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viernes, 12 de noviembre de 2021

El beso irrepetible (El amor es un pájaro enjaulado, 12)

Tchaikosvki: Vals de las flores
Tchaikoski: vals de las flores

El beso irrepetible
          1.-  Petrarca escribe: Fluye la vida y nunca se detiene (“La vita fugge, e non s` arresta un’ ora ...”), quizá porque, tan humanista él, sabía, como Heráclito, que Todo fluye y, por eso, nada permanece, de donde se deduce, como primer motor del tempus fugit y del carpe diem, que No te bañarás dos veces en el mismo río. Amargura tan universalmente asumida que, en el otro extremo de la cultura, Li Tai-Po hace decir en “El adiós” de una mujer a su amado que Ningún río puede regresar a su fuente, / ninguna rosa puede volver al rosal que la dejó caer.
         ¿Qué es lo que perdura en el pasado que se hace presente cuanto más caminamos al futuro? ¿Qué levadura tiene el tiempo ido que germina en el corazón humano su regreso? ¿Por qué Jorge Manrique no puede evitar escribir que cualquier tiempo pasado fue mejor, si el pasado es la ruina del presente para quien a él se aferra y se ciega al horizonte de todos los mañanas? Acaso es que el hombre es un necrófilo del tiempo y halla su identidad en lo que de él murió cuando vivía y no supo apreciar, y la nostalgia es el perdón y es el castigo que a sí mismo se da recreando lo que quiso vivir y ser, pero no fue. O acaso nuestra vida, en realidad, es la memoria que forjamos de ella: y la inventamos cómo fue ya que no podemos ser demiurgos de la que vivimos y soñamos vivir. Pues somos una ruina. O tal vez es cierto que si cualquier tiempo pasado no fue el mejor, como quisimos y queremos, sí lo es como inspiración elegíaca, como dolor presente nacido de la ausencia, ya que se convierte en lenguaje que brota sin pausa como un soplo / de la magnificencia de la ruina (Jenaro Talens). La fascinación por “la edad de oro” del pasado, cuyo arquetipo literario se incluye en “El Quijote”, obligó a Petrarca a elevar a categoría metafísica lo que Manrique haría tópico: Siempre he lamentado no haber nacido en otra edad; y he procurado olvidar la presente, insertándome espiritualmente en otras (“Carta a los venideros”). Pero Dante ya había expresado que no existe mayor tristeza que recordar el tiempo feliz en tiempos de miseria.
          Comoquiera, recordar es un dolor y es un amor, puesto que transfiguramos en materia propia lo que fue sustancia de los otros y las cosas. Si, como defendía ParménidesLo que es, es necesariamente, sin duda la sustancia de ese ser es la de su constante mutabilidad, una energía indeleble pero transformable. Recordar es vivir la utopía que no fue como si hubiera sido. El recuerdo es la memoria de lo que quisimos que ocurriera. Y duele y alimenta: hace soñar. Puesto que estamos hechos (Shakespeare:) de la misma materia que los sueños: por lo que entrar en la memoria y resucitar en ella nuestro yo como debió ser -no como se lo impidieron los dioses o los hombres- es entrar en un sueño y vivirlo como una vida auténtica. Recordar es amarse a sí mismo, besarse en ese otro cuya identidad tanto anhelamos. Cierto que estamos diseñados para no creer nuestras mentiras mágicas y sí las de los otros. Pero la mentira que hilvanamos sobre nuestro pretérito también vendrá el tiempo a tejerla como una verdad en el presente, cuando recordemos. Y acaso llegue la muerte a impedir reconocernos como piadosos embusteros metafísicos, necesitados de la mentira como supervivencia. Quizá por eso el hombre escribe sus memorias al margen de los historiadores, y hace literatura para inventar la vida.

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Una poética estrábica

 







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Una poética estrábica

por El Cuaderno

«Pero la Historia es una hoguera errante/ en busca del gran fuego primigenio». Un poema de Antonio Gracia.

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El Cuaderno | noviembre, 2021 a las 8:50 am | Etiquetas: Antonio Gracia | Categorías: Poéticas | URL: https://wp.me/p8BKjo-ftX



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jueves, 4 de noviembre de 2021

Si muero antes de despertar.




