Mientras mi vida fluye hacia la muerte // antonio gracia
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sábado, 14 de marzo de 2026
La simpasión
Puesto que todo en nuestros genes tiende a la consecución del placer y a la negación del dolor, el más sabio es el que utiliza su sabiduría para conseguir el sosiego, el equilibrio entre el malestar y el bienestar, la armonía, la dicha: la felicidad.
Y como lo que más conturba al ser humano es la insatisfacción de su sensualidad, los mayores enemigos del hombre -y la mujer- son aquellos que castran la compulsión del erotismo en todas sus variantes.
Satisfecha la carne, el espíritu es libre; constreñida, confuso.
Bien lo muestra el poema:
Y como lo que más conturba al ser humano es la insatisfacción de su sensualidad, los mayores enemigos del hombre -y la mujer- son aquellos que castran la compulsión del erotismo en todas sus variantes.
Satisfecha la carne, el espíritu es libre; constreñida, confuso.
Bien lo muestra el poema:
La simpasión
Como
si dos desconocidos
tristes
y solitarios se encontraran
en
mitad de la noche y decidiesen
mutuamente
ayudarse
a
seguir el camino,
nos
entregamos a la paz del alma
tras
la cópula loca.
Con
qué clarividencia vimos luego
todo
cuanto antes era un laberinto.
(J. Cantero: Poemas amorosos)
El autor, desairando la estrategia lírica, afirma una verdad natural pocas veces aceptada por la sociedad, siempre represora de la carnalidad. El tono sentencioso y lejos de retóricas apenas atiende a la exposición, no a las moralidades: que hay que matar la lujuria con la práctica de la sexualidad; y que tal acción es un deber solidario. Saciar la lascivia porque su represión es la causa del malestar íntimo y, por tanto, de todos. Saciarla como un acto de buenamor por los semejantes. Cómo se haga es cosa de cada uno -de cada dos-. No se trata de "amor libre", o libertinaje, sino de hedonismo ataráxico liberador de cualquier turbación que impida "ver".
Reubicar 16-9-14
viernes, 13 de marzo de 2026
Cuando los dioses te olvidan.
Offembach: Orfeo en los infiernos
A veces las circunstancias se conjuran de tal modo que uno parece haber nacido para que todo tenga alguien al que fastidiar. El teléfono deserta; Internet se va de vacaciones; la Radio no se escucha; la Televisión se aburre de sí misma y se estangurria; al ordenador, tan necesario ya para mí, le da un colapso; un músculo dorsal se lumbalgiea ... Todo son cosas sin importancia esdrújula, pero bastantemente fastidiosas. Por ejemplo: si suena el timbre de la puerta no puedes acercarte para saber si es el pesado de la publicidad o es el cartero con noticias de otros mundos tan perfectos como este.
Siempre quedan los libros, los únicos amigos que nunca te abandonan. Pero he descubierto que incluso pasar una página puede ser doloroso y hacer ver las estrellas. He visto tantas estrellas que he empezado a creer que el Artífice Supremo es verdaderamente sabio: forjó nuestro efímero cuerpo tan interdependientemente que si te duele un dedo y lo mueves -incluso solamente para pasar una hoja- también te duele el otro, que sacude la mano, que tortura los brazos, que constriñen la espalda, que empuja su dolor hasta las piernas...
Sí: verdaderamente esa perfecta interdependencia corporal de huesos y tendones, y sus correspondientes latigazos doloríferos, han sido mi cogito ergo sum: y he empezado a creer. Ya creo tanto que no me conformo con creer en un dios; y ya creo en tres dioses, en cinco, en diecisiete...
Cuando crea en 50, por ejemplo, empezaré a pedirles que no creen más mundos a su imagen, sino a su desemejanza. Siempre es mejor la imperfección, porque la voluntad y la autosuperación tienden a mejorarlo todo; pero la perfección de la tecnología nos hace progresar demasiadas veces hacia lo inútil o lo innecesario que, a fuerza de convertirse en cotidiano, se vuelve imprescindible, nos debilita, nos transforma en esclavos y nos estupidiza. Y entonces, el infierno.
Y, además, lo peor: tal malestar nos renueva la idea de que, ahora que comprendes algo de la existencia y has aprendido algunas cosas que pudieras transmitir a los demás, estás mucho más cerca del máximo verdugo de la vida: la inexorable muerte.
¡... Cachis en la mar...!
Y, además, lo peor: tal malestar nos renueva la idea de que, ahora que comprendes algo de la existencia y has aprendido algunas cosas que pudieras transmitir a los demás, estás mucho más cerca del máximo verdugo de la vida: la inexorable muerte.
