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sábado, 31 de enero de 2026

Alucinación del trovador (Un crucigrama)


Exequias (Acuarela)


Ha muerto la gentil Infanta de Ravel y su Bolero llora inacabable.
Una trompa se adueña del lamento y este se transfigura en las gráciles lágrimas del piano.
Suena el tejido musical como una incandescencia.
El leve son transmigra de un instrumento a otro.
En el mar de la vida la muerte es un arrecife que nos lanza al naufragio. 
Amanecemos vestidos de existencia y en el crepúsculo morimos.
¡Si pudiera dejar dormir mi cuerpo y despertarme en otro! 
¿Si la vida es un sueño no puede ser la muerte un despertar? 
La Infanta es un emblema de hermosa juventud que merece una oda en vez de una elegía.
En su cuerpo se agrupan todos los firmamentos. 
Cientos de pentagramas se esfuerzan por cantar su sonrisa robada, su danza apenas silueteada, los breves pies sedentes en armoniosos brincos.
El fúlgido destello brilla entre las doncellas de la corte española.
Allí se alzan y mezclan corcheasrubatos, forjando un paraíso adanevánico. 
 ¡Arráncame esta pena que me obliga a danzar!
Aristocrático y triste, el obstinato derrama su cadencia.
Los 600 compases quieren dictar silencio con su música cíclope, sísifa, jánica.
Lejos yace la alegría si no canta en la noche.
Aquel que canta a la existencia apacigua la muerte.
Las blanquecinas manos brillan dentro del féretro.
El ritmo pertinaz es un bordón creciente.
El dolor se traduce en un enjambre de ruidos ensalmados.
Una onomatopeya como una sierpe errante es el bolero.
Las rosadas mejillas son ya alelíes pálidos.
La capilla se trunca en un palacio dulce, y la cortesanía inicia una liturgia.
Se marchita la rosa en el ocaso.
La brasa ya no es lumbre en la mañana.
Un pájaro se inviste de metrónomo.
Desde su pequeñez el músico pronuncia: "¡Le Tombeau!".
Couperin grita nunca más, Fauré.
Se asoman al teclado Polignac y otras gracias con flores y armonías raigales del corazón adolescente.
Qué distinta esta danza a la de Salomé del erótico Strauss.
No hay liturgia más enamoratriz que la de la belleza de una joven muriendo, como ya advirtió Poe y demuestran Julieta y Melibea.
Quien se rinde a la vida solo prueba que la muerte era su esencia antes de que llegasen los sepulcros.
Misantropía es lo que genera el hombre.
Suena en la noche el corno wagneriano / solitario.
Porque, en verdad, la música es la pulsión demiúrgica del hombre.
Continúa, por tanto, el obsesivo ritmo.
Como una espesa triaca.
Igual que un incunable sinestésico.
Y no obstante la niña semejante a Alibech prosigue en su trasmundo.
De nada sirve el lúbrico alazán jineteándola.
A pesar de que no hay vigor más fuerte que el amor.
Por pasillos y túneles y extraños laberintos rugen cascadas ebrias de sangre resurrecta. 
Al compás del ludibrio las pestañas no cierran las criptas de los párpados.
La púrpura colgante es un dosel que anhela diluirse.
Cincuenta caballeros desenvainan espadas defendiendo a la virgen y ni una sola adarga sirve de barbacana.
El obstinado piano melancólico lucha contra la orquesta y nada puede.
La muerte es un espejo que quiere convertirnos en su imagen / la muerte es una imagen que quiere convertirnos en su espejo.
"¡Despierta!", hija del viento y de la luna, luz de una estrella  ingrávida!".
Mas la orquesta cabalga trizando los teclados, los violines, oboes...
Y agoniza el rumor azul y estático.
Siempre querré saber cómo lo leería la batuta de Malher.
Suena entonces el Testamento aciago:
En verdad, en verdad os digo que debéis entender la vida como el regalo de un viaje de ida y vuelta a una isla en el océano del cosmos, al que es imposible renunciar porque nos es inherente aquello que llamamos nacimiento y defunción.  
Es el momento en el que William Orbit estulticia lo lúgubre.

viernes, 30 de enero de 2026

REVISTA DE LA ACADEMIA NORTEAMERICANA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

ANTONIO GRACIA


Catulo


Si después de mi muerte me siguieras amando, 
recuerda que vivir es abrazar el día:
no ocultes tu belleza bajo un manto de luto,
pues su fulgor merece brillar junto a otro cuerpo. 
Siente ya ese momento de temblor y lujuria
frente a otra carne ansiosa. 
Y cuando te estremezcas envuelta en el delirio 
de la sangre votiva
ven y sáciate en mí, ahora que estoy vivo.

