Mientras mi vida fluye hacia la muerte // antonio gracia
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lunes, 20 de julio de 2026
Marta de Nevares
domingo, 19 de julio de 2026
HOMERO
¿por qué indagáis sobre mis circunstancias?
¿Fui griego, fui rapsoda, ciego... y qué?
¿Buscáis un talismán inescrutable?
Acaso no existí y me habéis creado
con fragmentos de identidad de otros,
como a un dios necesario que os permita
creer que la palabra os hará dioses
si, como yo, sabéis cantar los sueños
de una mujer tejiendo su destino
y el del héroe, que vuelve si se aleja,
un hombre descubriendo otros paisajes,
desafiando la noche y el temor
porque la inteligencia astuta vence
en el mar y en la isla, en Troya, en Ítaca,
llámese Nadie, Ulises o Telémaco.
Fui el arado que trizó la piedra
y convirtió su yermo en tierra fértil.
¿Por qué, si soy el fruto, buscáis vainas?
Mi rostro es el de un libro autoleyéndose,
y todo libro es un autorretrato.
Cuántos se han apropiado de mi pluma,
de su creación, algunos sin citarme.
Mis citadores plagian mis escritos:
son citadores de furtiva estirpe.
¿Acaso me daréis más alta gloria
que la de haber cantado las hazañas
de la mente y el cuerpo de los hombres,
su batalla interior, la guerra entre ellos,
la derrota de todos aunque venzan?
Aunque me deis un rostro no sabréis
el nombre de la vida y de la muerte.
Amamos el misterio y nada queda
de nuestra identidad cuando la hallamos.
sábado, 18 de julio de 2026
Amanecer
solo un leve fulgor en sus entrañas;
y sin embargo sacia su sed, lucha
contra cuanto le hostiga su existencia
inmóvil, peregrina hacia la muerte.
No exige ayuda a la Naturaleza.
Yergue de su ascetismo ardor, anhelos,
y su débil materia crea un destino:
sobrevivir ante la adversidad.
ante las estrategias del dolor
con que el tiempo lo acosa, eleva el alma
a su más alto brío y transfigura
su frágil entereza en potestad.
viernes, 17 de julio de 2026
Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros
De raigambre clásica en su itinerario, estos dos poemas de Consuelo Jiménez de Cisneros rehúyen esa dicción -sin abandonar reminiscencias literarias- para servirse de un lenguaje más coloquial en su hímnica elegía por los libros y el mal de ausencia.
Ambos pertenecen a Campos de zafiro, un título intimista, de última publicación.
En el primer texto los libros, como seres antropomorfos hacinados en el tiempo, en los nichos de las estanterías o el recuerdo presencial, llaman con su fulgor de dueños y forjadores de nuestra identidad (ahora que el futuro parece que va a acabar con ellos). Un rumor de tactos y perfumes parece sensualizar al merodeador de bibliotecas.
En el segundo, la soledad nostálgica de lo que fue diaria compañía provoca en el recordador la resurrección -y regurgitación- del pasado, incluso aquel que, por rutina, inconscientes, sufrimos o gozamos. "Solo por ser pasado se convierten / en nostalgia las cosas".
1.- A la sombra tendida
No sé si tendré tiempo para amaros de nuevo
sin prisas esta vez, con la sabiduría
que solo dan los años.
No sé, queridos míos, a dónde llegaré,
si os dejaré a mitad, con las tapas abiertas.
Si, como un caballero tenaz y generoso,
os rescataré de las estancias del olvido.
Si, como un amante considerado,
os llevaré de paseo por el campo.
O si vuestro destino será el de esos difuntos
cuyas tumbas grises no se renuevan
y ya nadie rescribe sus nombres en las lápidas.
Me conmueve vuestra condición
de enterrados en vida
en la sepultura de la estantería.
Me provoca encontrar hojas
virginalmente intactas
tanto como hallar notas escritas en los márgenes
con el descuido del que chapotea en un charco.
Admiro la persistencia
de vuestra anatomía de cartón y polvo
supervivientes de años, incendios y mudanzas,
Me atraen como un veneno inofensivo
el rumor y el olor de las páginas mustias
cual ateridos pétalos de flores sin perfume.
Siempre me acompañará como una música
ese crujir de vuestros huesos pálidos,
ese estremecimiento del papel que acaricio
voluptuosamente, a la sombra tendida
de un párrafo redondo, quizá rectangular,
de un pretérito verso enredado en suspiros,
de un aliento remoto que ya no significa.
Cuando os pierdo, me siento desgraciada,
y cuando os recupero, todo es júbilo.
Cuando os abro, se me abre el corazón,
y si os cierro, percibo el tibio escalofrío
de una flor aplastada entre dos frases.
2.- ¿De qué se nutre la nostalgia?
Necesito un impermeable para el corazón
cubierto de lujuria repentina
al presentir un olor animal
que la almohada aún no ha perdido,
o al escuchar, en mitad de la noche,
el leve sobresalto del girar de tu llave.
Me falta la llamada que no suena,
el río de reproches que no desemboca.
Y me duelen los bordes del alma
con pinchazos de angustia.
Imagino los días transcurriendo sin ti,
sin el peso de tu figura en el balcón,
sin tu voz chillándome o susurrándome,
auscultando mis pequeños temores,
apaciguando mi lluvia ácida.
Anhelo revivir
el fragor de los besos caprichosos
y sufro evocándote a solas,
olfateando al aire del pasillo
por donde no paseas.
Las paredes me pesan como alas de murciélago
y me pesa el espíritu que arrastro sin ayuda.
Qué sola estoy, qué sola
sin el ruido de tus cubiertos sobre el plato,
sin esa tos o ronquido que me enervaba,
sin el saludo al que no hacía caso.
Ni siquiera te puedo echar de menos
porque te echo de más
y de más y de más, cada vez más.
Y el dolor me recorre sin encontrar salida.
Nada puede aliviar el mal de ausencia.
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Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Sacristán
Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán
Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls
Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún
Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina
Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí
Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla
Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez
Canon
jueves, 16 de julio de 2026
La última mirada
Purcell: Funerales
La íntima mirada
miércoles, 15 de julio de 2026
Lejos de toda furia
Crusoe
Tantos años ansiando regresar
al mundo que perdí, y encuentro ahora
continentes de inepcia, verdaderos
piratas del honor disuelto en oro.
Era mi isla -aquella luz- un fuego
en el que la inocencia campeaba
como en un paraíso un mástil puro.
No es verdad
que la Naturaleza hostigue al hombre.
Son estos los que entierran en su entorno
la solidaridad y hacen de su alma
islas terribles, unas contra otras.
Qué paz allí. El solar del corazón
se regaba con dicha.
La soledad, primero impuesta y luego
dominada, y ahora deseada,
fue un soliloquio torrencial que halló
cauce sereno hacia el descubrimiento
del continuo fluir de la conciencia.
Nadie ha hablado consigo tanto tiempo,
tan ordenadamente; nadie ha dado
a los hombres la extrema relación
de sus penas y glorias,
la aventura interior de la existencia.
Todos los libros son
heraldos y estrategas del futuro,
la afirmación precisa
de que el destino es la voluntad.
Yo soy el argonauta de la mente,
el contador de todas las historias
porque todas son una: la del yo.
Soy el gran viaje hacia la mismidad.
Semejante a Noé, cabalgué el mar.
Llegué a la isla como un ser esclavo
del interés del mundo y aprendí
a conocer la libertad
de los desasimientos.
Si llegué, como Adán, desnudo, alcé
los hitos de la civilización;
y a ella me vuelvo, a la incontaminada,
purificado por la austeridad.
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