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martes, 28 de febrero de 2017

Sin libros no hay paraísos

Verdi: Dies irae

La importancia del libro puede deducirse de lo que supuso Gutenberg con su imprenta: un cambio en la interpretación del mundo desde una conciencia culta. La lectura de otras opiniones razonadas llevó al destierro de la ignorancia, la tiranía del pensamiento y la superstición como fuente de la conducta. Propició el Humanismo de Erasmo y la Reforma de Lutero.
     Estos movimientos mostraron, junto con la visión de Copérnico, que no es un Dios Equilibrista sino el hombre -su curiosidad inteligente y metafísica- el demiurgo de todas las cosas; que solo el hombre recto y ético es capaz de ordenar los renglones aparentemente desordenados de la Naturaleza, además de poner orden -evitar toda corrupción- en esa sociedad por la que transitaba Diógenes con su linterna buscando un hombre justo. Cuántos diógenes hacen falta en la España -en el mundo- de hoy.
     Pero el mundo sigue como un tren imparable y cada pasajero se ha acomodado a su asiento: los buenos aceptando su destino y tratando de conversar noblemente con los otros viajeros; los malos aprovechándose de las buenas intenciones de los otros. Porque, tercamente, el único libro que se lee es el  titulado Recetario para ser el mejor caiga quien caiga
     Hasta que cae, también, arrastrado por la catástrofe social, el hombre ético.
     Qué bien comprendo a Larra cuando se dio un pistoletazo porque se sabía impotente ante la muchedumbre de su tiempo.



lunes, 27 de febrero de 2017

Del autor, no del lector

Deja pasar unos segundos...

Muchos juicios se emiten sobre una obra sin atender a que son solo opiniones y no sanciones. El crítico suele menospreciar la reflexión del autor sobre su propia creación -tal vez porque los comentaristas siguen creyendo en las musa-raña-s musarañeras-. 
     Sin embargo, nadie conoce una obra mejor que su autor, por tantas veces revisada, corregida, tallada. Reconozco que yo -lo he dicho muchas veces- no sé qué palabra viene tras la primera que he escrito y que ha venido de no sé desde dónde: es como si cada una fuera un camino desconocido para la siguiente. Pero también es verdad que ese texto es luego impugnado, tachado, desprovisto de lo que fue producto de la prisa dictiva y completado con lo que no contenía y era imprescindible. 
     Es cierto que ante un cuadro, un poema, una sinfonía no es fácil distinguir entre lo que nos comunica y lo que nos autocomunicamos partiendo de ellos: si nos dicen o les decimos. Y verdad es igualmente que el autor no acierta del todo porque el texto suele independizarse de la voluntad de la pluma: aunque siempre se equivoca menos que cualquier otro lector o estudioso, que rara vez leen al margen de sus intereses estéticos.      La solución no es difícil: basta con expresarse, por muy profundo que sea el contenido, con claridad y no con hermetismo trabaléngüico o confusión semántica. Que una cosa es la probable complejidad y riqueza del texto escrito y otra la libérrima subjetividad de quien lo lee.
     

domingo, 26 de febrero de 2017

La bienquerencia

Rachmaninov: Variación nº 18 sobre un tema de paganini

En el mundo hay manipuladores y manipulados porque todos somos elásticos y maleables. Y es buena esa condición de nuestra conducta, y aun de nuestro carácter. Lo malo es cuando una frágil personalidad se deja extorsionar por el manipulador: entonces tememos que quien desea aconsejarnos para bien también nos quiera hacer esclavos de su manipulación.  
     Las cosas no ocurren en el mundo: suceden en nuestra mente: son como las percibimos. Si quien amó mucho sufrió igualmente mucho, se negará a amar de nuevo y dirá que todos los hombres, o mujeres, son igualmente detestables. Por el contrario, quien fue feliz amando sentirá que todos los seres humanos son maravillosos. Naturalmente, ni una ni otra cosa son ciertas: hay buena y mala gente, y toda buenamente o malamente egoísta. 
     El egoísmo tiene mala prensa porque conlleva el desinterés por los demás. Pero si todos fuésemos buenamente egoístas querríamos lo mejor para nosotros y, por lo tanto, para todos: porque, en buena medida, cada uno somos lo que piensan de nosotros, y nadie en su sano juicio quiere ser malquerido; de modo que todos daríamos lo mejor de nosotros mismos para que, siguiendo el impulso de reciprocidad, cuanto recibiésemos fuese lo mejor.


