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sábado, 28 de febrero de 2026

Don Quijote Cervantes Saavedra

                                R Strauss: Don Quijote


Don Quijote Cervantes Saavedra


Dícese que la experiencia da la sabiduría. Tal vez por eso algunas grandes obras han sido creadas por hombres sazonados por la edad, como lo muestran Dostoieski, Defoe, Rembrant o Bach. Cervantes es un nombre tan universal como los citados y, por eso, además del genio imprescindible para la creación, tal vez sea Don Quijote una de las obras más reconocidas -y menos conocidas del lector común- por los talentos de la Historia.

Realmente, poco importa la edad a la que se escribe un libro, si este significa un hito para la humanidad. Ahí tenemos La Celestina, al parecer escrita por un joven que sabía tanto del vivir como cualquier hombre maduro. Lo que sí interesa es lo que una obra descubre sobre el ser humano y sus circunstancias, y cuánto aporta a la experiencia colectiva al dotar a sus contenidos, personajes o ideas tanta vida, y de mayor enjundia, como la de quien lee, de tal modo que, cuando acaba la lectura, el lector ha cumplido intelectualmente varias décadas más. Y esto es lo que ocurre con la ficción real de Alonso Quijano El Bueno: las disquisiciones cervantinas en torno a los hechos de su alterego hacen que, como se dice en el “Prólogo”, quien las conoce salga más rico, pues “el melancólico se mueve a risa, el risueño la acrecienta, el simple no se enfada, el discreto se admira de la invención, el grave no la desprecia, ni el prudente deja de alabarla”; de tal manera que el tesoro encontrado en esas páginas es el mayor que pueda hallarse en una de esas pequeñas grandes islas que llamamos libro y que salva de tanto naufragio a cuantos a ellas se dirigen. 

Fue Cervantes tan admirable que consiguió convertir en utopías las desventuras que sufrió. Su clarividencia y acierto consisten en constatar el más diestro método de conocimiento: el de mostrar mediante el humor la tragedia de la existencia: que el mayor sueño del hombre, que es establecer la justicia, es imposible; y que quien no sueña muere sin haber vivido de verdad. ¿Cuál era el sueño, o la “locura” de Don Quijote? ¿Por qué lo sufría todo con paciencia? Seguramente en ningún episodio se ve tan claro el destino que quiere para sí mismo como cuando, pensando simplemente en un mundo en paz, dice: “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos en los que todo era de todos y no existían las palabras “tuyo” y “mío”. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia. No existía la maldad. Pero olvidóse el bien y vinieron los males. Y por eso yo soy defensor del inocente” (I, 11).

Como todo ser humano, Don Quijote tampoco pudo vencer al Caballero de la Muerte; y murió. Pero antes soñó y practicó su sueño: y es ese soñador actuante el que lleva vivo cuatrocientos años. Como esta, muchas interpretaciones pueden hacerse de Don Quijote: en un extremo está la del hombre que inventa un mundo para sustituir la realidad que no le agrada; en otro, el hombre que lucha por el hombre sin importarle lo que los hombres piensen. Pero incluso esos extremos se tocan para complementarse en el núcleo temático de la generosa solidaridad universal.

Suele decirse que Cervantes es el más genial novelista. Tampoco importa si lo proclaman sólo los españoles o también los extranjeros. Lo que sí importa es que El Quijote es una de esas obras fundamentales que ayudan a comprender la cuestión más difícil para el hombre: la existencia. ¿Cuántos hombres han sido determinados por la obra de un solo hombre? La cantidad de músicos, dramaturgos, cineastas, pintores, dibujantes y escritores es innumerable. No se equivocaba Stendhal cuando afirmó que “el descubrimiento de este libro fue el acontecimiento más importante en mi vida”, afirmación aplicable a tantos otros. ¿Pues qué mayor solidaridad para con la vida de cualquier hombre que ofrecerle cuanto hemos aprendido de la nuestra?

