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miércoles, 28 de marzo de 2018

La duda Jesucrística

Bach: Jesús, alegría de los hombres

Muchos hay que temen dudar de la divinidad de Jesucristo, y aun de su existencia histórica. ¿Temor a pensar? ¡Pero si es la facultad del pensamiento la que caracteriza al ser humano! 
     Por otra parte, ¿qué significa existir? ¿No ha sido el personaje Jesucristo el que más ha determinado la existencia del hombre? Por lo tanto, existió y aún existe. Que fuera un ser de carne y hueso o una sucesión de creencias a través de los siglos no impide que también sea la encarnación de un sueño viviente. Quienes no debieran haber existido son aquellos que han manipulado tal encarnación para aterrorizar inquisitorialmente la Historia. Esos sí que no pensaban porque su ideología dictatorial era, y es, el fanatismo, el peor enemigo de la sociedad. 
     ¿No existe el viento, que ha empujado los barcos a sus costas durante milenios, aunque también los destruyese convertido en tormentas? ¿No existieron las armas y su utilización contra las bestias, aunque luego el hombre las volviese contra el hombre?
     Existió un hombre bueno que pretendió enseñar a ser buenos a todos sus congéneres; y existieron cuantos aniquilaron la idea de la absoluta bondad porque iba contra la dictadura del "ojo por ojo", criterio que justificaba sus desmanes.
     Existió el planeta Tierra cuando "era" plano y ahora que es redondo. Lo demás sí son malversaciones de la realidad, llámense Iglesias o, incluso, religiones.


3 comentarios:

  1. Lo que convence de la idea de Jesús como hijo de Dios, no es su bondad, a mi entender, si no que a través de ella (De la de Jesús, no de la nuestra) todos tenemos acceso a la vida eterna. Vence el miedo a la muerte, éste es el que da poder, no sólo a la religión cristiana, si no a todas las religiones. Podíamos haber creído en Peter Pan y su país de Nunca Jamás, en el que nunca se envejecía, hubiera dado igual, lo que ocurre es que nos lo vendieron como ficción, de lo contrario hoy en día tendríamos un montón de Peter Panistas adorando las ventanas en noches de luna llena. La necesidad de las culturas antiguas de dotar a sus miembros de leyes vigiladas aún cuando se duerme o se está sólo, es la que llevó a escribir libros en los que de una u otra manera se otorga la autoría a un ser supremo garante del premio definitivo, la inmortalidad. Con el tiempo estas historias (miles de ellas) fueron usadas una tras otra para controlar al pueblo. No es algo nuevo, la asociación Iglesia-Estado tiene su origen en la edad de piedra, cuando la chamán garantizaba la voluntad de los antepasados o de los espíritus en que el jefe de la tribu fuera alguien determinado y éste a cambio aseguraba la protección y alimento de la primera. En esta idea básica se fundamenta a través de los siglos la asociación entre el poder terrenal y el divino, cada uno da garantía de autenticidad al otro. También de aquí surge la principal razón para dudar de la veracidad de la vida eterna, premio seguro de los damnificados por la vida terrenal, observemos no obstante, que quienes más defienden la existencia de la otra vida, la legitimidad de todas y cada una de las Iglesias que en el mundo son y han sido, no se molestan en hacer méritos para vivir eternamente, como si en lo profundo de su ser no creyeran realmente que esto sea posible.

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  2. Prefiero la idea de que Jesucristo era un hombre porque así cualquier hombre puede creer que se comportará como un gran hombre. Si es una deidad, como ya dije, ningún mérito tiene lo que hizo.
    Otra cosa es la utilización que se haga de una idea. Tal vez la atracción de este hombre radica en que se comportó como la personificación de la bondad del ser puro en la Naturaleza, antes de que, roussonianamente, la sociedad arruinase su genuinidad de criatura sin maldad ni intereses creados.
    ¿Que es una leyenda? Las leyendas nacen del anhelo y los sueños antes de que se conviertan en pesadilla. Por eso creo que el historial evangélico responde a la necesidad de crea utopías que combatan las distopías. ¿Quién no quiere un bienestar? Sin embargo se prefiere un estado de bienestar confortable a un bienestar íntimo. El poder da pan y circo; el sosiego aspira a mayor sosiego. Que tal serenidad se alcance ahora o después, antes de la tumba o en ultratumba, no altera a quien ya sabe que solo uno mismo puede concedérsela huyendo de los que quieren arrebatársela prometiendo laureles superficiales y aguacates azules.

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  3. en todo hombre digno y que entiende bien la caridad, late un dios sublime y cercano, y su presencia todo lo ennoblece, lo sosiega, lo reconforta. PARECE FÁCIL, PERO NO LO ES.

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