viernes, 24 de febrero de 2017

6 poemas en rumano

Grieg: La mañana

Tal vez porque estamos en Carnavales, me encuentro con estos 6 poemas disfrazados en otra lengua. La profesora rumana Elena Liliana Popescu los tradujo y ahora emergen. Los ofrezco como curiosidad: junto a la traducción, que agradezco, los originales en azulandio

VIZIUNE DIN CEALALTĂ PARTE
Pentru Liliana Popescu

Carnea cheamă carnea,
şi din carne se naşte
spiritul, o altfel de carne
transparentă, frumoasă, limpede,
dar la urma urmei carne, materie
indestructibilă, pulsaţie
şi spasm al conştiinţei.
Fierbe în carne sunetul
pietrei, marea, lumina 
de parcă s-ar oglindi 
imnul universului,
şi s-ar supune unor ritmuri
melodioase splendoarea
muzicii ascunse 
în dorinţe. Focul
ascuns în umbra
simţurilor înalţă
armonia siderală
şi se arată privirii
până la lucrurile ce sclipesc
ca nişte transfigurări
la lumina zilei.
Trupurile îşi pierd forma
şi îşi fac sufletul transparent.
Totul se luminează şi devine
diafan. Fiinţa 
nu mai are contururi, ci curge
cufundată în celelalte fiinţe,
este râu şi mare, izvor
devenit ocean.
Cuvintele îşi părăsesc 
zicerea; deja nu mai există cuvinte:
ci doar cunoaştere.
Ce limpede minune e dorinţa
de a transcende materia,
şi ce îndepărtată-i durerea
de a te simţi legat de trup.
Toate trupurile sunt suflete
într-o continuă peregrinare
înspre clarviziune.


Visión del otro lado

La carne llama a la carne,
y de la carne se engendra
el espíritu, otra carne
transparente, hermosa, clara,
pero carne al fin, materia
indestructible, pulsión
y espasmo de la conciencia.
Bulle en la carne el sonido
de la piedra, el mar, la luz,
como si reverberase
el himno del universo
y sometiese a cadencias
melodiosas el fulgor
de la música escondida
en los anhelos. La lumbre
agazapada en la sombra
de los sentidos eleva
su sideral armonía
y se asoma por los ojos
hasta las cosas, que fulgen
como transfiguraciones
en la claridad del día.
Los cuerpos pierden su forma
y transparentan sus almas.
Todo se alumbra y convierte
en diafanidad. El ser
no tiene contornos, fluye
inmerso en los otros seres,
es río y mar, manantial
oceanizado.
Las palabras abandonan
su decir; ya no hay palabras:
tan sólo conocimiento.
Qué claro prodigio, el ansia
de trascender la materia,
y qué remoto el dolor
de sentirse atado al hueso.
Todos los cuerpos son almas
en peregrinar constante
hacia la clarividencia.


ÎNSPRE LUMINĂ 

Acest arbore, această umbră şi cărţile-acestea, 
care îmi aduc linişte şi calm 
nu sunt destinate morţii; 
s-au născut la marginea zilelor 
pentru a-i da un chip binevoitor lumii. 
O frunză a căzut şi mă cheamă
cu deliciul ei fugar: o contemplu 
şi universul mă contemplă în ea. 
Simt în dezordine, 
curgând timpul fragil, că această clipă
nu va mai fi, altă dată, a mea.
Zorile îşi lasă 
lumina, şi dimineaţa se grăbeşte 
înspre asfinţit.
Ca un fior, tristeţea
îşi lasă în ochii mei melancolia.
Aş vrea să mor pentru a uita
de această durere:
şi dintr-o dată,
rebelă şi luminoasă, 
de parcă s-ar trezi dintr-un somn adânc,
inima mea îmbrăţişează existenţa, 
ating lucrurile, trăiesc. 



