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sábado, 23 de mayo de 2026

Sobre el haiku.


1.- Creo que la única poesía necesaria es aquella que, prescindiendo de lo circunstancial, o abstrayéndolo, aspira a lo esencial. Por lo tanto, un poema perdurable es el que impregna y satisface a cualquier lector de cualquier época sin aditamentos temporales porque se dirige a la sustancia del hombre singular y universal. También creo en la condición sinestésica del arte: que el impulso creador es único y que solo cambia la vía en que se expone: palabra, pintura, música. Más aún: que la más noble y notable sensación es la que conjuga la música, la pintura y el verbo. Eso me parece que hay en la carnalidad plástica del haiku.

2.- En el Japón del siglo XV existían el tanka, la renga, y el haikai, que tenían en común su brevedad y comicidad. En el siglo XVI se fundieron en el haiku, que pretendía ser conciso, prescindir de lo humorístico y apresar el instante, como en una acuarela verbal, en 17 sílabas dispuestas en 3 versos de 5-7-5; en ellos destacaban el sustantivo y casi se ausentaban el verbo y el adjetivo. Basho fue su principal creador. He aquí una de sus composiciones: 
El cuervo horrible. 
¡Qué hermoso esta mañana 
sobre la nieve! 

¿Quién no sabe que el cuervo destaca más su negrura sobre el blancor de la nieve? Pero tal vez lo que se nos quiere hacer ver es que la fealdad puede ser absorbida como belleza si está rodeada de esta. Basta leer algunos haikus para deducir que el autor contempla algún objeto de la naturaleza a fin de extraer un destello que dé luz a un aspecto de la naturaleza humana. Destello que nace en el poeta por su ascesis, éxtasis y serenidad armoniosa de todos los sentidos.

Si acudimos a nuestra lírica tradicional, veremos que la intuición, la elipsis, el epigramismo, la sugerencia, la plasticidad… son similares. De modo que cuando José Juan Tablada, imbuido de lírica española, visitó Japón en 1900 no debió sentir extraña esa brevedad ingeniosa, luminosa y sensual, sino familiar. Y escribe, por ejemplo:
Canta un responso el sapo 
 a las pobres estrellas 
caídas en su charco.

 Composición que difiere poco de esta del maestro Basho

El viejo estanque. 
La rana salta dentro. 
Qué sonido el del agua

En ambos la síntesis, la pintura, la mirada fugaz y penetrante, la frugalidad expositiva, el intento de producir un efecto emocional inmediato, sin distracciones. La única diferencia es la cantidad de sílabas. Pero ¿quién ha dicho que haya que ponerse un corsé para escribir? Cuanto más atendemos a la esencia, más se diluyen los límites.


Desde ese momento, tenemos las greguerías delasernianas, los proverbios y canciones de A. MachadoLorca o Alberti. He aquí un haiku de aquel: 
Primavera vino. 
Violetas moradas, 
 almendros floridos

Y otro de JRJ
¡Ay el aire yerto, 
campana en el frío, 
ojos en la escarcha

Y otro de J. J. Domenchina

Pájaro muerto. 
¡Qué agonía de plumas 
en el silencio!

Visualizaciones de algo concreto para su abstracción. Pinturas, paisajes verbales. “Naturalezas vivas” frente a las “naturalezas muertas”.

No es extraño que un canon tan miniatural apenas haya cambiado. Sin embargo,  los temas se ensanchan, llegando incluso al metapoetismo. Veamos este de Borges

La vieja mano 
sigue trazando versos 
para el olvido. 

Y este de Octavio Paz:
Hecho de aire, 
entre pinos y rocas 
brota el poema. 

También se intentan otras métricas, como la de este casi haiku -en el que, como en otros, hay recreación, no extracción concluyente- que es un casi soneto -de M. Machado- formado por 14 palabras paisajísticas, sin un solo verbo: 

Frutales 
cargados. 
Dorados 
trigales. 

Cristales 
ahumados. 
Quemados 
jarales. 

Umbría 
sequía, 
solano. 

Paleta  
completa: 
verano. 