Antonio Gracia es autor de La estatura del ansia (1975), Palimpsesto (1980), Los ojos de la metáfora (1987), Hacia la luz (1998), Libro de los anhelos (1999), Reconstrucción de un diario (2001), La epopeya interior (2002), El himno en la elegía (2002), Por una elevada senda (2004), Devastaciones, sueños (2005), La urdimbre luminosa (2007). Su obra está recogida selectivamente en las recopila- ciones Fragmentos de identidad (Poesía 1968-1983), de 1993, y Fragmentos de inmensidad (Poesía 1998-2004), de 2009. Entre otros, ha obtenido el Premio Fer- nando Rielo, el José Hierro y el Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana. Sus últimos títulos poéticos son Hijos de HomeroLa condición mortal Siete poemas y dos poemáticas, de 2010. En 2011 aparecieron las antologías El mauso- leo y los pájaros Devastaciones, sueños. En 2012, La muerte universal Bajo el signo de eros. Además, el reciente Cántico erótico. Otros títulos ensayísticos son Pascual Pla y Beltrán: vida y obra, Ensayos literariosApuntes sobre el amorMiguel Hernández: del amor cortés a la mística del erotismo La construcción del poema. Mantiene el blog “Mientras mi vida fluye hacia la muerte” y dispone de un portal en Cervantes Virtual. Información obtenida en https://elcuadernodigital. com/2019/05/29/dos-himnos-elegiacos-de-antonio-gracia/

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REVISTA DE LA ACADEMIA NORTEAMERICANA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

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Séneca

Agazapada dentro de la luz
está la oscuridad. Brilla en el alba
el germen de la noche. Crece el niño 
hacia su ancianidad. Nace la muerte 
en la cuna. El dolor finge ser dicha. 
Está la consecuencia
contenida en su causa. El primer beso 
preludia el desamor. Todos los fuegos
son ceniza y urdimbre de la muerte. 
También tú morirás.
Tan solo permanece la palabra.


Luis de León

La dicha es el lugar al que llegamos 
cuando la suavidad de la memoria 
olvida cuanto no pudimos ser.


Lope

Solo en la inmensidad del universo, 
bajo el párpado azul del alto cielo, 
el corazón tan solo halla consuelo 
en el cuadro, la música y el verso.

Por sosegarme, con la luz converso 
del músico paisaje, del desvelo
del viento al salmodiarse, del anhelo 
de infinitud, y en versos me disperso.

En las constelaciones prodigiosas 
de la frágil palabra que persigo 
sin esperanza, pero incontinente.

Las luciérnagas arden como rosas 
alumbrando senderos, y las sigo 
armado con la pluma solamente.


Karoline Günderrode

La imagen pura del dolor antiguo 
signa mi corazón y lo condena
a sentir a través del sufrimiento.
Veo el mundo reír. Quiero abrazarme 
a la alegría. Lucho
contra el estigma que atenaza al hombre. 
Me aferro a la esperanza
de que el amor redime la existencia.
Sé que el arte transforma la agonía
en inmortalidad
y hace del hombre un dios. 
Conjuro las tinieblas en silencio. 
Mas solo llueven nubes y derrotas 
sobre mi voluntad.


Heligenstadt

Sé que debo morir mañana, acaso 
hoy se cierren mis ojos y no vea 
nunca más esta luz que me hace libre 
incluso para darme ahora la muerte
y matar el dolor que me acongoja. 
Pero aún hay suficiente plenitud
y alegría en mi alma: no podrán
la muerte y su equipaje de tristeza 
impedirme vivir esta armonía 
jubilosa y doliente hasta que llegue 
el espasmo inasible de la nada.

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Invenciones - Palabra

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REVISTA DE LA ACADEMIA NORTEAMERICANA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

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Eneas

Resuenan en mi mente las espadas,
las voces de los dioses y el estruendo
del pífano y la muerte. Nada había
que me alegrase más que la batalla,
el destello del casco,
los cuerpos desmembrados, los escudos 
defendiendo las vidas, el chirriar
de las armas ardientes.
Para mí fue la sangre más preciosa que el vino, 
pues con ella brindaba por el honor triunfante. 
Y de pronto, piafaron los caballos
absortos ante el mágico de Ulises
que, en la noche, entre hogueras,
engendraba guerreros y ceniza
sobre la hermosa Troya. Todo fue
precipitado hacia el olvido. Escucho
el estertor doliente de la patria,
y siento que si yo seguí viviendo
es para que me mate la memoria.