En un breve quijote apócrifo del siglo pasado, apenas conocido por inédito, pero del que se citan algunos fragmentos, leemos comentarios que pretenden homenajear a su creador. He aquí tres. Dice Sancho Panza: “Que piensen lo que quieran de mi amo. Yo compartí sus días y puedo afirmar que no ha habido, hubo ni habrá hombre más cuerdo y más honesto que mi señor Don Quijote”. Y Dulcinea: “Era yo la más de las tristes triste; y puedo decir ahora que soy la más afortunada entre las mujeres, pues nadie fue tan amada como yo por alguien tan amante como Don Alonso”. Y el mismísimo Cervantes: “Unos dejan dinero y haciendas a sus hijos. Yo he creído que no hay mejor herencia que mostrar la bondad incluso en un mundo que la desprecia para no reconocer que es egoísta. Llamadme Don Quijote”. 

viernes, 27 de febrero de 2026

Estado del Blog - Hoy

 Mientras mi vida fluye hacia la muerte // antonio gracia

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Las vidas que no fuimos.



Fragmentos de identidad

¿Dónde estarán todas aquellas vidas 
que quisimos vivir y no vivimos?
El amor que callamos, el dolor
que, ciegos, infligimos al callarlo;
la incierta voluntad, la ociosa muerte
de un presente que no nos atrevimos
a abrazar por temor a su futuro.
No eres tú, ni soy yo; somos fragmentos
amputados del que quisimos ser.
¿Y seguirás viviendo sin vivir?
El que yo fui se obstina en seguir siendo,
y lucha contra aquel que quiero ser;
el que seré me dice que no sabe
todavía su nombre; y entre tantos 
vagidos de mí mismo me diluyo
inexacto, inconcreto, inacabado.
¿Y seguiré viviendo sin vivir
las vidas con que sueña el corazón?



jueves, 26 de febrero de 2026

Cataclismos celestes.


Beethoven: "Tercera" (Marcha fúnebre)

Tres epitafios órficos, 1
La muerte universal

Yo estaba, no sé cómo, subido a una alta torre
en medio del sereno firmamento.
Miraba las estrellas,
sumido en el fervor de la contemplación,
y mi pluma trataba de entender.
Sembraba de preguntas
la infinita belleza de la noche, 
la estelar telaraña donde el hombre se prende
en la fascinación del Gran Enigma.
Veía los secretos del espacio
y el tiempo, y vi el crisol
de las crepitaciones de la carne.
Contemplé la vorágine inconsútil,
ubicua y sin lugar,
estática y errante,
sobre mi frente erguida. Vi
los dioses encrespados
que se gestaban en la inmensidad
y los que, ya cadáveres, servían
de arcilla misteriosa
para divinidades sucesivas;
vi la frágil infancia
caminando hacia la decrepitud
sin saber por qué nace y por qué muere;
vi mis células
desjarretarse entre palpitaciones,
caer como aerolitos
al osario abisal;
vi las sirenas émulas de soles
nadando en el océano
del firmamento como
dragones encendidos
devoradores de la luz; miré
el aleph donde todo se esclarece
desde su barbacana vislumbrante:
la hecatombe
de la Conflagración Universal
promulgaba su horror: toda existencia
es la semilla de su propia muerte
y toda muerte engendra nueva vida
carente de pasado y de futuro.

De pronto, un estallido sinuoso
conmocionó los astros, me sumió
en una inexorable
caída hacia el abismo
que me alejaba de los dioses y
me enterraba en el vértigo. ¿Qué ocurre?
¿Acaso el Universo se disuelve en cenizas?
Mi conciencia me dice que debe haber un orden
en la naturaleza.
Pero sigo cayendo y no aparece
un Dios que ponga bridas al destino.
Antes de mi caída, la belleza
le daba algún consuelo
a la existencia. Pero ante la muerte
nada tiene sentido.
Mirando alrededor, buscando alguna fe
que justifique el hecho de vivir,
encuentro solo ruinas, conciencias desoladas
y la asechanza de la indefensión.
¿Qué debo concluir de esta orfandad sin nombre?
¿Dónde queda el fulgor
de nuestra inteligencia desatada?
La muerte es un cadáver que sueña en nuestro cuerpo
y emerge lentamente,
hasta tomar la forma de esta cripta
que hemos llamado vida.
Existir es estar, ser en el tiempo
el inasible rostro de una efigie
que es la concitación de sus metamorfosis:
somos caducidad, mortalidad:
Todo en el universo combate contra todo
y nada queda al margen del combate.
Las estrellas son fuegos quemando otras estrellas
y todas las criaturas alimentan sus vidas
con la muerte darwínica de las otras criaturas.
Así el lobo degüella al antílope altivo
y el hombre se convierte en lobo contra el hombre.
Así la antimateria devora la materia
y sobrevive el arte que humilla al que lo causa.
Solo existe la vida porque existe la muerte.
Qué inútiles los sueños,
las ansias de escrutar y de escribir
como revelación y profecía
el destino del hombre, confesé;
el perfecto Universo es nada más que un átomo
y la infrangible eternidad es solo
un fugitivo instante sin memoria.
Toda conciencia dura apenas nada.
La sustancia del cosmos es fungible,
igual que lo es la carne o el espíritu.
Yo estaba, como digo, mirando las estrellas,
los arriates de estrellas crecidas en la noche,
y mi pluma trataba de entender
la infinita tristeza que depara el vivir.
De repente, lo supe:
también la pluma es otro ser muriente.
Y antes de abandonarme al gran osario,
anoté, persiguiendo algún consuelo:
también
todo dolor desaparecerá.

