Visitas

Seguidores

domingo, 7 de mayo de 2017

Alegato del creador

Pachelbel: Canon

Alegato del creador


1.- Este es mi retrato y mi divisa: siento una pulsión interior que va más allá de mi racionalidad (y al que muchos llaman inspiración); me resulta imprescindible liberarlo de su inefabilidad; me aferro a un canon expresivo, a un método, o me libero de él; convierto mi voluntad en acto al terminar mi obra; descanso hasta la próxima invasión de lo invisible mientras los demás se obstinan en poner nombre a lo que jamás lograrán ver como yo vi: el cosmos que he creado.
     2.- Irrefutable me parece esta primera dicotomía del artista, y aun del ser humano: lo que quiero ser como individuo que se autosatisface con su creación y lo que consigo como persona que no puede librarse de su ser y estar sociales. 
     3.- Como artista quiero conseguir la idónea expresión de lo que siento; como individuo social quiero ver plasmada esa ansiedad en un éxito popular -aunque prefiero el prestigio a la fama-. Y afirmo que todo lo que va desde lo que quiero decir a lo que consigo expresar -con palabras, cuadros, pentagramas- me pertenece y es responsabilidad mía. El periplo interior que hago hasta que doy por terminada mi obra también es mío. Lo demás, lo que hay tras lo que expongo al público -oyente, vidente o leyente- es de los otros. Y no importan para mi creación ni el cotilleo interior e introspectivo -el proceso creador: mis dudas, mi método, mi fin- ni la interpretación historicista y cultural -que es un proceso de aprendizaje y, como tal, se concreta en muchos criterios, desde el librepensador al fanatista del canon impositivo-.
4.- El progreso ha ido añadiendo elementos al arte y a las ciencias, y también abandonándolos cuando el tiempo, como un buen filtro, ha desahuciado aquellos que no aportaban nada al hombre, o cuando el homo ludens necesitaba otros juegos. Pero el homo sapiens siempre se queda con lo que es esencial para su existencia y pervivencia. Por eso de las vanguardias y experimentalismos perdura lo que aportan a la tradición, que es la columna vertebral del hombre y del arte. Cualquier obra, por muy transgresora o exitosa que sea en su contexto, que no aporta un fragmento de identidad del ser humano está condenada al olvido, así como la que añade alguna sabia perspectiva sobre la esencialidad del hombre pasa a integrar el retrato de la humanidad. Ser artista es definir al hombre interior que vive en muchedumbre.
     5.- Cuando creo no puedo cometer mayor error y traición artística que tener en cuenta a quienes van a juzgarme con sus opiniones. Puedo querer el aplauso masivo, o vender muchas obras, si no me vendo con ellas. La recepción del arte es, por principio, un elemento ajeno, y aun opuesto, a la creación. Pues la efusión de lo que siento y plasmo es un yo artístico y humano que se vería suplantado por el nosotros social si este se interfiere en el acto creativo. Necesito convertir en esencia independiente y autónoma las circunstancias que me han hecho ser como soy. Necesito un corazón racionalista y un cerebro sensitivo. Y nada tiene que ver esto con el egoísmo y la solidaridad: en arte no hay democracia, sino individuo. Y este, paradójicamente, solo puede dar su creación a los demás si se entrega solamente a sí mismo cuando crea. 

sábado, 6 de mayo de 2017

El abrazo internético

Berlioz: S. Fantástica (Vals)


- Ya no puedo evitarte.
- Pues no me evites. Pero tampoco te obsesiones.
- Te quiero.
- No puedes querer a quien no conoces.
- Te conozco muy bien.
- Yo no soy mi escritura. No soy la imagen que te has creado a partir de ella. 
- Necesito verte.
- Te encontrarías con otro, el que soy, el que no se purifica al escribirse, el ser común que quisiera ser un dios, o más que humano, lo intenta en el verbo y solamente consigue cataratas de palabras que solo son palabras. Es cierto que siento lo que escribo, pero soy solo mis versos: tan solo un mal poema.
- Déjame que te encuentre y que me encuentres.
- ¿No es entregarse a un desconocido la mejor forma de equivocarse? ¿O la imagen de alguien que ha dicho lo mismo a tantas otras personas como deseos tiene de encontrar alguna?
- Piensa lo que quieras. Necesito verte. 
- Te agradezco esa necesidad. No es que tema decepcionarte: es que yo no necesito que me inventes.



