Mientras mi vida fluye hacia la muerte // antonio gracia
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jueves, 8 de enero de 2026
El cuaderno de Anna Magdalena Bach
SELECCIÖN 1900-1960- Poesía en Alicante
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LA POESÍA EN ALICANTE (1950-1959)
III SELECCIóN
10.—«La pura voluntad, que no la pluma» (Lope de Vega).
Puesto que todo poeta desea escribir el gran poema, he escogido aquellos que se acercan más —se alejan menos— a este deseo, dejando de lado si eran representativos de una obra o de una tendencia.
Oda a los falsos
Vosotros los ruines, los mediocres,
los que tenéis el alma carcomida
por los siete pecados capitales,
sois dignos de este cuento.
En vuestras voces huecas resplandece
el vinagre esquelético y mugriento
de un mísero betún de grasa fría
para la piel esquiva del gusano.
Sois muertos sin nacer al sol radiante,
hijos de nadie, padres sin especie,
sombras sin apariencia, humo en polvo,
desolados fantasmas sin sonido.
Por vosotros la tierra está podrida
del mineral estéril de la baba
que va pringando el aire más reciente
con su humedad de corcho renegado.
Por vosotros la sangre se desgarra
y se envenena el beso de la espiga
y la ceniza puebla las ciudades
donde el fuego y el pájaro enmudecen.
Por vosotros, fachadas sin figura,
cuerpos sin fondo, almas sin espíritu,
se desmorona el mundo paso a paso
un espacio mortal de indiferencia
un reinado polar de ciego frío,
escombro arruinado en la mentira.
Sois dignos de ocupar un trono hueco,
donde nadie recuerde vuestros nombres.
(M. Molina: Versos en la calle, p. 10-11)
Junto al gorrión que salta en el asfalto
me nace la esperanza, y se remonta
persiguiendo su vuelo incomprensible
sobre andamios valientes,
sobre nuevos cementos y viejas siluetas,
del caballo al tranvía, desde el hombre
dolorido a la novia que se inclina
con aire de ilusión sobre el muchacho.
Desmenuzado el corazón y en trance
cotidiano de hallar la primavera sobre los adoquines,
siempre tengo un grito de ternura sobre el alma
y una canción de amor en cada brazo.
Soy un sentimental que bruscamente
se ha despertado enamorado un día
de esto hermoso y terrible que es la vida.
Esta vida aritmética y muy tierna,
y casi embrutecida y casi dulce,
que brota como niña inconsecuente
ante un hombre que ríe, sin recodos,
el último fracaso de sus lágrimas.
hasta anegar las aceras diarias
que llevan al taller y a la oficina,
hasta empapar el cine donde cada domingo
nos sirven nuestra copa de ilusiones ajenas,
hasta hacerse riada sollozante
en todas las alcobas donde muerden
los hombres su dulzura v donde velan
a los muertos los niños desolados.
Y tejados rojizos. Y miradas
que sorprenden los ojos siempre abiertos.
Y tejados rojizos. Y miradas
que sorprenden los ojos siempre abiertos.
Y manos apretadas sobre rostros herméticos
llamando a la esperanza como cosa imposible.
Y palabras muy tenues junto a labios mojados.
Y risas restallantes. Y mujeres que entregan
una esperanza nueva entre alaridos.
(No intentéis sobornarme.
Yo soy sólo un poeta. Pero sé dónde hiede
la vida y es amargo vivir entre los hombres.
Sé dónde se repite, como un ritmo, la muerte,
y dónde la ternura
se suicida de pronto sin dar explicaciones.
Siento decepcionaros. Pero hoy tengo
recién nacida el alma y la voz como
un tallo que no quiere morir, que está dispuesto
a florecer en mayo, tercamente.
Aún sigo enamorado.
Me invento los motivos, pero cumplo mi empeño
de amar a todas horas la vida que nos llega
por todos los suburbios y por todas las calles).
