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sábado, 20 de febrero de 2016

Érase una canción inolvidable... y olvidada: Kiss


     Marilyn era joven, bella y frágil, cualidades que despiertan la ternura, el amor, el erotismo: la indefensión, la protección y el dolor por la pérdida.
     Esos atributos la convirtieron en una estrella, y su muerte, misteriosa además, en un mito. Si Greta Garbo se retiró para que quedase su esplendor y no su decadencia, a Marilyn la retiraron del vivir, pero no de la nostalgia del cierto paraíso que supone todo sueño.
     Inolvidable su aparición en Niágara, subrayada por una leve canción más susurrante que ostentosa, como debe ser cuanto aspira a no perderse entre los ruidos de la furia:

He aquí una Una versión para Jazz:

Cantada por Bobby Solo:
Marilyn:
Con faldas y a lo loco:
La tentación vive arriba:
Sus últimas escenas:
 
Reiteración:
Niágara:
Barber: Adagio