Hacia la luz

Este árbol, esta sombra y estos libros
que me procuran placidez y calma
no están hechos para morir; nacieron
al margen de los días para darle
un rostro amable al mundo.
Una hoja ha caído y me reclama
con su fugaz delicia: la contemplo
y el universo me contempla en ella.
Siento desordenadamente
correr el tiempo frágil, que este instante
no será, otra vez, mío. 
                                         Cede el alba
su luz, y la mañana se apresura
hacia el ocaso.
Como un escalofrío, la tristeza
deja en mis ojos su melancolía.
Yo quisiera morir para olvidarme
de este dolor: 
                             y de repente,
rebelde y luminoso,
como si despertase de un gran sueño,
mi corazón se abraza a la existencia,
toco las cosas, vivo.
   

RECONSTRUCŢIE

Eu nu sunt cel ce am fost pentru ca aceste versuri
să-mi răscumpere memoria în această noapte
de gingăşie şi încetineală a sufletului.
Nu există nimic care să-l poată învia 
pe cel ce a îmbrăţişat cândva moartea.
Versurile mele îmi înapoiază un străin
care vrea să mă înlocuiască cu povestea lui 
abandonată într-un ieri de demult.
Ce singurătate locuiesc în aceste vremuri
în care, după ce am trăit, trăiesc un mort
şi creez pe cel ce simte acum, gândeşte
şi scrie această elegie,
sau această odă fără sfârşit.
Ştiu bine că cel ce zvâcneşte
în cuvântul meu este cineva care nu există 
şi pe care numai îl cunosc
în timp ce scriitura făureşte materia.
Eu sunt cel ce renaşte vers după vers,
sub pana rătăcitoare
singur cu visul meu şi cu adevărul lui.
Sunt cel ce doreşte să fie mai mult decât ce-a fost.


Reconstrucción   

Yo no soy el que fui porque estos versos 
rescaten mi memoria en esta noche
de suavidad y lentitud del alma.
Nada hay que resucite
aquello que abrazó la muerte  un día.
Mis versos me devuelven a un extraño 
que quiere suplantarme con su historia,
abandonada en el profundo ayer.
Qué soledad habito en ese tiempo
en el que, pues viví, vivo difunto
y voy creando al que ahora siente, piensa
y escribe esta elegía
o esta oda sin fin.
Sé bien que aquel que late
en mi palabra es alguien que no existe
y al que sólo conozco
mientras forja materia la escritura.
Yo soy el que renace verso a verso
bajo la pluma errante,
a solas con mi sueño y su verdad.
Soy el que anhelo ser más que el que he sido.


PE O CĂRARE ÎNALTĂ

Dacă eu aş şti să spun
atâtea, câte, fără cuvinte, spune
inima mea lucrurilor, 
mării, vântului, focului, 
simţurilor intime
care mă ascultă şi răspund
precum piatra pietrei
şi apa apei, sau ca lumina,
purei cufundări în sine însăşi
buzele mele ar rosti
secretele şi probele 
pe care sufletul le păstrează în umbră
de la începutul timpului,
şi pe care le cunosc 
doar floarea, pasărea, zorile
acele momente ascunse
ca nişte daruri misterioase
în care se transformă
dorinţa în realitate,
şi limpezimea în puritate.
Atunci, ceaţa luminoasă
a presimţirii va izbucni 
ca o revelaţie
în încăperea unde locuieşte
sufletul meu aşteptând să fie
imensitate, transparenţă.
Şi cu ochii închişi,
deschişi înspre lumină,
aş contempla focurile
şi gheţarii care agită
spiritul şi îl înalţă
acolo unde condeiul se opreşte.


Por una elevada senda

Si yo supiera decir
cuanto, sin palabras, dice
mi corazón a las cosas,
al mar y al viento, a la lumbre
de los íntimos sentidos
que me escuchan y responden
como la piedra a la piedra
y el agua al agua, o la luz
al puro ensimismamiento,
mis labios pronunciarían
los secretos y vislumbres
que el alma guarda en la sombra
desde el principio del tiempo
y que tan sólo conocen
la flor, el pájaro, el alba,
esos instantes ocultos
como dones misteriosos
en los que se transfigura
el anhelo en realidad,
la claridad en pureza.
Entonces, la clara bruma
del presagio estallaría
como una revelación
en la estancia donde habita
mi ser esperando ser
inmensidad, transparencia.
Y con los ojos cerrados
abiertos hacia la luz,
contemplaría los fuegos
y los glaciares que agitan
el espíritu y lo elevan
allí donde la pluma se detiene.