Ahora ofrezco
mi voz riente y dolorosa de hombre
dispuesto a repetirse en las acacias
y en la lluvia más fría y en el aire
más común y más libre.
(¿Lo veis? Hoy me he ganado a pulso un nuevo oficio:
amar sin vacaciones).
(E. Contreras, p. 57-59)
(*) En el original se lee hoy: corrijo por evidente errata.
Ángel humano
Ellos, sobre el puro cristal de sus espejos,
arrullados por azucenas y misterios,
navegan lluvias de oro que el sol imita.
navegan lluvias de oro que el sol imita.
No hablo de los blancos espíritus diáfanos,
surcando mares de seda.
Tampoco, aunque más cercanos, nombro
a los jóvenes amantes,
ni a sus palacios con brillo de luna,
ni a sus azules llamas perfumadas.
Yo os digo: entrad. Entremos todos,
con los altos sentidos bien abiertos,
por ese otro aroma de las calles en silencio,
de las huellas animales, claras y en silencio.
Dejad el alma que os siga transparente,
y limpiad el corazón de sus largas noches.
Un olor y unos leños ardiendo;
una mano que a tierra huele;
un pan cocido con míseras cosechas.
Un murmullo. Un beso profundo:
también los pobres se besan.
Y son otros rayos
y otros cuerpos minerales.
Hay un niño que brota de la noche:
un ángel de sangre derriba las paredes.
Fuga
sí salirme de mí, rozar tu orla
para probar tu espuma desatada,
deshecha tú por el espacio, hirviendo,
acumulada en libertad hondísima,
blanca de sal y de ansiedad, tonante
como el labio del mar. Me voy saliendo
de mi cauce, mi límite sonoro,
rota mi cárcel de quietud. La rompe
mi voluntad de ser en el silencio,
de no ser ya de mí ni en mi contorno
ser sino imposible, desposeído
de morada y norma,
de horizonte tenaz, como increado.
Como increado, como sombra oculta
sin yugo de la luz que la limite
de horizonte tenaz, como increado.
y a medida y a tránsito la exalte.
Posible sólo de tu hallazgo, huido
del contenido exacto al continente
donde pueda encontrarte sin recuerdo,
donde ya prodigiosamente exista.
Y exista sobre ti.
Y exista sobre ti, por ti, vertiéndome
como cielo en tu piel, ala intangible,
a compás de tu ritmo en los instantes,
a compás de tu paso y tus estrellas.
Yo, perdido mi yo, tuyo e inmenso,
campo de tu mirada insostenida,
borde de tu constancia e inminencia,
vasto temor, abismo, fuente magna
o rutilante océáno que surcan
naves de fuerza y esperanza, vida,
fuego veloz en flor
vasto temor, abismo, fuente magna
o rutilante océáno que surcan
naves de fuerza y esperanza, vida,
fuego veloz en flor hacia la muerte.
Así borrar de mi palabra el surco
y recobrar tu orilla en el milagro,
volver al antes del origen, patria
de donde fuera en ecos impelido.
Y ser contigo siempre, todo, nunca, nada.
volver al antes del origen, patria
de donde fuera en ecos impelido.
Y así, vuelto al silencio, poseerte,
escapar a mi ausencia, liberarme
donde confluyas tú, donde refluyas.
Y ser contigo siempre, todo, nunca, nada.
(S. Moreno, p. 28-29)
La oración del oriente
cuando estás mimbral y perspectiva
y es de talco el laminar de versos.
Te vi, Señor, cereza estabas,
en la blenda, en la aurora y el almendro;
qué gozo estabas y qué trigo;
estabas regañado de evangelios.
Te vi, Señor, soltabas liebres
y alondras de vidrio y alfarero;
y eras de pan, de pan de Marta;
y eras un lienzo entre mis dedos.
Y estabas tan Claudio en el terrado;
y estabas tan ciego entre los perros;
y estabas de lilas,
y estabas de Enero.
Te vi, Señor, eras de humo,
en el alba, en el pan, y en los senderos...