viernes, 5 de mayo de 2017

La densidad de la pluma


Corelli: Adagio




¿Para qué toda una vida dedicada a escribir, si, al final, lo que queda es un conjunto de breves frases, versos, pinturas, melodías, solo aquello que formula y condensa una verdad humana, un fragmento de identidad del hombre? ¿Para qué estructurar novelas, obras dramáticas, cuadros, sinfonías, grandes poemas sino porque el homo sapiens incluye al homo ludens -pero este es efímero por sincrónico-?
     ¿Habrá que escribir solamente diccionarios de frases imprescindibles, libros de citas, laconismos? Tal vez, en todo caso, obras cuya extensión no menoscabe el tiempo dedicado a ellas por el autor y el lector. 
     Pero entonces el hombre lúdico huirá aún más del hombre sabio. Y solo habrá silencio.

jueves, 4 de mayo de 2017

El arte de la Naturaleza


Friedrich: Hombre y mujer contemplando la luna

Friedrich / Satie

Diapasón cósmico

Qué hermosa identidad la del desasimiento.
Confieso que no olvido los libros y la música,
la pintura, la vida troquelada en el Arte.

La pluma y el pincel y el pentagrama crean
la existencia tal como quisiéramos que fuese:
libre de imperfecciones.
                                            Pero qué arte el amor,
qué renglones las olas, qué cuadro el horizonte,
qué música la lluvia.
                                      Los pájaros escriben
su poema en el cielo; los árboles dibujan
su paisaje en la tarde; canta la tierra un himno
cada vez que amanece.
                                          ¿Acaso todo cuanto
alimenta las artes no es una traducción
de la Naturaleza?
                                El mundo es un museo,
la mayor biblioteca, la mejor partitura.
Tú y yo somos los dueños de este breve infinito,
y al amarnos se forja el gran diapasón cósmico.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Tralarila y Blablablabla


El mejor profesor es el que enseña que los límites del mundo están allí donde empieza la ignorancia, que el saber es el mejor equipaje para el viaje de la vida, y que el libro es la única arma pacífica en la conquista de la felicidad.
     Tal vez, si el profesor no tuviese que luchar contra las instituciones educativas, que representan el Poder y no el Saber, el mundo avanzaría hacia el verdadero Estado de Bienestar, que es el del enriquecimiento de la noble personalidad. Ese es el auténtico Progreso.

martes, 2 de mayo de 2017

Celos, aun del aire, matan (Alrededor del amor, 5)

Dvorak: Otelo

7 - Celos, aun del aire, matan.- 
En ese itinerario torturoso, Galdós expone la desazón de los celos (ese “volcán en el pecho”) en “Fortunata y Jacinta”:
         Me ha contado Jacinta que una noche llegó a tal grado su irritación por causa de los celos, de la curiosidad no satisfecha y de la forzada reserva, que a punto estuvo de estallar y descubrirse, haciendo pedazos la máscara de la tranquilidad que ante sus suegros se ponía... Tenía un volcán en el pecho, y la alegría de los demás la mortificaba”.
             Pero, sobre todo, es la tragedia de un colosal celoso, Otelo, la que ilustra la angustia del, dejémonos de líricas, cornúpeta -imaginario enfermo o paciente de adulterio-. La realidad física o material poco tiene que ver con la verdadera realidad, que es la síquica: y el celoso no escapa, sino que exacerba esa afirmación. Poco importa si ha sido “traicionado” en la cama o en su imaginación. Quizá la duda extrema más su reacción. Otelo encuentra en poder de su amigo Casio el pañuelo que regaló a su esposa, Desdémona:
    - Desdémona :  Nada temo, porque soy inocente.
    - Otelo :        Confiesa tu crimen, pues negarlo no destruirá la
                         firme convicción que me aqueja. ¡Vas a morir!
    - Desdémona :  La muerte propia da el que mata porque se le
                           ama. Nunca os he ofendido.
     - Otelo :         ¡He visto mi pañuelo en sus manos!
     - Desdémona : Lo habrá encontrado. Haced que venga y diga
                             la verdad.
     - Otelo :          Ya la ha confesado.
     - Desdémona : No puede afirmar que yo se lo di.
     - Otelo :         Ya no podrá : su boca está cerrada para siempre.
     - Desdémona : ¿Cómo? ¿Ha muerto?
     - Otelo :          ¡Calla, puta! ¿Le lloras ante mí? ¡Muere! ¡Ojalá
                            en este momento sedesatara un eclipse universal
                            que se tragara la tierra entre su caos!
   