miércoles, 25 de febrero de 2026

A la orilla del Tormes

                                    Respighi - Pines Of Rome - Toscanini


Cuántas veces recuerdo que, a la orilla del Tormes,
soñaba que tu rostro era el lago más bello,
cuando me zambullía por la noche en tu carne.
Tus húmedas guedejas, el gorgoteo lánguido
de tu piel como seda sobre mi piel tremante,
las palabras de amor bajo la luna estática
y el gélido silencio del pasado
-que vuelve con murmullos y nostalgias-
trepan hasta mis ojos con su lluvia 
y renacen las huellas de los pájaros 
por mi espalda y tu pecho en la mañana,
piando amaneceres y rocío. 
Aquel dulzor hermoso se repite en el prado 
de la memoria súbita, y ahora que contigo
sueño que el mar es dulce y amaranto,
golpea nuestra piel ola tras ola 
para que mi arrecife penetre en tu caverna
y la espuma parezca un ópalo de fuego
incandescente.

 

martes, 24 de febrero de 2026

De la divinidad .

  

Katchaturiam: Adagio de Spartacus

De la divinidad 




Todos buscamos algo en lo que apoyar nuestro desamparo ante algunos momentos de la vida y, sobre todo, ante la muerte. Vivir resulta mucho más fácil para los creyentes que para los escépticos. De lo cual se deduce que quien no cree es a su pesar, y ningún dogmatismo, clerical o no, debiera condenarlo. Quien no duda no acierta; pero, preso en su fe, el creyente vive más dichoso porque se sabe protegido por un ser superior que garantiza su andadura, incluso el perdón de sus errores. Por el contrario, el incrédulo persigue una verdad que lo sostenga, y hasta la ciencia, incrédula por definición, le niega ese consuelo.
No es la fe obtusa, sino la razón intuitiva la que empuja a admitir la existencia de un Artífice Supremo. La vida no es admisible como consecuencia de un acto creador prestidigitatorio desde la nada. El cosmos no se basta con un milagro o un trabajo de seis días. Necesita un proceso evolutivo en el que lo que nace se desarrolla, se perfecciona, se deteriora, se transforma, ya que nada se crea o se destruye. El universo no es un experimento surgido hace seis mil años, como quería el obispo Ussher, quien, en 1658, estudiando las sucesivas generaciones de la Biblia, llegó a la divina conclusión de que el universo había sido creado el 23 de octubre del 4004 a. de J. C., a las 12:00 horas. Es comprensible este fanatismo en quienes sienten tal libro como un documento científico y ex cathedra. Lo increíble es que matemáticos del cielo como Kepler y Newton admitieran sin inmutarse tal “origen” como una verdad inamovible. 
 Si Aristóteles concibió un universo estático, Lucrecio lo necesitó expansivo. Ya San Agustín supuso, rozando, entonces, la herejía, que Dios tenía que estar “haciendo algo” antes de la creación, que había un tiempo antes de lo que cuenta el Génesis. Y así lo ve la ciencia. La memoria demostrable de nuestra sustancia se remonta a unos quince mil millones de años, cuando el Big Bang inició su estallido y la nada -que alguna cosa sería- se llenó de materia incandescente, implacable, que fue ordenándose desde el caos hasta un cosmos aún inacabado. 
Son quince mil millones de años transcurridos desde el Big Bang. ¿Y antes? El individuo es un microtiempo en ese océano intemporal, en el que las estrellas nacen y agonizan a lo largo de millones de milenios. Y ante tal inmensidad no es extraño sentir que la vida es un lugar oscuro y solitario, un locus horribilis en el que transcurre la agonía de sabernos mortales. Por eso la necesidad de un Ser Garante nos empuja a creer en él, o a inventarlo. ¿Tiene algo que ver el Dios piadoso y despiadado de los cristianos con la verdad científica y lógica? Más: ¿Se parece en algo el Jesucristo comprensivo de los evangelios al de los fanáticos obispos que excomulgan la democracia? 
Es fascinante saber que estamos hechos de materia estelar, de estrellas y de simios, de pájaros y flores, que las infinitas partículas viajeras por el firmamento y yacentes en la piedra se conciliaron para configurarnos y bullen girando en nuestra carne, y que la música del cosmos dejó su ritmo en nuestra sangre, que llevamos un trovador íntimo que conmueve nuestras emociones y canta mediante el arte y la naturaleza. “Este armazón de huesos y pellejo” -como definió Bécquer al hombre sufriente- ya no basta para identificarlo, sino que hay que sentir al ser humano como la conciliación de todos esos fragmentos de inmensidad que conforman su identidad. Y por eso el corazón sigue latiendo a la espera de reunirse con su ancestral origen.