Te vi cuando volvías —atajo por el aire—,
con prisa y son escarcha, en el sombrero.
(F. Navarro, Alcalá)
A una diamela
o recibiendo el llanto de una nube,
—tan diminuta estrella en nieve pura,
pequeño mundo en flor, tenso el aroma—,
lleva a sus labios esa dulce gota
que ha de venir después al labio mío.
En esta noche que en su pecho duermes,
transmite mi mensaje a su silencio...
Siente el calor y el palpitar humano,
no importa que tu vida sea breve
si conociste ya su leve mano.
(Clemencia Miró, p. 85)
Estás aquí, conmigo
llamándome, llamándote
Y estás quí, entre todos,
cotidiana presencia
que vivo, que defiendo.
Cercada de ti mismo,
si voy a mí te encuentro.
Ya no puedo evadirme
No puedo desligarme
del lazo que me tiendo
—me tiendes—, porque somos
los dos un mismo centro.
Que estoy aquí, contigo,
y estás conmigo, aquí, c
(Trina Mercader, p. 95)
Fiat lux
de una luz que nos ciega y nos desvela,
inmensa luz desconocida, intacta,
que gira como rosa, dulce y lenta... ¿
Desde cuándo, hasta dónde, la luz gira?
Y nadie puede ungirla, detenerla,
tocar su entraña de amorosos hilos,
desnudar en el aire su materia.
Eco de Dios que de los cielos vino,
Eco de Dios que de los cielos vino,
abismo cegador que al alba llega.
Nunca fue una palabra obedecida
de tan hermosa y ejemplar manera.
De Su palabra al rayo, un breve instante
generador de un éxtasis de almendra,
una mañana desde dentro y pura
que ignoraba su eterna primavera...
Y nada que rozar y nada en tomo...
¡Sólo la luz, sobre la nada inmensa!
Más tarde, la luz pura y detenida
sobre el arroyo, el árbol
sobre el arroyo, el árbol y la tierra.
(R. Azuar, p. 70)
Poema final
por donde pasó lento, melancólico,
es hoy tan clara que el silencio grita
estallando de amor...Camino solo
desde hace siglos, solo con mi angustia
dulcísima de ser, de amarlo todo
—luna, murmullo, pájaro, delicia...—.
Y ahora la luz me llega a lo más hondo.
Un ansia de vivir, tras el silencio
de la noche pasada, gira en tomo
de mi canción, y me traspasa el alma
de la noche pasada, gira en tomo
de mi canción, y me traspasa el alma
con un acongojado, ardiente gozo.
Llevo ya siglos de camino, llevo
muchos siglos de amor sobre los hombros.
muchos siglos de amor sobre los hombros.
Pero en estos instantes de hermosura
no sé si soy el mismo o si soy otro
que no conoce más que la nostalgia
de lo que ya perdió...
de lo que ya perdió...
de lo que ya perdió...
del aire nuevo, el agua del arroyo,
los árboles, la escarcha, aquella nube
Camino solo.
(La flor sin marchitarse, la caricia
que ocultaba el vuelo limpio de las aves,
pueblan de luz la noche de mi asombro).
Camino solo hace ya siglos.
Ahora la luz se yergue de los campos,
ahora la luz me llega a lo más hondo.
(J.L. Gorgé, p. 41-42)
Soneto a la esposa
del árbol de mi sangre. Con tu aliento
sube a mi amor, mis ramas y mi viento
una dulzura nueva y prodigiosa.
Va a ti mi corazón como a una rosa
de cuyo néctar libo mi alimento
y amo en ti a Dios, porque al amarte siento
Su Bondad en la tuya caudalosa.
Cosciente de mi amor y mi ventura,
gozo de contemplarte y de tenerte
ya para siempre a mi querer unida,
que, por ansiar la eternidad segura,
con nuestro amor frutal, sobre la muerte,
hemos tendido un puente hacia la vida.
(V. Mojica, p. 14)
Cuerpo desnudo
Y vienes y te quedas
blanca, casi de mármol,
como un escalón puro
blanca, casi de mármol,
como un escalón puro para subir a Dios.