Detengámonos en este de Ana Rosa Núñez para ver cómo la inmediatez apunta hacia lo trascendente: 
Cangrejo, amigo,
también yo quisiera 
desandar mis  caminos.

¿Nos importa el cangrejo? Salvo a la hora de comer… Sin embargo, ¿quién no ha lamentado sus errores y ha querido volver atrás para enmendarlos? Como el cangrejo, todos quisiéramos rehacer nuestra vida. No vemos solo al cangrejo desandándose, sino a nosotros salvándonos al desandarnos. Y esa es la verdad, la instantánea personal que la autora convierte en universal. También Onitsura, a punto de morir, reclama su vivir sin esperanza: 
Devuélveme mi sueño, 
cuervo. La niebla empaña 
la luna al despertar.

En cambio, Raizan asume su calderoniano sino: 
Ha de morir Raizan. 
Paga su error 
de haber nacido.


Detrás de cada haiku y sus símiles hay una historia, tan solo sugerida, que el lector reconstruye fácilmente porque se reconoce en la sugerencia. Fijémonos en estos versos: 

En Ávila, mis ojos. 
En Ávila mataron a mi amigo. 
Dentro, en Ávila.

¿Quién diría que no es un haiku? De un trazo asistimos a una tragedia amorosa, a unos ojos que son la metáfora de la vida del amado, robado por la muerte, ojos por los que la amada miraba el mundo y que, al perderlos, se queda sin mundo y sin vida, devorado, subsumido todo por el ensimismamiento que impide la existencia fuera de esa autoconsunción. Idénticas concentración, elipsis, nominalidad, ausencia de adjetivos y verbos… Sin embargo, tales versos existían antes del haiku. Constituyen uno de nuestros más bellos poemillas medievales. 

Volvamos a detenernos ¿Quién descalificaría como haiku estos versos de Hernández?: 
Con tres heridas yo: 
la de la vida, 
la de la muerte,
la del amor.

El canon minimalista del haiku, o su paralelismo con otras formas y conceptos líricos, es tan evidente que si le extirpamos a las “Nanas de la cebolla” sus nexos verbales y sincopamos la oración tendremos un haiku expansivo o una serie consecuente. Y siempre la densidad verbal, la mirada enjuta para extraer una verdad del espíritu.

A poco que hojeemos encontraremos que el haiku está presente en muchos autores del último siglo. He nombrado algunos. Sumemos a J. GuillénCernudaBenedetti, J. Munárriz, J. Talens, J. Cereijo… También fuera de nuestra lengua. Escribe Kerouac:
El sueño de Dios
es solo 
un sueño.

3.- Pudiera concluir alguien que es muy fácil trazar tres versos ingeniosos. Y lo es. Como en la pintura y en la música, hay falsificadores, mercaderes y suplantadores. Pero la poesía necesita más genio que ingenio. También habrá quien diga que lo difícil es estructurar una gran obra, una gran catedral, un poema de miles de versos. Sin embargo, olvidará que un gran poema no es un poema grande, como tantos cuadros de Van Gogh, tanto lieder y tantas miniaturas de Schumann (o el 1º de los Cantos de Auvernia de Canteloube) son grandiosos a pesar de su brevedad. 

El haiku y sus fórmulas similares españolas nos liberan de la incontinencia fatigosa de quienes se verborrean versogritándose. Por decirlo de modo contundente: son conceptismos líricos, sincretismos metafísicos. No puedo evitar reconocerles como padres, por ejemplo, a pensadores que han expuesto su filosofía en forma de “máximas”, “apotegmas”, incluso refranes: Marco AurelioPascalLa Rochefoulcaud… Aunque, como siempre, al margen del canon, hay algo más profundo en el origen. No se entenderían cabalmente estos poemas sin la filosofía del sosiego, la mística y el pensamiento zen. Esos poemas, sugerentes más que verbosos, extáticos, son fruto de la sabiduría del estatismo temporal y el contemplativismo, hijos de una edad dorada en la que, como diría Don Quijote, no existían la prisa existencial ni social. Reflejan la temporalidad, no su fugacidad, esa manera de estar en el mundo que nace con los años -y con los siglos-, cuando la reflexión, como apunta Shakespeare, conduce a la inacción (pues el pensamiento se convierte en el verdadero acto del progreso) y empieza el viaje hacia el remoto origen, la mirada metafísica. Sé que aunque siempre pretendemos descifrar el mundo, solo volvemos verdaderamente a la Naturaleza cuando ya hemos malogrado la nuestra. 

