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viernes, 12 de mayo de 2023

Exordio de Virgilio - La Eneida en endecasílabos, 2

Holst: Marte, el portador de la guerra



(Homenaje a La Eneida de L. T. Bonmatí) 

Sinopsis de Virgilio 


Escribo estas palabras con la pluma
de la inmortalidad insatisfecha
para hablaros de mí mientras os hablo
de mi cántico a Eneas.
                                           Me ordenó
Augusto su escritura; y yo, hombre tímido,
y enfermizo, tomé tamaña empresa
primero con desgana y luego como
si sublimara mi autobiografía,
pues en la heroicidad que relataba
exorcizaba yo mi indefensión.


En fin: cuando mis obras anteriores
me dieron fama, Octavio me porfió
que hiciese de su nombre un héroe patrio.
Pero inmediatamente comprendí
que nunca debe ser un hombre vivo
el que protagonice una epopeya;
me vi obligado a hallar un ser icónico,
un héroe enaltecido por el tiempo
que prolongara su eco hasta el presente.
Y encontré, en los crepúsculos de Troya,
un hombre neblinoso -como yo-,
que aceptó los dictados de los dioses;
di así un mágico origen a la historia
de Roma, que, a través de César, llega
hasta Augusto, su magna apoteosis.


Tras decidirme por cantar a Eneas,
durante varios años pergeñé
un plan inexorable, precisando
la exacta arquitectura de mi obra,
sin escribir siquiera un solo verso.
No diré que fue Homero mi mentor,
pero sí que aprendí sus enseñanzas.
Elegí la Odisea y sus relatos
como semilla fértil de los viajes
de la primera parte de mi Eneida:
sus seis primeros libros; y la guerra
que cantaba la Ilíada fue crisol
de la segunda parte: otros seis libros.
Fue entonces, acabados los bosquejos,
cuando empecé a esbozar cada mañana,
torrencialmente, innúmeros hexámetros,
una balumba de la que escogía
algunos versos limpios, luminosos,
que exponían con sabia claridad
la emoción de la vida y de la muerte,
la amistad, el amor, el mar cambiante,
el galope del sol y las estrellas,
los anhelos de gloria, la alegría
de vencer, las derrotas insufribles,
la sangre que enrojece las batallas,
las canciones...
                            Y como sus demiurgos,
entrometí unos dioses tan humanos
e inhumanos como los mismos hombres:
los estruendos de Júpiter, la astucia
de Odiseo, el frenesí de Marte...

Me complací en mostrar abiertamente
mis querencias por Turno, por Camila,
por Mecencio, por Dido, por Latino,
por Euríalo y Niso, y por Príamo ... 

Conforme, lentamente y día a día, 

fue creciendo el poema, mis palabras
encontraban el modo de trenzar
lo aún no versificado y lo ya escrito... 


Es mi cántico, pues -inacabado-
la aventura de muchas aventuras:
cuento las decisiones de los dioses,
los viajes, las ausencias, los encuentros,
los discursos y las conversaciones, 
las partidas de caza, los banquetes,
los monstruos, las catástrofes, la triste
impotencia después de una derrota
o el júbilo de un triunfo en la batalla,
los emblemas y escudos, los catálogos
de pueblos o de naves en la lucha ...
Como ya he dicho: la autobiografía
de quien yo quise ser: un héroe íntimo
arrojado a gestar muchas hazañas.


Eso fue, en fin, lo que escribí durante
los últimos once años de mi vida,
que dediqué a pulir mis doce cantos.

Aun así no me fue posible darles

una definitiva forma idónea.

Por eso quise echar mi Eneida al fuego;

pero me lo impidió la terca 

muerte.


Ver>>>

La Eneida en endecasílabos (Traducción de LuisT. Bonmatí)




1 comentario:

  1. Me parece una reflexión poema. Indiscutiblemente evocador de la vida. Gracias a los dos.

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