LÂNGĂ CEDRI

Identitatea frumuseţii se naşte,
căutată în carnea spiritului.
Materia nu ajunge până la acea încăpere 
tăcută, iar sufletul se dizolvă
în mici paradisuri. Aici trăieşte
viaţa o altă existenţă. Parfumurile
nu se nasc din flori, şi nici muzica 
nu îşi aminteşte sunetele.
Muşchiul tăcut
se abandonează păcii; gândul
se odihneşte în armonie.
De parcă ar fi un talisman, lumina
repudiază privirea 
şi îi dă inimii clarvedere.
Există o moliciune
ascunsă care schimbă
ordinea lucrurilor; 
şi toate înţelesurile se dezvăluie.


Junto a los cedros

Nace la identidad de la belleza
buscada entre la carne del espíritu.
La materia no llega hasta esa estancia
silenciosa, y el alma se disuelve
en breves paraísos. Vive aquí
la vida otra existencia. Los aromas
no nacen de las flores, ni la música
recuerda los sonidos. 
El músculo callado
se abandona a la paz; el pensamiento
reposa en armonía.
Como si fuese un talismán, la luz
repudia la mirada
y otorga al corazón clarividencia.
Hay una lasitud
secreta que transforma
el orden de las cosas;
y todos los sentidos se revelan.


ÎNSPRE ORIGINE

Totul este plin de lumină
în noaptea asta senină.
Sufletul soarbe în umbră
izvoare de linişte,
şi se vede pe sine limpede,
efigie a adevărului.
Nu ştiu cum, puritatea
apei învăluie totul 
în transparenţe. Trupul 
se diluează. Tot ce
era întuneric, este acum lumină.
Se pogoară, nu ştiu cum, 
cerurile până la fruntea mea,
iar enigmele, sfincşii şi îndoielile
îşi dezvăluie secretele,
nu ştiu cum, se arată
ca un mister ce luminează
eternitatea: clipa.
Văzduhul izbucneşte în străluciri
şi un parfum îngheţat
de seară invadează lumea
dintr-o dată, nu ştiu cum, 
în timp ce noaptea iluminează
ochii, inima.
Totul se umple de stele
şi renaşte, nu ştiu cum,
copilăria: lumina perpetuă.


Hacia el origen

Todo está lleno de luz
en esta noche serena.
El alma bebe en la sombra
manantiales de sosiego,
y se ve a sí misma, clara
efigie de la verdad.
No sé cómo, la pureza
del agua todo lo envuelve
de transparencias. El cuerpo
se diluye. Todo cuanto
era oscuro es claridad.
Descienden, yo no sé cómo,
los cielos hasta mi frente,
y enigmas, esfinges, dudas
desvanecen sus secretos
no sé cómo, se revelan
como un misterio que alumbra
la eternidad: el instante.
El aire estalla en fulgores
y una gélida fragancia
vesperal invade el mundo
de repente, no sé cómo,
mientras la noche ilumina
los ojos, el corazón.
Todo se llena de estrellas
y renace, no sé cómo,
la infancia: la luz perpetua.


jueves, 23 de febrero de 2017

La dádiva del amor

Para encontrar tu nombre

     Amar es desear el bien del ser amado y, con él, el propio bien. Es el único egoísmo justificable porque implica un bienestar ajeno, además de que cuanto mayor es el amor más noble y grande es la mutua generosidad de los amantes. El amor es el yo más solidario que se pueda encontrar: ama por naturaleza, no por interés; y recibe mayor felicidad cuanta más felicidad da. 
     Aquellos que aman y no luchan por vencer a quienes les hacen la competencia parecen gritar que no les importa perder al ser amado, pues su falta de lucha proclama su escaso interés o su cobardía para defender lo que desean. 
     Hay quienes saben aliviar el sufrimiento ajeno, aun a costa del propio, y hay quienes no saben acrecentar la alegría de los demás. La causa es adivinable: aliviar el mal siempre supone una victoria, no aumentar el bien parece una derrota; quien se toma la vida como una competición teme el fracaso y su temor le impide triunfar: gozar de su triunfo y donárselo a aquellos que ama. 
     Quien ama de verdad no tiene miedo al fracaso; y si lo teme lo vence porque prefiere alegrar a quien ama con el amor que le otorga. Así que, comoquiera que se mire, el amor es el único gigante parecido a un dios que existe sobre la Tierra.