Erótica del destino

                                    Gustav Holst - Mars


La conocí porque ese era el destino.
Me dijo: "Estoy casada"No me importa,
dije yo. No te pido en matrimonio.
Y pasaron los meses y los años,
y la vi tan hermosa como ayer, 
no sé si unida de algún modo a alguien; 
pero aquello que tiene que pasar 
pasa; y nos fuimos 
adonde no podíamos huir 
uno del otro.


lunes, 23 de febrero de 2026

Soy la felicidad cuando te abrazo

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Soy la felicidad cuando te abrazo

Voz : Toñi Lozano

Los límites de Dios


Ser feliz es hallarle 

sentido a la existencia

o ignorar que debemos encontrárselo.

El innombrable Artífice Supremo

que nos alzó a la vida 

fracasó en su deseo de otorgarnos 

la inmoribilidad, la identidad feliz,

pues implantó maldad junto a inocencia.

Criaturas limitadas somos; no

podemos sino ansiar la perfección:

nuestras limitaciones nos alejan

del claro amor, y solo

la hímnica voluntad nos dignifica

si la orientamos hacia el claro amor.

Y sin embargo observa el trazo cósmico

en su bucle infinito:

Diógenes prosigue en estos días 

azules y este sol buscando la nobleza

de un ser puro 

en medio del gran burgo del averno. 

En cuanto se aproxime a iluminarte

tal vez distinga tu fulgor salvífico:

la plena identidad, la dulce 

amada en el amado 

transformada.

Para mí se ha guardado tanta dicha:

pues en tu corazón late el relámpago,

y para mí tú eres

el ser que da sentido a mi existencia.

Soy la felicidad cuando me abrazas.


domingo, 22 de febrero de 2026

Terapia de pareja.

PurcellDido y Eneas. Lamento.

- Fue entonces cuando le dije: Creo que ha llegado el momento de separarnos.
- ¿Separarnos? Naturalmente, si es para estar mejor que juntos; igual que cuando nos unimos fue porque estábamos mejor juntos que separados. 
- No es fácil convivir. Hay que hacer compatibles los gustos propios y ajenos. Hay que compartir los derechos y deberes, aceptar las diferencias de carácter, sacrificar los egoísmos, limar las asperezas del individualismo, ser generosos, hallar y dar satisfacción sensitiva, sensual, sexual, intelectual..., superar el desencanto inevitable, hacer que cada día nos necesite más la otra persona ... No  se puede empezar una convivencia irresponsablemente, ni abandonarse sin haber luchado por mantenerla viva.
- Sí. Hay que preguntarse algunas cosas: ¿Cómo estaba yo antes de nuestra unión, cómo estaré después, qué hubiera sido de mí sin él, o sin ella? ¿Quién era yo, qué tenía yo cuando empezamos, qué tengo ahora? ¿Qué voy -qué vamos- a ganar y perder con la separación? 
- Y también: ¿Espero a dar cuando ya me han dado o doy para que me den? ¿Convivir es una lotería o un esfuerzo cuyo resultado es la alegría de vivir?
- Convivir es igual que construir una casa: ladrillo a ladrillo y día a día, a partes iguales, sin forzar ni desesperar, procurando admitir que la felicidad es un mito y que lo que hay que conseguir es un bienestar conjunto, una dicha recíproca... 
Y una vez disuelta la relación, ¿vendrán de nuevo las decepciones, los problemas... con la nueva pareja?
- Pero también es cierto que si ya no hay amor...
- ¿Y después de Equis años no sabes superar el enamoramiento inicial para reconocer que amar no es permanecer en un cuento de hadas? El amor empieza cuando se acaba el enamoramiento. Qué esperas sino que se haya muerto el romanticismo y se imponga la realidad, la prosa cotidiana, la mutua aceptación de un hombre y una mujer que vencen las dificultades diarias a fuerza de voluntad y afecto... porque otra cosa es que haya surgido algún resentimiento, odio...
- Vivir es fácil mientras estás solo: tienes mucha libertad y solo responsabilidad contigo mismo. Cuando empiezas a convivir es cuando todo resulta difícil si no posees comprensión, tolerancia, inteligencia para las estrategias del día a día.
- Todo fracaso de uno es el fracaso de dos.
- ¡Qué tragedia!
- ¡Qué comedia!
- !Qué belleza vivir sabiéndose vivido!
- ¡Escuchad!: 
(Leer original)