En definitiva, el haiku y sus afines líricos pretenden unir el corazón y la mente, la emoción y la inteligencia, con una fórmula que Unamuno utilizó en dos versos: “Piensa el sentimiento, / siente el pensamiento”. Y eso es lo que encontramos en estas líricas síntesis, verdaderos compendios de la sabiduría emocional: la auténtica poesía del conocimiento. He ahí por qué el haiku, también fugacidad perpetua, tiene, por concepción, un puesto relevante en la poesía: su vocación de lúcido fulgor, de abstracción de lo perdurable desde lo efímero.


(Fuente: A. Gracia. Arte y letras)

A. Gracia - Manuela García: El paraíso perdido (Audio)

 

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viernes, 22 de mayo de 2026

El imposible edén de la nostalgia

 

Elegía 



Echado sobre el suelo, bajo la sombra azul

del árbol y el destello 

de la tarde fulgente,

yo leía, abrazaba la existencia.


El rumor de los sueños caía entre las hojas

y el libro era un aroma de naranjos,

cigarras encendidas

y secretas estrellas que alumbraban

mi corazón de niño hacia la vida.


A lo lejos, un piano iba dejando

su seducción errante en mis oídos,

y el campo convertía sus paisajes

en cuadros que un pincel

armonioso pintaba en mi retina. 


Qué inmensidad los ojos 

descifraban, hendidos

en la página plena.


Nunca se ha repetido el tiempo aquel

de mi felicidad entre misterios: 

todo era verde como

la primavera, el árbol y la dicha.


De tanta soledad hermoseada

solo quedan las ruinas del recuerdo

y el imposible edén de la nostalgia.


jueves, 21 de mayo de 2026

Media hora con Borges


MEDIA HORA CON BORGES

Antonio Gracia (Transcriptor)
El maestro contempla ciegamente un aleph diluvial, fantasma levitante en un maná invisible.

Usted es argentino, pero dicen algunos que no se preocupa por su tierra.

Importan las esencias universales, no las patrias físicas, las fechas y demás circunstancias... Yo soy oriundo de los libros, no de la arcilla. ¿Serían esencialmente distintos Homero o Virgilio, Shakespeare o Hugo..., si hubieran nacido en otra patria o en otro tiempo? ¿Son griegos, romanos, ingleses, franceses... o son universales y, por lo tanto, apátridas? Cuando pasan los siglos incluso el autor se convierte en una mera circunstancia de su obra. ¿Soy argentino? Yo solo soy de mis palabras y de aquellos que, por ellas, me sienten suyo. La mente no pertenece ni al polvus es ni al reverteris.

¿Qué me dice del Nobel, que tampoco entiende de nacionalidades? Se supone que es un premio a toda una vida escribiendo bien.

¿Escribir bien? Cualquiera puede escribir bien. Basta con empeñarse en aprender. ¿Pero sentir bien y convertir las emociones en un buen pensamiento emocional expresado idóneamente? Hay pocas cosas cuya dicción, buena o mala, sea imprescindible. Son las que apresan la sustancia humana y trazan el ADN de la identidad histórica, vigente en cada época. ¿Pero a quiénes y a cuántos les importa tal empresa?

A mí, a muchos lectores...