miércoles, 22 de febrero de 2017

El libro de Teluria (IV)

Para leer sobre Teluria pulsar:

El libro de Teluria (I)

Una excavación litúrgica en el horizonte patagónico ha dejado al descubierto las ruinas de un monasterio regido al parecer, in illo tempore, por el Arzobispo de Constantinopla, y en él un cofrecillo con diademas y textos. Por ellos parece colegirse que tanto Los versos de Trovadorius como El libro de Teluria no son solamente dos series de poemas que se corresponden y parlamentan de un amor entre dos amantes concretos. Causa dan para pensar que, más allá de su contenido autobiografista, son un intento de convertir en icono la historia del amor universal: la tentativa de reflejar el enamoramiento anhelado e imposible de toda mujer y todo hombre. Lo que todo autor quisiera alcanzar con su obra: unos Adán y Eva no expulsados del paraíso erótico.
     Algunos mestureros afirman que soy yo el autor de estos versos, y aun de los de Trovadorius, recurriendo al fácil tópico del manuscrito ajeno encontrado -como hicieran Cervantes o Bécquer, por ejemplo-. Bien quisiera yo ese humilde honor, pues que aunque sin pretensiones literarias, Teluria y Trovadorius dieron con su correspondencia una breve y discreta lección. Comoquiera, afirmo yo la mentirosidad y alevosía de quienes esos infundios esparcen por doquiera.
     Dicho lo escrito, he aquí otros dos poemas:

7.-
Fijos en mí tus ojos se quedaron

cuando la muerte te abrazó, de pronto,
y te hundiste en la nada.
Dulce melancolía
la del otoño y las gaviotas tristes
como tristes pañuelos en la tarde
despidiendo los barcos,
clamando a las estrellas.
La derramada lluvia, entre la bruma,
pareció levitar por un instante,
como si pretendiese
detener el ocaso y su fulgor,
dibujar tu silueta
y elevarla entre las constelaciones
que la noche traería,
tal vez para que yo pudiera hallarte
cuando, desorientada,
necesitase luz en mis tinieblas.



8.-
Aquel día tu muerte te sepultó en mi vida
y te sembró en mi pecho: yo soy tu sepultura.
A fuerza de abrazarnos tantas veces,
has crecido en mi carne
y sólo soy la efigie de un recuerdo,
una estatua erigida en tu memoria
en este atardecer en que no estás
y me dejas desnuda frente al tiempo.
No hay amor que no duela más que el placer
                                                       / que otorga,
y eso me queda hoy: tu imagen renacida
fluyendo interminable
como un manantial fértil que deja un surco estéril.





martes, 21 de febrero de 2017

El Dorado

Dvrak: S. "Nuevo mundo"

Siempre el género humano ha perseguido la reconquista del paraíso perdido, y no solo en sueños: incluso Colón creyó haberlo encontrado cuando avistó el Orinoco, preludio de lo que serían las Américas. Después todo se quedó en la persecución de un simplista El Dorado, símbolo del enriquecimiento. Lo que había sido búsqueda de la pureza y el sosiego se trasladó a la batalla por conseguir el poder que otorga la riqueza. Y la sociedad se convirtió en una hostilidad en la que unos se arrebataban a otros cuanto conseguían potros y hunos.
     Que no todos se han contentado con esa degeneración lo demuestran tres islas en las que el pensamiento ha tratado de redimir su ideal de un mundo solidario: la isla de Utopía, la de Robinson Crusoe, la de Gulliver. Así es: Tomás Moro, Daniel Defoe y Jonathan Swift crearon tres rincones desde los que, regresando a la creación del mundo, trasladar su armonía al mundo de los hombres.
     Porque el confort que produce el enriquecimiento mal asimilado conduce a la frivolidad y falta de autoexigencia, de modo que cualquier sistema social nos basta si satisface nuestra piel. Cualquier promesa política nos calla si grita fuertemente que nos va a hacer más ricos; cualquier arte epidérmico nos place: conocimientos nulos, literatura clínex, música facilona, pintura macarrónica... todo cuanto se asemeja a una feliz estancia en la inopia categorizada como felicidad.
     O bien: esperamos que esa felicidad nos la regale algún buen dios como un deber de la Naturaleza. No pensamos que cuanto más creemos en un Dios resolutor de nuestras necesidades y problemas menos nos esforzamos por resolverlos nosotros y más nos convertimos en débiles e inútiles.


lunes, 20 de febrero de 2017

El silencio y la voz.


