su piel,
y en mis ojos su rostro de sonrisa doliente.
Mi cuerpo se estremece al recordar
el estremecimiento de su cuerpo.
Tal vez a ella le ocurrirá lo mismo.
Sin embargo, no cree mis palabras
ni yo creo las suyas. Quizá es que ya sabemos 
que, aunque nos abracemos una vez y otra vez, 
volverá el desamor inesperado,
la tristeza, el vacío y la desolación
en esta noche inmensa en que el amor no cabe. 
Algo pasa en el mundo que lo hace inhabitable 
para los corazones encendidos
y convierte sus llamas en ceniza.