No sé qué hacer, dónde ponerme
la tristeza mortal, cómo decirte
que llevo en la mirada reflejado tu pecho,
y los brazos me caen, como en derribo,
al verte aquí, a mi lado, morena, lejos siempre.
y los brazos me caen, como en derribo,
al verte aquí, a mi lado, morena, lejos siempre.
Voy hacia ti como hacia el mar, despliego
las velas, ay, las alas
las velas, ay, las alas de mi infancia,
veloz mi corazón cruza la arena,
se me dobla el dolor, te miro
toda de agua navegable, toda
pequeña,
como
veloz mi corazón cruza la arena,
se me dobla el dolor, te miro
toda de agua navegable, toda
pequeña,
como una estrella húmeda y parada.
Rodeado de naranjos, asombrándome
de ver los pájaros de oro,
era yo niño, comí
pan duro entre las manos vivas de mi madre,
y los zapatos rotos me hacían sentir la tierra,
mientras la tierra iba levantándome a hombre sin remedio
y los zapatos rotos me hacían sentir la tierra,
mientras la tierra iba levantándome a hombre sin remedio.
Quisiera haberte visto entonces, cuando
las calles bombardeadas. Ven,
dame la mano, sube
conmigo al monte negro de la pena.
Dame la mano, dime
si he de morir, si voy a ser eterno,
déjame repartirte como un pan por mis brazos.
Pero qué importa, ya qué importa,
ya para qué acordarme, si hoy te quedas
desnuda, blanca, inmóvil,
si hoy has crecido tanto
que olvido
que olvido y rompo aquella infancia de humo
y voy a ti en silencio como un rayo de luz.
(C. Sahagún, Profecías, p. 42-43).
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miércoles, 7 de enero de 2026
«La dulce boca que a gustar convida»
5.—«La dulce boca que a gustar convida» (Góngora).
Es sorprendente el giro que experimenta en Akraleuka el tema del amor. Rara vez a lo largo de la historia literaria los poetas han cantado a sus esposas. Por el contrario: sus poemas nacían del sentimiento del amor perdido, muerto o deseado, elegiaco casi siempre, dionisíaco en ocasiones: romántico y bohemio. El amor sin nombres o con nombres que ocultaban el nombre de la amada porque ésta era compañera de vida amorosa, no de vida social. Era una amada en la distancia, perdida o encontrada fugazmente en el éxtasis de un lecho, un pensamiento o de un poema. Pero la esposa significa lo poseído, no —«se canta— lo que se pierde». La aparición de la esposa como amada oficial en el poema —también en alguna tertulia— descalifica a todas las Lisis, Freires, Filis, Lauras, Gelves, Elisas, Guicciardis, Wodzinskas, Wessemdorg, Hebutemes, Duvals, Armijos, Manchas, Nevares... relegándolas a la consideración de una clandestinidad concupiscente. De esta manera, los poemas del quevediano "eterno amante soy de eterna amada" son ahora los poemas del cónyuge. Tal vez esta ortodoxia del amor se deba al profesado catolicismo de estos poetas o al ejemplo de Unamuno —aunque el mismo Lope trata lo hogareño, pero dentro de su heterodoxia amorosa—, o a la proximidad del realismo social, o a algún título, no al ejemplo, de Miguel Hernández —en todo caso, la «esposa» hemandiana es siempre un ser en la distancia—. Pero también es muy probable que todo esto sea una fruta del tiempo y sea la tercera persona de la trinidad del verbo en el que conjugaba el régimen de la vida: las ya mencionadas patria, fe, amor.
