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miércoles, 13 de enero de 2016

Cuatro años, tres días

Liszt: Libestraum, 3


Cuatro años y tres días cumple este blog. Nació azarosamente, y no contaba sino 24 horas cuando empezó a andar, titubeante y sorprendido de que le prestasen atención seres lejanos y desconocidos.
     Y aquí sigue, caminando día tras día, recogiendo la lluvia que se derrama de mi pluma, o mi teclado, sin orden y bastante desconcierto. Ya es como un diario sin forma de diario en el que me confieso abierta o encubiertamente, vistiéndome de verso, prosa, llanto y risa, para que los fantasmas se disipen. Además: muchas veces he dicho que algo hay que hacer mientras la vida fluye hacia la muerte.
     Me sirve, tal vez, como al deportista: para quemar las toxinas que de otra manera arderían conmigo, dentro de mí, y me convertirían en una antorcha viva y una muerte sin fin. Ojalá ese fuego sirva, al menos, para dar algo de luz a quienes de vez en cuando se asoman a estas páginas desganadas pero que aún no puedo abandonar. Me han servido, además, para unir la música, la imagen, la palabra, en un todo de origen sinestésico, como si mi sueño de ser Wagner o Scriabin se acercase a su materialización y acariciara la obra total. 
     Algún día tal vez sienta que he escrito una entrada que me parezca digna y en la que encuentre al menos una breve respuesta que me dé algún sosiego. Entonces podré colgar la pluma como hizo Cide Hamete: sabiendo que todo está consumado. 
     ¿Qué será de mí entonces, si solo soy mi pluma?