Canción de la Bienamada

Qué glorificación de los sentidos
saber que soy amada, que alguien sueña
con una vida plena porque existo.
Todo exige una causa y todo tiene
su consecuencia: ¿y yo
inspiro amor, el gozo más sublime?
¿Cuál es el sortilegio, el milagroso
tañer de las campanas que me dice
que un corazón sonríe porque ve
a través de mí el cosmos?
¿Y qué merecimiento tengo sino
preferir el asombro de la vida,
el esplendor a la fugacidad,
y cantar el fulgor de las criaturas?
Acaso todo es sueño y esos ojos
que se llenan de júbilo al mirarme
me inventan; y tal vez,
cuando yo amo, embellezco a la criatura
por la que siento que la vida tiene
al fin sentido, dicha plena, luz.
¿Mas por qué hacer preguntas que destruyen
el sentimiento, si es mejor vivirlo,
y tendrían respuestas imperfectas?
Me quedo con lo exacto: ¡Qué
dulce satisfacción de los sentidos
saber que solamente por amar
alguien errante encuentra
el íntimo lugar del regocijo!
31319

sábado, 21 de febrero de 2026

Escribir para la luz


Es imprescindible una revisión y reescritura permanente de toda la Historia, la personal, la actual y la universal, para liberar nuestras conciencias: para superarlas. Es decir: hay que poner en orden a los hijos de Homero, reconsiderar sus actitudes y aptitudes. No puede negarse el penar de este efímero infinito que es la vida, pero anclarse en él es un error. Cervantes lo resume bien: “Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si las sienten demasiado también los hombres se vuelven bestias”. Es preferible tomar como referencia momentos en los que la adversidad se transforma en voluntad de superación. Porque es cierto que algunos vivimos en el infierno; pero siempre mirando al cielo y sus estrellas.
    He aquí, por ejemplo, tres momentos culminantes y ejemplares: entre torturas y cárceles, Boecio teje su Consolación por la filosofía; mientras espera ser detenido y ejecutado, durante la Revolución francesa, Condorcet escribe su Historia del progreso del espíritu humanoMessiaen compone en los campos nazis su Cuarteto para el fin de los tiempos. Actitudes así deben ser las premisas para un mundo justo: sobreponerse a los errores del pasado y sufrimientos del presente para que cada vez queden más verdades que mentiras: más hechos objetivos que interpretaciones de los mismos.
    En fin: en las salas de autopsia hay una inscripción: “Este es el lugar donde la muerte se alegra de ayudar a la vida”. Debiera ser una declaración de principios. Porque también es necesaria una renovación del espíritu del arte y la escritura: una autopsia del cadáver artístico sustentado en la concepción de la existencia como un valle de lágrimas cuyo caudal conduce al paraíso: un ejercicio de voluntarismo para convertir el llanto en canto hasta cantar como un método para que el corazón se llene de alborozo.

viernes, 20 de febrero de 2026

Obras maestras a granel

                            Mendelssohn: Overture 'The Hebrides' 


