
Todo en él es poesía
Buenas tardes. Os damos la bienvenida al acto homenaje al escritor Antonio Gracia con el título Escribivir. Teatro Expresión de Orihuela da las gracias a la directora de la Biblioteca Fernando de Loazes, Pepi Ors, a todo su equipo técnico y al director de la Fundación Miguel Hernández, Aitor Larrabide, por facilitar los medios para la celebración del homenaje, dentro de los encuentros literarios de la primavera hernandiana en este abril de 2026, durante la semana dedicada a los libros.
“Un cuadro es un poema que nos mira. Un poema es un texto que nos calla. La música es un ruido que nos oye. El arte, en fin, es un poema que nos canta con imágenes físicas o psíquicas. No nos interesa el arte porque es arte, sino porque además, y sobre todo, el arte de averiguar al hombre, la mágica manera de poner los nombres exactos a la vida, la irrenunciable forma de hallarle geometría a la existencia.) Crear, ser artista es introducirse en sí mimo tan al fondo de nosotros que tocamos al otro, que nos convertimos en él, y por eso nos siente a fuerza de ofrecerle nuestro yo. Cuando esto ocurre el arte permanece porque un cuadro no lo ha pintado un pintor, sino un hombre cargado con todo el atavismo de la humanidad, descifrándose a sí mismo. El arte es el único cordón umbilical que une al hombre con su pasado y su futuro. El hombre no existe, existe el arte. El hombre es el arte”.
La búsqueda infinita. Sobre Guillermo Bellod
Antonio Gracia se define a sí mismo con estas palabras: “De niño quería (…) formarme en un mundo en el que yo fuese como un dios (…(*). Quería elevar un templo, pero había construido un mausoleo, un laberinto, y me había apresado en él como un desaforado Minotauro. Destruirlo era destruirme; …Y me encontré el Silencio. Pasé de un infierno a otro.”
Experiencias, sucesos de cada día, pequeños acontecimientos van dando sentido a ese despertar a la vida. Palabras nuevas venían a la mente del autor. Sansatanás -que es como se llamaba a sí mismo- ocupaba un espacio y un tiempo de vida en pugna continua con su deseo más íntimo y su realidad. Le gustaba jugar trágicamente con aquel nombre de arcángel castigado en el abismo del infierno. Lo observaba todo con sorpresa, se preguntaba por todo, arrastraba tristeza en su mochila y nunca perdió la esperanza. En aquella infancia de pan y chocolate descubría aventuras y desventuras en un mundo de mujeres y hombres protagonistas de películas en la sesión doble del Oratorio Festivo de San Miguel.
En plena adolescencia leía y leía y no dejaba de escribir. Pasaba muchas horas en la biblioteca Fernando de Loazes conociendo a los clásicos del Siglo de Oro. Entre los estantes repletos de libros de la antigua biblioteca en el Palacio de Tudemir pasaba la tarde leyendo, y miraba de reojo la escultura de la Diablesa de Nicolás de Bussy. En ocasiones compraba libros de segunda mano a aquel hombre que ponía su puesto frente al casino oriolano. Creció entre lecturas de grandes escritores. Sentado en un banco de la glorieta Gabriel Miró, y bajo un magnolio, anotaba en un cuaderno todo aquello que bullía en su interior. Dicen las gentes de aquel tiempo que guarda aquellos versos valientes, movido por una mística heterodoxa desbordante, en los que se preguntaba por lo divino y lo humano.
Se marchó a Salamanca, y luego sería catedrático de literatura. Recorrió en autoestop mil caminos españoles. La música siempre acompañó el ritmo de su vida mientras leía y escribía. Como un eremita dejaba fluir sus ideas que muchas veces le llevaban a la autodestrucción. La irreverencia religiosa, el atrevimiento expresivo y el criterio polémico son rasgos del autor. Sufrió represalias por parte de los poderes fácticos de Orihuela y del extranjero. Fue premiado en muchos concursos literarios nacionales e internacionales, entre otros el Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana y en dos ocasiones el premio Gabriel Sijé. No renunció nunca a sus escritos. Defendió cuanto hacía. Fue admirado por rebelde y al mismo tiempo denostado. Le consideraban el escritor maldito. Dice Antonio: “por educación respiré la atmósfera cristiana; por inconformista y vitalista, me repugnaba esa tenaza. Muchos de mis escritos son rompimientos de esas cárceles, chirridos de los fantasmas que siempre quedan en los castillos de la infancia”. Él siguió escribiendo y publicando. Mantuvo su actitud de rebeldía como necesidad vital.