Si muero antes de despertar (Monólogo interior)

En la noche serena contemplo el infinito
Detrás de las estrellas tal vez haya un edén
Si pudiera volar convertido en un pájaro
Decidme que la noche desemboca en la luz
Mi corazón asciende por la noche infinita
Detrás de las estrellas tal vez haya un edén
Sonrisas de diamante parecen las estrellas
Dentro de mí una escala me invita al paraíso
Decidme que la noche desemboca en la luz
Contemplo los abismos lejanos y profundos
El mundo tiene forma de un ataúd errante
La tristeza es un pájaro que vuela en las entrañas
Quién besara los ojos de la melancolía
El amor es la magia que nos convierte en dioses
Los besos son la huella de la resurrección
Detrás de las estrellas se columpian los sueños
La soledad desvela al hombre cosmogónico
Decidme que la noche desemboca en la luz
Manantiales de dicha diluvia el firmamento
No existe la tristeza para quien sueña y ama
El amor es la magia que disuelve el dolor
En la noche serena se columpian los sueños
Mi corazón asciende convertido en un pájaro
Diamantes y sonrisas en la noche serena
La soledad descubre la mística armonía
Decidme que la noche desemboca en la luz
La lluvia clama ocasos en los que dibujarse
La sonrisa es un rostro que oculta el de la muerte
Los besos son la huella de la resurrección
Jamás tendré tus besos oh dama inresurrecta
Arcoíris y lluvias derraman utopías
Decidme que la noche es un canto a la luz
.............
Hace años escribía yo desenfrenadamente, sin poder atajar el turbión síquico que pugnaba por salir para liberarme de su tortura. Cuando me decidí a publicar, no podía corregir aquel desenfrenado río que brotaba sin buscarlo y que me ahogaba tanto si permanecía en mis sentinas como si se volcaba sobre el folio.
Retirado de la escritura durante 15 años, intenté ordenar mi mente, que zozobraba igual en la prosa de los días que en el verso de la pluma, puesto que ninguna distinción había entre unos y otra.
Finalmente, la palabra volvió de su afasia y su naufragio, y empezó a ordenar una vez más mi vida. Sin embargo, ya podía yo detener el torrente verbal y reescribir mientras iba escribiendo, aunque cierto es que jamás he logrado, ni pensado, pergeñar mentalmente un escrito, y sigue siendo cierto que "cuando escribo la primera palabra no sé cuál va a ser la siguiente". 
Este poema es buena muestra de ambas actitudes: escrito hace unos días, y apenas corregido, yo recibía los versos como telegramas mentales, adosándose unos a otros en forma de teselas; lejanamente entreveía ciegamente que ese telegrafismo se encaminaba hacia la formación de un friso: y, como si un pintor trazase líneas paralelas y de pronto tomara fragmentos de las anteriores para pintar las posteriores, se me imponían segmentos de versos ya escritos buscando prolongarse como variaciones mientras aparecían otros nuevos, semejante al inicio de una pequeña fuga que podía mantener tanto tiempo como quisiera, pero que detuve porque prefería la insinuación de un texto breve a la construcción de un poema de 300 ó 400 versos. Creo que en Palimpsesto hay un ejemplo final de esta estructura, aquí solo iniciada.
Lo que yo haya querido decirme en estos versos aún no lo sé bien: porque el laberinto síquico ordena sus pasillos y sus túneles y las más de las veces solo sabemos que estamos en el camino, no cómo hemos entrado ni hacia dónde vamos ni por qué estamos caminando. En este mismo instante yo sigo escribiendo esta nota a marchas forzadas -el reloj del blog ya ha debido publicarlo- porque algo me fuerza a explicarme, y al mismo tiempo deseo no hacerlo; pero me digo "¡Qué más da!". Tal vez sea el dibujo de un tránsito. Desde luego no pensaba en Ofelia: la imagen la he buscado después, como suelo hacer. Más que Ofelia, quizá sea el latido de todas las onirias.
Seguramente a nadie le importe ni el texto ni esta nota. A mí sigue importándome saber quién soy. De ahí tanta tentativa.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

El gen lírico esforzado.





Strawinski: Apolo y las musas
Strawinski: Apolo y las musas

La inspiración no es un vómito de las musas sobre nuestra pluma. Es verdad que en el laboratorio del cerebro se dan cita a veces los ingredientes imprescindibles para alcanzar un cierto grado de clarividencia. Pero la inspiración es un acto de concentración y serenidad en el que la palabra vislumbra su exacta geometría y se deja caer, por nuestro esfuerzo, como un tatuaje sobre el folio. En esos instantes -a veces inesperados como un súbito y urgente telegrama, otras mientras caminar significa pasear por nuestra mente, y en otras ocasiones buscados al provocar un breve trance- vemos lo invisible, oculto por el tráfago de otros estados de ánimo. 
Ahí se congregan o bifurcan las opiniones sobre si el artista nace o se hace: pero este no podría hacerse si no naciera con determinadas cualidades ni si, aun con estas, no las trabajase. Y de ahí la validez de las afirmaciones de Wordsworth, Bécquer, Lorca, Valéry..., inclinadas a afirmar que el poema -la obra de arte- surge de la unión de lo que podríamos llamar el gen lírico y la artesanía del esfuerzo.

lunes, 1 de noviembre de 2021

El cuerpo como palabra (el amor es un pájaro... (10).