¿Escribir bien? ¿Ordenar las palabras certeramente para remitir al lector una buena prosa, unos versos rumiantes, tener éxito? ¡Claro! Hay que satisfacer también al homo ludens. Aunque eso es insatisfactorio para el homo sapiens. Este escribe para el lector que busca su íntimo rostro —llamémoslo la efigie trascendente— en lo que lee, el que sufre porque por sí solo no se basta para hallar esa efigie y necesita la ayuda de quienes la han visto y saben legarla. Hay un lector al final del horizonte que preserva esa escritura. Vive “en conversación con los difuntos”, en realidad siempre más vivos que los que presumen de estar vivos. Sabe que en algún lugar de un libro hay una frase esperando sus ojos para darle sentido a su existencia. ¿Pero cuántos empuñadores de la pluma prefieren ser malos escritores si ello les procura el pasaporte a la fama? ¿Cuántos se preguntan, antes de publicar, “se avergonzaría Montaigne, o Ronsard, o..., de firmar esto que acabo de escribir”? Repito: ¿escribir bien? El mundo es una gran palabra que solo unos pocos saben pronunciar. Escribir es descubrir. Así lo entiendo: sentipensar, sentivivir en la escritura, nombrar lo no nombrado, vislumbrar lo eviterno, donar la vida en la palabra exacta, inmortal por resurrecta. Crear un cuerpo y una mente humana: escribivir.

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MEDIA HORA CON BORGES

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¿Le molesta que su poesía —como la de Cortázar— no sea tan egregia como su narrativa?

¿Egregia? Son los otros los que —tal vez— escriben peor que yo, no yo quien lo hace mejor que los otros. En cualquier caso: mis cuentos son mis poemas; mis versos, ludopatías estrábicas.

Nombre algunos autores en español.

No existen los autores; existen algunas obras de algunos autores. Las obras completas son el peor enemigo de las grandes obras porque esconden estas entre las de aprendizaje y las de decadencia. Diré dos títulos: El túnel, Informe sobre ciegos.

¿No quiere hablar del Nobel? ¿Discrepa de García Márquez o Vargas Llosa?

La coetaneidad es muy injusta. No premió en vida a Cervantes, ni a Gracián, ni a Dostoievski... y sin embargo sí a Echegaray, a Cela... El factor común de la humanidad sincrónica es la mediocridad... Por eso la muchedumbre, para la cual se urdió la democracia, imposibilita su buen ejercicio y la convierte en una disfrazada dictadura.

¿Se considera antidemócrata?

Solo digo que en democracia ya no sabes quién es tu enemigo porque lo son todos aquellos que conforman la muchedumbre... No se puede convencer a nadie con razones porque la multitud es esencialmente sinónimo de fanatismo. El mismo Beethoven compatibilizó su misantropía (“prefiero un árbol a un hombre”) con la solidaridad universal (Sinfonía coral); claro que con la mediación de la Oda de Schiller... Confieso que, por casualidad, topé con unos versos de un tal Goytisolo, un poeta de los que ustedes llaman sociales —¿qué plumidiestro no lo es?— que dicen: “Un hombre solo, una mujer, / así tomados de uno en uno, / son como polvo, no son nada”. ¿No son nada? Lo son todo. Quien niega la individualidad niega la identidad; y, por lo mismo, la libertad. Hay que reivindicar el “uno para todos”, pero también el “todos para uno”; y esto es lo que olvida o pierde la convivencia en la mala democracia. Ha inventado el todos contra todos, malinterpretando a Darwin. En Arte no hay democracia, sino individuo. Incluso las obras del pueblo, como Las mil y una noches o el Romancero, pertenecen al individuo, quien, uno tras otro, juglar tras trovador, miniaturista tras copista, las han pergeñado, pulimentado, salvaguardado, posteriorizado para la multitud... En fin: ¿no es el triunfo de la democracia el asesinato del yo?

Bueno, bueno... Sorprende oírle hablar de música. Solo recuerdo en su obra una alusión musical: al Réquiem alemán de Brahms.

La música es la única palabra que desmiente la inefabilidad. Y los músicos son los únicos autores contra los que no puedo nada. Yo me quedé en los tangos; y eso sí es Argentina pura.

Vírgula. Revista del Grado en Español: Lengua y Literaturas, 2-3 (2021)


                      Borges en vírgula

                       EN VíRGULA

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miércoles, 20 de mayo de 2026

David y Betsabé

 


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                             David y Betsabé

En el aula de la literatura.