Sincronía diacrónica

Dice Lucio que está leyendo un libro 
que es el más novamás de la escritura.
Quién tuviera la suerte de encontrar 
siempre libros que fuesen novamases. 
Me criticáis porque yo nunca alabo 
novelas o poemas, u otras letras:
como si yo quisiera horrorizarme 
ante cada creación con la que topo. 
Le rezaría yo a todos los dioses 
si tropezase con obras maestras 
como las que alabàis. Acaso sea 
que yo sufro de anedonía; o que el mundo 
ve montañas en donde hay precipicios; 
o que el hambre nos lleva a ver jamones 
allí donde ni hay cerdos que plantar... 
Y aún hay otra razón que echa por tierra 
la acusación de que soy criticón 
solo de autores vivos. Por ejemplo: 
¿es que no viven con salud creciente 
los que siguen leyéndose tras siglos 
-y esos sí son bestsellers en la historia?-. 
Y además: ¿cuál es el factor común 
de la humana entidad, la inteligencia 
cultísima o el fácil conformismo?


jueves, 19 de febrero de 2026

Redescubriendo a los clásicos

                        Redescubriendo a los clásicos

Dvorak: La rueca de oro
Miro mis bibliotecas, los recintos que han mantenido viva mi existencia, los refugios en donde consolaba mi indefensión y ... 
    Tocar un libro, aspirar su fulgor, era apropiarme del talismán, el manantial donde las almas perdidas satisfacían su sed de infinitud.
     Siento tristeza al ver esta hogaza de libros: porque si el progreso los hizo posibles para ennoblecer la mente, también es el progreso el que va a convertirlos en humo del pasado.
     Faltos de perspectiva, nos preocupamos de los nuevos títulos que los reseñistas profesionales vocean por doquiera. Como si los “clásicos” no fuesen más nuevos, vigentes testigos del presente y enunciadores del porvenir. Creemos haberlos leído y en realidad solo los leímos hace mucho: volver a ellos es descubrir que la pluma sabia se ennoblece con el tiempo.
    Ahora nos asalta la pantalla internética con títulos ineptos. Hemos cambiado el mundo porque el mundo nos cambia. Y al revés del revés.

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El arte de Sarima


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El arte de Sarima

La pesadilla 

La pluma planta esquejes de poemas 
sobre tus ojos y tu corazón. 
Se traducen en fuegos abrasivos.
Y la verdumbre enamorada prende 
como creciente llama, inacabable. 
El crepitar de todas las  estrellas
crea un infierno celestial de amor, 
y luzbeles y arcángeles disputan 
la potestad de ese dolor gozoso 
que da la vida mientras da la muerte.
Así tú, amada mía, hipnotizaste
mi amanecer, mi anochecer, mis días. 
Y cuando el ascua de tu cuerpo y alma 
ardió como una brasa en mi existencia 
te sumergiste igual que un mar de olvido 
en las estigias.
Tu cuerpo se alejaba y yo sentía
tu ausencia. Quizás otro te esperaba:  
y el infierno se apoderó de mí.
Grité liturgias, fabulé caminos
por los que uno hacia el otro vaiveníamos
el sendero de la felicidad.
Pero al fin me dejabas junto al mar 
y te abrazabas al Neptuno aquel,
como un navío anclado a su destino.
Enloquecí y le disparé un arpón
trizando su cabeza de medusa.
Aquí te espero, junto al arrecife.

miércoles, 18 de febrero de 2026

El acoso

                                        Holst: Los Planetas, Saturno

Mirar en el diamante el barro humano
y en la rosa fugacidad tan solo
porque el tiempo es también solo una rosa
que se abre en un jardín llamado muerte.
Distinguir en la muerte inexpugnable 
el puñal que nos salva del dolor,
y en el dolor el manantial oscuro
que nos hace saber que estamos vivos.
Escribir para eternizar el alma
y sentir que no hay dioses sino hombres
aceptando el destino que ellos forjan
con sus preguntas o con su silencio.
Errar de una esperanza a otra esperanza
sin nada que esperar más que un final
semejante a un principio inescrutable
que la conciencia obliga a recordar. 
Columpiarse entre cunas y entre tumbas,
la frente coronada de jazmines, 
y el sol, como azagaya penumbrosa,
domeñando los cíngulos: morir.