Aquel hombre, después de una fuerte crisis existencial, encontró un estilo propio y escribía al amor, a la vida, a la muerte. No le gustaba el mundo, lo cuestionaba todo, dudaba de todo, lo criticaba todo. Bajó a los infiernos como los grandes autores de la literatura buscando su verdad. El vértigo, la angustia vital y la depresión lo inundaron todo. El erotismo, la pasión, la sensualidad, la metamorfosis de los grandes mitos brotaban en sus escritos continuamente. Resurgió de sus cenizas y se encontró entre los versos la urdimbre de imágenes, metáforas y palabras hermosas cargadas con su verdad más profunda. Encontró su ritmo interior y construyó el armazón de su poética publicando bellos poemas. He aquí un fragmento de La belleza del monstruo del libro Lejos de toda furia.
¿Por qué me llamas, di, fantasma enamorado?
¿No puedes olvidarme como yo no te olvido?
¿Por qué quieres hacer de mi cuerpo tu tumba
sino porque yo hice de tu muerte mi vida?
Y de Fragmentos de inmensidad este otro poema La fuente en la ceniza:
Amo el temblor rosado de tu boca
y el crepúsculo azul de tu mirada.
Amo la luz carnal que te ilumina
cuando te arrojas como un puma alegre
sobre mi cuerpo ansioso de tu cuerpo.
Amo el sudor de miel que nos lubrica
y la erosión constante de la piel.
Amo tu desenfreno y mi arrebato
cuando, tendida, te abres como un libro
y esplendes como un saurio.
Amo tu lasitud y mi abandono
tras el fulgor robado a las estrellas.
Amo la ardiente búsqueda infinita
que late en nuestros sexos.
En 1976, Antonio, asistió al ensayo del grupo de Teatro Expresión. Autorizó la representación de los versos dedicados a su padre con el título “Casi un poema” incluido en la Antología de poetas oriolanos de José Guillén García. Alabó el trabajo escénico realizado en el recital Somos un pueblo que sueña creado por Atanasio Die Marín. El contacto con aquel hombre misterioso, respetuoso y sabio creció con el tiempo. Todos celebramos sus premios, conferencias, reconocimientos en universidades nacionales y extranjeras, la publicación de sus libros... Son muchos los defensores y otros tantos los detractores de su persona y de su obra. Es un hombre heterodoxo e irreverente en ocasiones, en otras iluminado, transgresor, maldito, incluso “hereje”. Es fiel a su identidad y manera de sentir, pensar y hacer; sigue aportando su verdad, honestidad y belleza en sus artículos, cuentos y poemas, tomando como motivo de reflexión las diferentes manifestaciones del arte.
Marisol González Felip dice de Antonio Gracia: “Nos hallamos ante una voz extraordinariamente transparente, con un oficio poético bien forjado, que es capaz de comunicarnos un microcosmos en el que, desde un principio, nos reconocemos y nos autoubicamos.”
Este hombre constante, audaz, generoso, con gran sentido del humor, que se dice “no-poeta”, nos deja un legado importantísimo en revistas especializadas, en clases magistrales, en conferencias, en entrevistas, en su extensa obra publicada y en su blog Mientras mi vida fluye hacia la muerte. Hoy tomamos prestados retazos de su vida y de su poesía para acercarnos a su extensa obra. Antonio, como cuando era un niño, sigue escribiendo y regalando su pasión por el arte, la literatura, la música, el cine y la pintura en su mundo virtual con más de 5.000 páginas. Termino mi presentación con “Demostratio” versos de Lejos de toda furia:
Si hubiera de buscar algún consuelo
para este mundo en el que todo muere,
lo hallaría en tus ojos constelados
y en las fértiles obras de la pluma,
el pentagrama y el pincel;
cuatro milagros: prueba suficiente
para que el hombre acepte la existencia
de un Dios imponderable.
Damos paso al grupo Teatro Expresión de Orihuela con una lectura dramatizada de El entremés de los sabios, versos entresacado de La lección inaugural impartida por Antonio Gracia en la Universidad de Zaragoza. Finalizado el acto se hará entrega del cuadernillo: Antonio Gracia – Escribivir, publicado por la Biblioteca Fernando de Loazes.
(*) Insiste en ello en Los ojos de la metáfora: "... crea un lenguaje, / Inventa un mundo donde ser un dios".
Manuela García Gómez
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