             Lo terrible es que, si el amor transforma para bien a aquel que ama, los celos transforman para mal de quien los padece y de quienes le rodean, llegando a destruir a la persona amada, como ocurre en la obra de Shakespeare. Otelo ha subvertido el mundo y ya no existe en él más que su temor tomando realidad: nada destruirá la firme convicción que me aqueja, dice. Esa “firme convicción” es un silogismo falso que el celoso reconoce como tal, pero que, como cualquier enfermedad, “aqueja” de tal manera que incluso acaba con las pruebas que podrían disuadirle de su error: decide matar, para afirmar su identidad de vengador (de restablecedor de su honorabilidad), a quien ama y a quien sospecha que se la arrebató. Incluso si la inocencia fuera demostrable, el celoso no acabaría de creer en ella, porque no necesita ser engañado para sentir el dolor de su temor: una apariencia basta para desencadenar la inseguridad que estalla en su interior. Los celos no son una consecuencia -y menos una “prueba”- del amor: constituyen la identidad de algunos seres, su inestabilidad profunda y ansiosa del suicidio escondido. Y convierten en odio todo cuanto se amaba. Por eso quien antes era un “ángel” es ahora una “puta”, y la sorpresa y el horror ante la noticia de la muerte del amigo se interpreta como un llanto amoroso. La destrucción de lo que se ama no es más que una excusa para la autodestrucción:
    - Otelo: ¿Dónde puede ir ahora Otelo? ¡Oh mujer nacida bajo una mala estrella! ¡Cuando nos encontremos en el tribunal de Dios, el recuerdo de tu muerte bastará para precipitar mi alma fuera del cielo! ¡Demonios, arrojadme a latigazos, sumergidme en azufre! ¡Desdémona, Desdémona! ¡Te besé antes de matarte! No puedo sino hacer lo mismo para descansar: darme la muerte para morir con un beso!

lunes, 1 de mayo de 2017

Laconismos 686-695

Albinoni: Adagio

Welista: Despojamiento lacónico

686.- 
El amor es el único gigante parecido a un dios que existe sobre la Tierra.
***
687.- No hay mayor "sexapil" que una inteligencia sensible.
***
688.- El sueño de que lo que fue es como lo recordamos es tan granítico que se convierte en la única realidad.
***
689.- Todos deberíamos cambiarnos a nosotros mismos tras una profunda meditación sobre si poseemos la verdad o solo la costumbre de creer que la poseemos.
***
690.- Quien no sabe vivir no sabe que morir implica dejar un legado que ayude a mejorar la vida de los otros.
***
691.- El mundo va tan deprisa que ha olvidado que andar despacio es lo que lo hace avanzar serenamente y en la buena dirección.
***
692.- Si tratas de salvar a quien se obstina en morir seréis dos los cadáveres.
***
693.- Solamente unos pocos hombres y mujeres se convierten en libros perdurables: semillas del futuro.
***
694.- Lo malo de los escritores prolíficos es que, luego, con toda impunidad y contumacia, publican sus obras completas. 
***
695.- La contemplación de la belleza metafísica es la única felicidad de este mundo.