martes, 17 de febrero de 2026

En el aula del librepensamiento


Homenaje


Durante casi dos horas, por la tarde, los alumnos que así lo han decidido -casi todos- han visto El planeta de los simios, la gran película especulativa de Schaefner / Heston basada en el épico-lírico libro de Pierre Boulle. Este dato lo recuerda, al día siguiente, Andrés. Y añade:
- La moderna versión trata de monos, y esta de hombres. 
- Profesor: Gran diferencia. ¿O no? 
- Andrés: Esta te hace pensar, siguiendo el libro. La otra te invita a que no pienses, como, según mi padre, hacen los políticos. 
- María: Lo que más me ha llamado la atención es la frase que dice el protagonista: que estaría dispuesto a lanzarse a un volcán en erupción si eso le asegurase que iba a comprender algo nuevo.
- Profesor: Sin duda es una exageración; pero no tanto. En realidad casi todos cuantos han pretendido ir más allá del saber establecido  en su tiempo han dado su vida por ese nuevo aprendizaje. 
     ***
El profesor apunta que el mundo podría dividirse en dos grupos: los que piensan y los que se esclavizan al pensamiento de los demás: los que biempiensan hacia el futuro y los que malpiensan desde el pasado: los progresistas y los retrógados. Y que la Historia es una alternancia de unos y otros. Lo cual ha producido que la Historia sea, también, una sucesión de guerras separadas por treguas.
- Es difícil desacomodarse de una forma de vivir a la que te has acostumbrado: tienes que cambiar tus principios, costumbres, leyes... y resulta más fácil continuar sin cambios: sobre todo cuando nos excusamos pensando que todo es un error y cualquier cambio no cambiará nada.

Se apagan las luces: Lo que ahora ven, durante cinco minutos, los estudiantes es un fragmento de La herencia del viento, de Stanley Kramer, sobre lo que se llamó el "Juicio del mono", que tambaleó la sociedad americana porque se prohibían las enseñanzas de la Teoría de la Evolución. En el film Spencer Tracy defiende la libertad de aprendizaje. 

- Profesor: En la anterior película hemos visto una distopía (Pepa lee en el Diccionario: visión catastrófica del futuro, contrautopía): un mundo en el que se le ha dado la vuelta a nuestro presente: el hombre procede del mono y está esclavizado por él. Si cualquier cambio en vuestra rutina os enfurece, imaginaos aquellos que atañen a los principios de una sociedad que hasta hace un siglo se creía dueña del universo, protegida por un Ser Superior llamado Dios: le decís de repente que es hija de un animal y vive sobre una piedra lanzada al azar -entre otras miles de millones- por no se sabe qué gigante estelar y juguetón que hace malabarismos con ellas o tiene un plan secreto. ¿Quién no se conmocionaría ante esa teoría o realidad, cuando incluso la ficción del cine aterroriza? ¿Cómo no van a ser perseguidos los renovadores del pensamiento, si el mismo Sócrates fue “asesinado” por el noble hecho de enseñar a pensar? 

- María: ¿Y tú qué piensas, profe?

- Profesor: Lo que yo piense no es más que otra opinión, no una creencia infalible. El pensamiento se renueva cuando se actualiza la información. ¿Quién podía prever que el fuego, la rueda, o Marx, cambiarían la sociedad? Pero fijaos en estos cuatro hechos o premisas, y sacad conclusiones sobre el camino hacia la libertad:

1) Se deduce de Copérnico: si la Tierra no es el centro del universo, tampoco el hombre vive en el centro del cosmos; y, por lo mismo, Dios no es el eje universal que vertebra cualquier infinitud y eternidad, sino un Alienígena más.
2) Viene a decir Darwin: si el hombre es hijo del mono, el Gran Padre Dios también es El Gran Simio.
3) Dice Freud: el hombre no es plenamente dueño de su mente, sino que su voluntad está determinada por el Gran Inconsciente, el árbitro arbitrario del vivir.
4) Ahora el Papa, al decidirse a abandonar su cargo, del que solo la muerte puede -podía- liberarlo, está proclamando que es posible desobedecer a cualquier Divinidad porque no existe la infalibilidad del Gran Dios, o el Gran Simio, o el Alienígena, o la Iglesia. ¿No es el definitivo hachazo a las milenarias dictaduras, si todas las dictaduras tienen su fundamento en la inefable infalibilidad del dictador?
    ¿No acaba el Papa de partir en dos la Historia? Hasta hoy hemos vivido la prehistoria del Hombre (la dictadura teocrática); desde hoy solo queda que el ser humano sepa convertirse en un Gran Hombre: para sí mismo y para los demás. Y eso no os lo dará más que un libre y responsable aprendizaje, forjador de vuestro criterio independiente. De vosotros depende ser padres o hijastros de ese Porvenir.

   






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