                                                    de Hijos de Homero (2010) 

Soneto sobre el ansia

El instante en que vivo es de ayer y mañana 
tanto como de hoy. Por ti no pasa el tiempo
o eres el tiempo. El pájaro posado en esa rama 
vuela y descansa milenariamente
en un inmóvil vuelo que lo lleva
de árbol en árbol hasta el mismo árbol
que estoy mirando y no he visto jamás.
Con mi pluma han escrito Homero y Dante.
No brota el fuego: existe a pesar de sus cenizas; 
y el río es manantial y mar remoto.
Yo soy aquel que ansía regresar
para quedarse enhiesto y solitario
entre la multitud de los que soy.
Jamás podré morir pues no he nacido.

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Hombre

Naufraga la razón y el sortilegio
de la lógica muere. La materia
no explica la sustancia. El arrebato 
que nos acecha y que nos transfigura 
no es de sangre ni arcilla. El corazón 
siente el fulgor, acepta lo sublime 
queriendo retenerlo; y solo roza 
esquirlas de belleza y plenitud.
Hay una grieta atávica por donde
la inmensidad azul emerge clara
y el cuarzo se convierte en un diamante 
tallado en el cerebro. Esa alta cima
de los sentidos teje su albedrío
y fracasan ante él la inteligencia
y los asedios de la voluntad.

Invenciones - Palabra

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jueves, 29 de enero de 2026

El ripio trascendente


El ripio trascendente

Pregúntese el lector de este poema
si al leerlo halla en él su autorretrato,
un destello en la sombra, un veredicto
a la interrogación de la existencia;
o si, por el contrario, sus palabras
son hijas de un ludópata verbal
que nada tiene que decir y dice
menudencias, astucias, abalorios.
Ese es el historial de la escritura
y de todas las artes: la engañosa 
relación entre esencia y circunstancia.
Nada dice el poeta que se olvida
de escribir desde el hombre y para el hombre.
Hallar la identidad: esa es la meta.
Primero, una verdad inextinguible;
y después la belleza que la dicta.
Asedios a la luz son las palabras:
manantiales, lumínica estrategia.

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El Beso de la Muerte (1932)

miércoles, 28 de enero de 2026

En el dintel

                Respighi - Pines of Rome (Bernstein/1970)

En el dintel

La lluvia me recuerda la tristeza 
del mundo. Es un guerrero de mil lanzas
penetrando en el corazón, llorando 
como un gigante diluido en plata.
La consideración de que todo es 
gris transitoriedad de lo eviterno
lleva a la conclusión de que el amor
es el único dios que crea edenes:
y así, buscando un dulce paraíso,
tu sonrisa de oro es el más claro 
manantial que transporta a la alegría. 
Su murmullo me empuja hasta el océano 
de la dicha. El dolor es una roca 
que nos golpea como un arrecife
en los ojos y ciega la mirada.
Pero de pronto llegas, apareces 
como un fantasma hermoso en el dintel
de la tarde: y todo es alegría
porque diluvias magias, manantiales, 
luz. 
Siempre el amor engendra su criatura. 
No hay más dioses que los que el hombre crea.


martes, 27 de enero de 2026

Poemas seleccionados en RANLE

Números-21-22

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LEER número 21-22

Páginas 249-253

ACADEMIA NORTEAMERICANA DE LA LENGUA ESPAÑOLA (ANLE)

Cincuentenario de la ANLE  -  Décimo aniversario de la RANLE 

Nueva York

lunes, 26 de enero de 2026

Vicente Luengo - Rise again


ALZARNOS DE NUEVO Tendido sobre el frío suelo, la televisión encendida, sin sonido. La lluvia de la noche golpea y llama. Si doy unos pasos puedo ver que llueve sobre millas de luces heladas, encadenadas a las mías. Si me levanto podría… … romper esa silla de madera, reventar el cristal de acero. Si me levanto puedo ver las líneas de mi mano moviéndose, buscando una línea mayor. Ahora me pongo en pie y fluyo, tú y yo volando sobre el mar, tú y yo, tú… yo. Me pongo en pie y fluyo, tú y yo volando sobre el mar, aferrados al viento, perdidos en el viento. Atrapados en esta red de hielo. ¿Recuerdas cuando respirábamos juntos y el río fluía con tanta facilidad? Ahora tenemos que alzarnos de nuevo, escapar de la era de los necios. Un paso dorado está ahora a nuestros pies. Si me levanto podría… … romper esa silla de madera, reventar el cristal de acero. Si me levanto puedo ver las líneas de mi mano moviéndose, buscando una línea mayor. Ahora me pongo en pie y fluyo, tú y yo volando sobre el mar, tú y yo, tú… yo. Me pongo en pie y fluyo, tú y yo volando sobre el mar, aferrados al viento, perdidos en el viento.
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