- María: De la Antología de los mejores cuentos y poemas he recogido estos versos de Gómez Manrique: “Mi consejo principal / es, gran señor, que leáis, / porque, aprendiendo, sepáis / distinguir el bien del mal”.
Pedro: ¡Tú tan estu-o-diosa como siempre!
Profesor: Muy ingenioso, Pedro; pero olvida los comentarios ofensivos.
Yolanda: Yo he copiado en mi cuaderno, para mi antología personal, esta versión de una jarcha…
Profesor: Un momento. María: recuérdanos qué es una jarcha.
María: Un poemilla medieval escrito en una mezcla de árabe y pre-castellano.
Profesor: Muy bien. Continúa, Yolanda.
Yolanda: La versión dice así: “Yo prefiero escuchar de labios de mi amada / los libros que ella lee con su amorosa voz, / pues las palabras quedan prendidas en su boca / y pasan a la mía cada vez que la beso, / lo cual hago a menudo, pues me gusta aprender”.
Pedro: ¡Si eso fuera cierto también estudiaría yo a todas horas!
- Juan: A mí me ha hecho temblar El monte de las ánimas, de Bécquer.
- Ana: Mi abuela, que siempre espía lo que leo, me ha cogido el libro y se ha puesto a repetir varias veces estos versos de Yepes: "La muerte es solo un agujero negro / que conduce la vida a otra existencia".
- Luis: Yo me quedo con varios. Pero me gustaría saber por qué tantos escritores han llevado una vida de sufrimiento… ¿Es que es necesario sufrir para escribir?
Profesor: No. Ten en cuenta que la vida ha cambiado en un siglo más que en todos los milenios de la Historia, y antes había más enfermedades, penurias (Gema define "penuria" desde el Diccionario), muertes tempranas... Es verdad que el poeta auténtico -todo artista auténtico- es un ser interrogativo, todo lo cuestiona, se exige demasiado, es inconformista, vive ensimismado en su introspección (Gema vuelve al Diccionario) y sueña con la perfección del mundo, lo que le empuja a crear, como un humilde dios, sus propios mundos (poemas, cuadros, sinfonías…) y a distanciarse de las gentes, que ven en él a un ser soberbio. Y lo marginan, se siente infeliz…
María: Como ocurre hoy en clase o en la calle, que todos te miran como un bicho raro si eres “diferente”…
Profesor: Eso es. Pero en el fondo, el artista auténtico es uno de los seres más solidarios: porque no ayuda solamente a un anciano a levantarse de su caída, sino que levanta el corazón y el vigor de cuantos, necesitados de unas palabras que los consuelen o comprendan, se acercan a él a lo largo de las décadas y siglos. Por eso los grandes bestseller son los clásicos: aquellos a quienes les importan los hombres, no los lectores; la verdad de las palabras, no las ventas.
Luis: ¿Es malo vender muchos libros?
Profesor: No, si no te vendes tú con ellos.
Luis: ¿Y por qué soportar una vida incómoda…?
Profesor: Por la misma razón por la que tú no puedes evitar pasar la noche tumbado en la acera para entrar a un macroconcierto o te sacrificas con tal de estar con Mirian o Juani… En esos momentos te va la vida en ello. Pero también hay autores que han triunfado en su tiempo: Dickens y Liszt eran seguidos por miles de fans en sus lecturas y conciertos por todo el mundo.
Luis: No lo comprendo.
Profesor: Aceptar que hay cosas incomprensibles ya es comprender. Es cierto que las grandes obras de la historia son grandes elegías y que sus autores hubieran preferido escribir himnos; pero eran hijas de una realidad: y la verdadera literatura siempre es un espejo de la verdad social e individual: es el auténtico rostro del ser humano. Fijaos que cada uno habéis escogido aquello que se os parece: A María le gusta saber, y ha elegido unos versos sobre la lectura; a Juan le asustan los fantasmas; y por eso esa leyenda fantasmal. A tu abuela, por sus años, le preocupa la muerte... Ahora que la vida ha mejorado ojalá la literatura auténtica muestre la realidad de un mundo mejor.

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