Verdi: Réquiem
10.- El cuerpo como palabra.-
Giulietta Guicciardi, todavía doncella y, por tanto, guiada por un impulso instintivo, definió así el amor: El amor es un sentimiento impalpable que te empuja al deseo de palpar. Eso es amor: incitación y excitación, sentimiento y pasión. Cuerpo y espíritu, tacto y contacto. El amor no se contenta con distancias, suspiros, sutilezas desmaterializadas. Que esto de ser platónico y honesto / más parece que amor filosofía, dice, diestramente, Lope
             Vivimos en un mundo que ha desterrado la expresión de los sentimientos al rincón de las debilidades. La filosofía machista tiene como premisa que la fuerza es lo que importa, que la sensibilidad es un afeminamiento, que sentir está bien para las mujeres, los niños y los débiles. Por eso los rostros se muestran duros, famélicos de gestos, hambrientos de una gestualidad serena y apacible, coléricos o amargos. Pocos ojos nos miran sin esquivas miradas, sin retorcidos síntomas, satisfechos de lo que ingresan las pupilas y la piel en la mente. Pocas miradas son el espejo de una personalidad completa, sin resquicios, sin hambres, sin huecos afectivos. Casi todos ocultamos y deterramos el niño que somos, nos avergonzamos de él. Y ese niño interior patalea reclamando su vida emocional. Sus puntapiés y gritos mueven el corazón y nos provocan terremotos mentales. Ser adulto significa haberse convertido en suicida inconcluso del niño que fuimos. Y esa sinrazón y asesinato de la sensibilidad, que marca el presente como una vida aséptica, se proyecta hacia un futuro en el que sentir, tanto como pensar, será, también una insoportable aberración. Un mundo feliz, Farenheit, 451 o 1984 (Huxley, Bradbury, Orwel), por ejemplo, presentan sociedades futuras regidas por la exacerbación de esa insensibilidad como única emoción. Lo recuerdo porque muchos libros de “ciencia-ficción” tienen más de ciencia emocional empírica que de ficción gratuita.  
            Todos estamos esperando llenar el hueco del afecto: por eso quienes saben decir y saben actuar hacen soñar, siembran los corazones de esperanzas, enamoran por donde pasan, porque muchos atilas han pasado por el mundo matando las caricias, desertizando el corazón impunementeTe quiero porque sé que me quieres y me necesitas, escribe George Sand; es decir: que lo que amamos es que nos amen: por eso quien dice amar enamora.
         El amor es el origen. Es causa y consecuencia de la existencia. No distingue clases sociales, ni edades, ni reglamentaciones. Cada lector lo sabe por su propia experiencia. Y ahí están los empirismos de los otros, quienes los anotaron para constatarnos su universalidad
          Hombres, aves y bestias compañía quieren siempre, 
          y mucho más el hombre que todas las criaturas, 
          pues quiere en todo tiempo sin seso y sin mesura, 
confirma Hita en el Libro de Buen Amor. Y el Libro de Alexandre entiende el erotismo como un estado jubiloso: 
          El mes era de mayo, y era un tiempo glorioso ...
          mozas y viejas iban metidas en amores,
          cogiendo por las siestas en los prados las flores.

11.-La sinrazón represiva.-
             El corazón siente, el cuerpo desea: el amor es ternura y es pasión. Quien niega el propio cuerpo es que no siente el corazón del otro, el otro cuerpo. Rechazarse los cuerpos significa no sintonizar los sentimientos, fracasar la atracción, indispensable para el encuentro erótico y el enamoramiento. Negar el beso o el coito es confesar la ausencia de pasión y sentimientos. Pueden juntarse los cuerpos sin amor. Pero el amor siempre une los cuerpos. (El “homo eroticus” incluye al “homo sexus”, aunque estos no impliquen siempre al “homo amoris”). Esa dicotomía o sintonía, hijas de la naturaleza, esa reciprocidad o adversidad, carnal o espiritual (mental al fin, pues la siquicidad es la única fisicidad) no siempre ha seguido el camino diestro que le era conveniente y necesario. La sociedad y sus estrábicas liturgias religiosas y mundanas han entorpecido, zancadilleado y perseguido el natural discurso de las conductas amorosas. 
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El amor es un pájaro enjaulado (1)