¡... Cachis en la mar...!
Reubicar 15-9-22
jueves, 12 de marzo de 2026
Graciela Tomassini: Nota sobre Antonio Gracia.
Sobre El mausoleo y los pájaros
Hay en la Biblioteca Virtual Cervantes una antología que recoge los hermosos y profundos poemas seleccionados por Antonio Gracia para El mausoleo y los pájaros (2012). Lamentablemente, no recoge poemas de sus obras más recientes, pero lo que he podido leer... ¡es muy bueno!
Del 87 (Los ojos de la metáfora) al 98 (Hacia la luz) hay un quiebre que se percibe existencial, ético, y por consiguiente, estético. La muerte ya no le suscita imágenes de desgarro y tortura, sino una conciencia más aguda de la vida en su insistencia, su vocación de permanencia en la cadena de los seres, su afirmación en el amor. En Libro de los anhelos (99) me conmueve esto (del poema "Revelación"):
"Dime: ¿De qué ha servido preguntar, / si la única respuesta es el silencio / y mientras preguntabas te morías? / ¿No era mejor sentir sin entender? / Siempre se nace tarde a la existencia. " Esa afirmación en la vida es el primer paso:ha descubierto su valor intrínseco, su magia antes que sus razones. Si todavía se siente "vida que fluye hacia la muerte", y como Manrique piensa que "solo somos lo que queda escrito", el último poema (al menos, entre los allí seleccionados), termina con estos versos magníficos: "Y en el útero añil de las galaxias / soy la semilla de la eternidad."
A partir de aquí va entrando en una dicción cada vez más clásica; vuelve la angustia frente a lo perecedero, pero ¡zas! me encuentro con "Hombre", y ahí ya está, ya cedió la noche a la alborada, ya encuentra la voz lírica su "claro en el bosque". Esto es maravilloso: "Naufraga la razón y el sortilegio / de la lógica muere. La materia / no explica la sustancia. El arrebato / que nos acecha y que nos transfigura / no es de sangre ni arcilla. El corazón / siente el fulgor, acepta lo sublime / queriendo retenerlo; y solo roza / esquirlas de belleza y plenitud. / Hay una grieta atávica por donde / la inmensidad azul emerge clara / y el cuarzo se convierte en un diamante / tallado en el cerebro. Esa alta cima / de los sentidos teje su albedrío / y fracasan ante él la inteligencia / y los asedios de la voluntad. "Qué trabajo el del encabalgamiento, que hace sentir tan fielmente la búsqueda y su objeto fugitivo.
Bueno, y aquí me quedo: voy despacio, como corresponde, porque la poesía no es para correr carreras sino para detenerse a meditar... en el claro del bosque.
Graciela Tomassini,Universidad Nacional de Rosario, Argentina
miércoles, 11 de marzo de 2026
Para ti, que no sé quién eres, de mí, que no sé quién soy,
Origen de la lírica (55 segundos)
1.- Cuando me preguntan por qué escribo, o para qué, y cuestiones similares, solo se me ocurre decir que para encontrar mi nombre verdadero: para identificarme y librarme de mí.
El origen tal vez esté en que yo fui un niño triste y solitario que solo contaba sus indefensiones al papel y al lápiz, es decir -ahora lo sé-, a sí mismo -a mí mismo-, que era a su vez un otro que pudiera comprenderlo, abrazarlo, tal vez quererlo. Supongo que en buena medida sigue siendo aquel infante el que vive y escribe hoy y se mantiene lejos, sin interlocutores, dueño de su solitariedad, esclavo de ella.
Esa es la verdadera razón de la palabra: hallar la identidad, buscar una razón para seguir viviendo como debiéramos ser y no solo como somos; disculpar al demiurgo que nos dio la existencia, aceptar la orfandad de nuestro ser, el sinsentido del vivir, amar nuestra precariedad bajo el triste infinito prometido: amarnos a nosotros mismos, que es la más ardua tarea. No es extraño que ahora recuerde que Mozart confesaba componer para que lo quisieran, y que García Márquez decía escribir con el mismo fin... Lo cierto es que solo he sentido cierta redención y sosiego las escasas veces que he escrito algo que me parecía digno y consideraba de validez universal.