Comoquiera, esta presencia de la mujer-esposa en la tertulia o en el poema, lejos de significar aceptación social o intelectual de la mujer, es, a mi juicio, sobre todo una muestra más de la sacralización y feudalización de las instituciones y un reflejo del repudio y condena del concepto de artista como ser marginal, libertino y libre de ataduras convencionales: la amada no puede ser otra que la esposa, la cónyuge —cónyuge=compañero de yugo—, porque el poeta no puede ser más que el hombre que vive entre cánones: se ha guillotinado la fusión entre vida y poesía: la escritura ya no es la existencia: ser poeta es un «oficio», no una sustancia.
Es comprensible, con todo esto, la consideración de lo pecaminoso de la carne, enturbiadora del espíritu o del hogar; expresiones como «tus piernas, mármoles de pecado» o «tú el peligro de vivir me ofreces», de Vicente Ramos y Rafael Azuar respectivamente, lo confirman. Igualmente existe un rechazo de la contigüidad del amor y del sexo, del erotismo, de lo que de sensual hay en la mujer: «renaciste ángel al desnudarte de hembra», escribe Ramos. Y si se hallan expresiones de signo erótico —«un niágara de besos por tu vientre / se desborda»— el signo se persigna y desvanece su lubricidad amparado en la calidad del objeto motivador de la expresión: es un poema a la madre —«por las madres que mueren / con el sexo iluminado»—. O bien se utilizan para, moralizantemente, condenar: «Cuando aún hay bellas emees de oro / sobre pechos femeninos sedientos de sexo / en los inmundos bailes de sociedad».
Claro está que no siempre es así: Gorgé, Sahagún, por ejemplo. Pero una vez más es Contreras quien encuentra equilibrio en este asunto, como más adelante se verá.
martes, 6 de enero de 2026
Las Bienaventuranzas
Como la casualidad -el azar- es otra forma anónima de causalidad, y sintiéndome obligado ya, por la tiranía de la edad, a hacer oposiciones a Matusalén, debo recordarme que probablemente los años que pasé recomponiéndome hasta llegar a El himno en la elegía no fueron más que una lucha ciega de antecedentes porque este lema tal vez naufragaba en mi inconsciente desde que pasé por el bachillerato en Santo Domingo de Oriola: allí me tropezaría a pesar de la Aventura del pájaro- con la resiliencia implícita en Las Bienaventuranzas que, leídas sin chóferes de la mente, son el gran poema del sursum corda que abre el mundo a otro significado del que la violencia le había dado.
Léalo el visitante de este blog, solo como una sucesión de palabras sin mandamientismos. O sea: sin connotaciones ideologistas:
Siempre he querido ser creyente porque ellos viven una vida y una muerte más blandas creyendo que hay un gigante invencible que los defiende del mal, o los consuela. Yo preferiría creer en un universo sin necesidad de creencias y sí de confianzas: en que todo está bien hecho y no precisa, por tanto, mejorarse: el que predicaba el señor Leibniz. Ni siquiera harían falta las bienaventuranzas.
lunes, 5 de enero de 2026
Queridos Reyes Mágicos:
domingo, 4 de enero de 2026
TREINTA Y TRES Laconismos.
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La literatura solo se justifica cuando crea, enriquece o perfecciona paradigmas.
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Saber vivir no es más que saber cambiar de vida.
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Los dioses mueren cuando el hombre piensa.
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¿Por qué nos empeñamos en hablar de lo que nos separa en vez de aquello que nos une?
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No hay mayor cobardía que huir de uno mismo, ni más noble valor que afrontar nuestros miedos.
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Pocos fantasmas son tan reales como los que se enorgullecen de serlo y hacen de una máscara su rostro.
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***
para encontrar el rostro verdadero.
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Aprender a leer bien es un deber de todos; escribir, un derecho que muy pocos debieran concederse.
***
Somos lo que sabemos.
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Ya que la vida no tiene sentido
todo poema debiera otorgárselo.
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Cuando tu juventud se hastíe olvida
que fuiste joven o perecerás.
***
el dolor de saberse derrotado:
entierra en la escritura tu equipaje.
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***
Si el artista, además de nacer, se hace es porque deshace y rehace continuamente su obra.
***
Si quieres cambiar el mundo empieza por cambiar tú.
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