Clara Wieck: Nocturno

         En los grises estantes de la poesía española actual - y universal- hay casi tantos ubicadores de poemas como poetas, cada uno adjetivando autores según sus circunstancias, en vez de cualificarlos o descalificarlos por sus esencias. Hablar, por ejemplo, de poesía masculina o femenina, de diosas blancas o demonios negros, es enredar el enredo, abrir un capítulo apócrifo en la Historia de la Literatura y someterla a la Sociología. La poesía no tiene sexo, ni noches de parranda, ni estratosferas metafísicas empadronadas en burdeles; no tiene más sentimentalidad ni experiencia que las autóctonas y primigenias del ser humano; tiene personas inteligentes y sensibles delante y detrás de la pluma o de la página. Por eso no me parece oportuno dividir los sentimientos, ni los pensamientos poéticos, en varoniles o feminoides, sino en efímeros y raigales, humanos o deshumanizados. 
      Claro está que no son idénticos el hombre y la mujer, el diestro en dicción y el siniestro en conjuras; pero sus disimilitudes son más circunstanciales que esenciales. Postulado este hecho, un poema importa por sí mismo, al margen de si resulta meritorio que lo escriba un rey o un caballerizo, un caballero o una dama, el autor inclasificable o el que se arrima a los buenos para parecerlo.
   Digo lo dicho porque, a pesar de los adjetivos pretenciosos de poner puertas al campo, o campear blasones por doquier, solo hay poesía buena y mala. De la mala, lo peor es hablar de ella; y de la buena, lo mejor es releerla. 
    Un poema es necesario cuando descifra rostros de la identidad, no cuando cifra mensajes para los poetas y sus verbigracias, cosa tan notoria en todos los tiempos y notariada en demasía en estos siglos de siglas. 
     No sería mala terapia para la poesía que solo se escribiese cuando resulta más difícil el silencio que la voz.









Elisabeth Barrett                           R. Schumann

domingo, 19 de febrero de 2017

Una odisea en la ducha (El abrazo caduco)

Holts: El portador de la edad


Meses llevaba preocupado por la caducidad genital: temía que le asaltase como una fiera inlúbrica. Él, que tanta actividad erótica había derrochado... Claro que ya contaba con 40 primaveras, dos décadas y tres trienios, más algunos días. Edad que sin duda era suficiente para envainar la espada y dejar que la herrumbre la humillase. 
     - ¡Vive Dios!, que diría don Lope, dijo atávico. 
     Así que llevaba semanas sin entrar en batalla: por temor a no poder dar mandoblazos.
     Entró en el cajetín de la ducha y, pensándolo mejor, salió para dirigirse al otro cuarto de aseo: hacía al menos dos años que no se sumergía en la bañera y sintió que le iría bien el chorro de agua eréctil y la amniosis tan límpida de aquel mar bañerero, semántico tiempo ha.
     Y cuando terminó de embadurnarse y desembadurnarse de jabones y polvos -¡qué polvos los de antaño!- se dispuso a emerger de la breve piscina. 
     - ¡Vive Dios, otra vez!, volvió a decir su grito. Como estaba tumbado, intentó enderezarse y empinarse -¡Joder con el lenguaje...!-, pero se resbalaba por el suelo deslizante, los músculos del estómago no bastaban para erguirse, los brazos no podían ya elevar su cuerpo, no hallaba apoyatura suficiente para abandonar aquel modo supino... y allí yacía mientras crecía el nivel del agua -no llegaban sus manos hasta cerrar el grífole- amenazando con sumergirlo, ahogarlo, terminar con él.
     ¡Vive Dios!, tercia vez, se díjose a sí mísmole, y concluyó más o menos así: ¿Cómo quieres que se levante tu estocada si ni siquiera tu cuerpo puede hallar la erección que te coloque en pie y te libere de tu mal?
     ¡Oh vil claudicación, la de la edad!
     Y recordó a Carnívora, la ardida y siempre hambrienta, única que le enajenaba los fantasmas con su voracidad.