Esa es la verdadera razón de la palabra: hallar la identidad, buscar una razón para seguir viviendo como debiéramos ser y no solo como somos; disculpar al demiurgo que nos dio la existencia, aceptar la orfandad de nuestro ser, el sinsentido del vivir, amar nuestra precariedad bajo el triste infinito prometido: amarnos a nosotros mismos, que es la más ardua tarea. No es extraño que ahora recuerde que Mozart confesaba componer para que lo quisieran, y que García Márquez decía escribir con el mismo fin... Lo cierto es que solo he sentido cierta redención y sosiego las escasas veces que he escrito algo que me parecía digno y consideraba de validez universal.
2.- Las otras consideraciones sobre la escritura son racionalizaciones para entender o etiquetar el laberinto: éticas, poéticas, estéticas... Todo cuanto viene tras la escritura íntima y solitaria pertenece al oficio artesanal, necesario para que lo que se dice esté mejor dicho. Tras la escritura y publicatura de un libro llegan las poéticas a posteriori: lirismo, prosaísmo, hermetismo, sencillez... Y la repercusión social, el éxito o fracaso, y otras lindezas mundanales, son falsos resplandores que tal vez ayuden a la autoestima, aunque solo sean perspectivas analíticas.
Pero, como digo, el primer impulso -al menos para mí- es el del hallazgo del yo, su desentrañamiento, aunque se traten temas que en principio son o parecen tangenciales a esa búsqueda. Porque toda escritura -todo arte- es autobiografismo síquico. Supongo que lo mismo hace el lector, y yo como lector: leo para encontrar en los otros lo que mi yo necesita para reconocerse y construirse. Por eso quien más lectores tiene a lo largo de los siglos es aquel que aúna en sus textos los rasgos distintivos del ser humano. Y por eso el libro más cabal es el que el lector siente que ha sido escrito para él, aunque sepa que el autor lo escribió para sí mismo.
Una enseñanza sin educación

Una enseñanza sin educación
Hace mucho que la enseñanza tiene poco que ver con la educación. Solo se enseña a buscar un trabajo. Ya no se aprenden las materias troncales, las que educan como seres humanos y no solo como animales sociales que deben sobrevivir en la jungla del éxito y el fracaso. Y es una torpeza: los ministerios se dedican a intentar dar salida al exceso de población pero no a formar las mentes de sus individuos: y no cambia la sociedad si no ha cambiado el individuo, aunque los políticos se empeñen en lo contrario. Dan habilidades, no formación troncal e integral. No enseñan a capacitarse como personas, sino como trabajadores. No enseñan a pensar, sino a ejecutar órdenes robóticas. Frivolizan la vida y la rigen según el criterio economista. De modo que cuando acaba el horario de trabajo el trabajador siente el vacío porque se le han atrofiado sus cualidades sensitivas y no son capaces de disfrutar de un buen libro, una buena música... Entre la comida y la defecación solo encuentran el ocio del aburrimiento y el sinsentido.
lunes, 9 de marzo de 2026
Condenados a pensar
Haendell: Zarabanda
Pocos se cuestionan los postulados de su herencia cultural. Convierten su aprendizaje en un criterio inamovible y todo lo juzgan según ese criterio, considerándolo un canon desde el que salvar o condenar a quienes lo siguen o lo alteran. Así, dividen a los demás en ortodoxos y heterodoxos, lógicos y absurdos.
Sin embargo, toda lógica es el resultado de una conclusión nacida de unas premisas consideradas válidas in aeternam. ¿Y quién no ha concluido ya que todo es mutable y que la realidad es otra apariencia real que modifica la que consideramos definitiva? Lo que desechamos por absurdo adquiere, a veces, con el devenir, su esencia de principio cósmico, de lógica inmutable, y aquello que admitimos como lógico inmutable muestra su transitoriedad como verdad absoluta.
De modo que la lógica es un edificio síquico y diacrónico construido con irracionalidades y elementos del absurdo sincrónico.
Por lo tanto: quien no ve inexorablemente que el único principio por el que regirse es la ausencia de un canon absoluto y definitivo -es decir: que lo absurdo es un prólogo y epílogo desechable de la lógica- jamás comenzará a entender. Y convertirá su vida y la de los demás en un caos.
Aunque también es verdad que, conociendo que es imposible comprenderlo todo y que aceptar que hay cosas incomprensibles ya es comprender, el más feliz es el que no se cuestiona lo impenetrable.
Sin embargo, ¿quién desea esa clase de felicidad? La no aceptación de ese conformismo constituye la tragedia del ser humano y lo conduce al escepticismo como única fe: a la Filosofía, la Literatura, el Arte.
Sin embargo, ¿quién desea esa clase de felicidad? La no aceptación de ese conformismo constituye la tragedia del ser humano y lo conduce al escepticismo como única fe: a la Filosofía, la Literatura, el Arte.
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